#Aterrizaje suave sin fragmentación #noticias #2022

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La política de partidos y las decisiones en materia monetaria comparten pocas cosas, pero sí tienen en popular el regusto por los mensajes repetitivos. Se manejo de crear expectativas y credibilidad. En esas están en estos días difíciles los banqueros centrales. Entre otros, hay dos mensajes muy repetidos. Uno es popular a Estados Unidos y la eurozona y lo ha trillado estos días en Barcelona James Bullard, presidente del Mesa de la Reserva Federal de St. Louis: es necesario y aún posible un aterrizaje suave en área de afrontar una recesión severa. El otro mensaje está siendo reiterado como un mantra por parte de distintos responsables del BCE, porque se refiere a un problema propio de la eurozona: el aventura de fragmentación en las condiciones de financiación.

Que se pueda aterrizar de forma suave es poco que hoy estamos aún remotamente de poder reforzar. La inflación se ha pegado a la heredad como un embarazado chicle en el zapato. No bastará una sola mano para retirar esa cola, hay que hacer varios esfuerzos combinados y pacientes. Y no solamente los bancos centrales. Este lunes, la presidenta del BCE, Christine Lagarde avisaba en el Parlamento Europeo de la dificultad de la comisión delante el repunte de salarios y sus posibles consecuencias sobre la inflación.

En la eurozona, la fragmentación financiera no es un aventura trivial. Es una seria fuente de incertidumbre que Draghi logró silenciar con su whatever it takes y luego se materializó en una unión bancaria que no ha consumido de cerrarse completamente, pero que ha ayudado a aminorar notablemente los problemas que surgen cuando aparece estrés financiero en las naciones más débiles del dominio. Se suele extender por otra parte como una mancha reputacional y afecta a los ratings de todo el país afectado. Sube el coste de la deuda para todos, incluidas las empresas. Un problemón que ahora ha vuelto con el horizonte de subidas de tipos de interés y trascendental aminoración de compras de bonos que el BCE sabe que no puede acortar de forma sencilla en el contexto flagrante.

Ya ha causado reacción en Alemania, donde su ministro de Finanzas advirtió que no se puede estar siempre mirando al sur de Europa. Una petición abierta y explícita para aminorar las compras de deuda soberana que algunos entienden como cercana a la monetización de déficits. Sucedió tras la reunión de emergencia del BCE la semana pasada para anunciar algún mecanismo que sustituya al que ahora se va perdiendo de transacción de bonos soberanos. Por técnico que parezca, es un tema crucial.

Ayer, Lagarde en su comparecencia delante el Parlamento Europeo no adelantó detalles significativos de ese nuevo mecanismo, pero dejó un mensaje que combinaba esperanza e inquietud: “La lucha contra la fragmentación está condicionada al éxito de la política monetaria, que debe avisar ese aventura de segmentación de los mercados financieros”. Sin secuestro, no será casquivana que salga delante sin algún tipo de condicionalidad ―aunque sea light, sujeta a reformas y la reducción de desequilibrios fiscales―, un concepto con mucho estigma y del desagradado de muchos políticos por el coste electoral.

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