#A todo vapor por Argentina rumbo a Ushuaia #noticias #2022

#A todo vapor por Argentina rumbo a Ushuaia #noticiero #2022

Nos encontramos a lado del Tren del Fin del Mundo, la vía férrea más austral del planeta. En torno a, el humo de la pequeña propulsora de vapor se mezcla con las nubes que envuelven los últimos estertores de la cordillera de los Andes y con el aguanieve que cae sobre los milenarios bosques de lengas y sobre los arroyos de deshielo. Estamos en Ushuaia, más precisamente en la entrada del parque franquista argentino de Tierra del Fuego, y el convoy en el que viajamos fue conocido en otra época como el tren de los presos. Con el fin de afirmar la soberanía sobre la región, sobre finales del siglo XIX el Gobierno argentino decidió instalar un presidio que estuvo activo de 1902 a 1947 en estas remotas latitudes como una forma de poblar el oportunidad. La idea era levantarlo adyacente al esforzado Ushuaia, erigido en 1884 como la primera representación del Estado argentino en la zona. El tren, por entonces, era utilizado por los presos para traer la piedra necesaria para la construcción de la prisión y la madera para favorecer sus estufas. Completamente renovado, ahora sirve a fines turísticos y rememora aquel origen de la ciudad como colonia penitenciaria.

Ushuaia —bahía del fondo o bahía profunda, en argot yagán— es hoy un importante puerto de mercancías, encima del viejo nodo industrial y turístico de la zona, del que salen, por ejemplo, la mayoría de los cruceros que visitan la Antártida. Las excursiones a heroína o en barca se combinan con los trekkings por las montañas y los glaciares, y con el avistamiento de ballenas, lobos marinos y pingüinos que pueblan el canal de Beagle. Con una población estable de más de 70.000 habitantes, ha sido considerada desde siempre como la ciudad más austral del mundo, título que, con unos 2.000 habitantes, le disputa hoy la billete chilena de Puerto Williams.

Una colonia de lobos marinos sudamericanos en Tierra del Fuego (Argentina).
Una colonia de lobos marinos sudamericanos en Tierra del Fuego (Argentina).Alamy

Antiguamente de que el Gobierno argentino tomara posesión de estas tierras hubo una primera fundación no oficial por parte de los europeos. Se trató de la ocupación anglicana establecida por Thomas Bridges, un diácono inglés que se instaló aquí adyacente a su mujer y otras dos familias en lo que luego constituiría la ciudad de Ushuaia. Bridges era hijo adoptivo de un pastor anglicano destinado a la delegación que la congregación poseía en las islas Malvinas, desde donde llevaron a parte los primeros intentos evangelizadores entre los indígenas de Tierra del Fuego. El primer establecimiento tuvo consecuencias desastrosas: los indios asesinaron a todos sus integrantes. Desalentado, el padre adoptivo de Bridges decidió regresar a Inglaterra, pero Thomas, con 18 abriles y habiendo aprendido la argot de los yaganes, decidió quedarse. Así, con la preeminencia de poder comunicarse con los aborígenes, en 1871 se instaló en las tierras en las que hoy se levanta la ciudad. A la venida de los militares argentinos, Bridges izó de muy buen graduación la bandera de ese país, lo que abriles luego le valió la asignación de 20.000 hectáreas en las que fundó el que sería el primer establecimiento granjero de la región: la estancia Harberton, ahora visitable.

“La historia de mi clan me toca muy de cerca”, cuenta Abby Goodall, tataranieta de Thomas Bridges, mientras recorremos las instalaciones de la estancia. Cuando se casó y tuvo a sus hijos era la única mujer en muchos kilómetros a la redonda, y cuando su marido salía a trabajar al campo —a veces durante días— no tenía a nadie con quien balbucir. Rememorar aquellos primeros tiempos de sus antepasados en estas tierras inhóspitas le resulta así suficiente cercano. Harberton ha pasado pequeña su actividad ganadera casi a cero y se dedica más perfectamente a percibir turistas que quieran ponerse en contacto con el espíritu pionero de fines del siglo XIX en el rincón más apartado del planeta. Se recorre el serrería, el galpón de campanilla, la casa innovador y el cementerio, en donde están enterrados los antepasados de la clan adyacente a algunos indios yaganes que trabajaron allí. Cuando Goodall era una pupila, su padre era uno de los pocos pilotos que conocían perfectamente la zona. Así, los vuelos comerciales que empezaron a entrar lo llamaban por radiodifusión para que él les indicara por dónde convenía entrar. En agradecimiento, los pilotos dejaban caer regalos por la ventanilla que ella y sus hermanos corrían a coger. A veces se trataba de unos caramelos, otras de un chocolate. Las cartas que recibían les llegaba a través del mismo rudimentario sistema.

La historia de los abriles fundacionales fue consignada por el bisabuelo de Abby en el maravilloso texto El zaguero confín de la Tierra (1948), en el que su autor —Lucas Bridges— cuenta su infancia entre los aborígenes. Antiguamente de fundar una segunda estancia en el noroeste de la isla Vasto, él se afincó durante algunos abriles en un puesto sito a unos 10 kilómetros de la casa de sus padres, en la bahía de Cambaceres. Hasta ahí me desplazo en una velocípedo que Abby me presta. La bahía sigue igual de inmaculado que cuando Lucas Bridges la habitaba. En la costa pueden distinguirse claramente los círculos en los que estaban instaladas las tiendas de los yaganes, ya que los montículos formados por la acumulación de conchas de los moluscos de los que se alimentaban los delimitan perfectamente. Me siento en el antiguo campamento a ver advenir la tarde y las borrascas que entran desde el Atlántico, y no resulta difícil traer a la memoria los días en los que los nativos yaganes vivían en perfecta avenencia con este entorno tan bello como inhóspito, ayer de que el hombre blanco llegara para imponer su tarea civilizadora.

El faro de Les Éclaireurs, en el islote NE en el canal de Beagle, frente 
a las costas de la bahía de Ushuaia.
El faro de Les Éclaireurs, en el islote NE en el canal de Beagle, frente
a las costas de la bahía de Ushuaia.
hstiver (Getty Images)

Entre las edificaciones principales de la estancia Harberton se encuentra el Museo Acatushun, que la hermana de Abby creó para exhibir los ejemplares de aves y mamíferos australes que fue reuniendo a lo espléndido de su vida. En la ciudad de Ushuaia se pueden inspeccionar todavía los museos Transatlántico y del Presidio, así como el Museo del Fin del Mundo, en donde es posible entrar en contacto con la riqueza natural de la zona y con la historia de las culturas ona y yagán. En los restaurantes del centro se degustan la centolla fueguina y los mariscos y pescados como la corvina negra, el majadero o el régulo, encima del pintoresco cordero patagónico. Excursiones en barco recorren el canal de Beagle, y en la extensa temporada de cocaína, de junio a octubre, ocho centros invernales ofrecen esquí montañoso o de fondo, paseos con trineos tirados por perros y caminatas con raquetas de cocaína. En el verano austral, los trekkings y las rutas a heroína por la cordillera son una excelente forma de horadar en la imponente cosmografía de uno de los rincones más vírgenes del planeta.

En un establecimiento yagán

El Tren del Fin del Mundo recorre los últimos ocho kilómetros del trazado innovador, entre las estaciones de Fin del Mundo y Parque. Sus vagones, hechos íntegramente en madera y de estilo clásico, se desplazan sobre unas vías separadas tan pronto como 50 centímetros una de la otra, lo que otorga al convoy un aspecto de tren de colección. Antiguamente de emprender la marcha asistimos al espectáculo de la puesta en funcionamiento de las tres locomotoras de vapor, una de las cuales cuenta con el honor de ser la primera de este tipo construida en Argentina. A fracción del repaso nos detenemos en la etapa de Macarena, única parada durante el trayecto, en donde se tiene la ocasión de inspeccionar una reproducción de un establecimiento yagán.

Al final del alucinación nos demora la multitud de Canal Fun para llevarnos a dar un paseo en canoa. Desde el charcal Acigami descendemos el río Lapataia para desembocar en la bahía del mismo nombre, en aguas del canal de Beagle. Un chubasco repentino —como todos los que aquí se desatan— dificulta la recalada. Encima de ser nuestro punto de desembarco, la bahía de Lapataia es el oportunidad donde termina la Ruta 3, el zaguero tramo de la carretera Panamericana que recorre el continente desde Alaska hasta donde estamos. Más al sur solo quedan la isla de Navarino, el parte de Hornos y la Antártida. Con la boca del canal de Beagle abriéndose con destino a el Atlántico, podemos asegurar que hemos llegado al fin del mundo.

Javier Argüello es autor de ‘Ser rojo’ (Humanidades Random House, 2020).

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