#Berlusconi usa la campaña electoral para lanzar su venganza contra los jueces que le pusieron contra las cuerdas #noticias #2022

#Berlusconi usa la campaña electoral para divulgar su venganza contra los jueces que le pusieron contra las cuerdas #telediario #2022

El 26 de enero de 1994, un tan pronto como conocido Silvio Berlusconi pronunció una frase que se emitió en todos los canales italianos y que cambió la historia del país “Italia es el país que amo”. Fue su primera gran incursión en la política franquista, que él mismo bautizó como la “entrada al campo”, a un contorno de equipo que no ha desidioso en casi 30 abriles. Berlusconi arrasó en aquellas elecciones en un país todavía aturdido por el escándalo de corrupción Mani pulite (Manos Limpias), que borró del carta a los principales partidos y que obligó al resto a reinventarse. En ese momento, Berlusconi supo ser el hombre adecuado en el momento apropiado y destacar con un habla nuevo en medio de una ofrecimiento política completamente fragmentada.

En la encendida campaña electoral para las elecciones del próximo 25 de septiembre, Il Cavaliere —con 85 abriles y todavía en activo como presidente del partido conservador que fundó, Forza Italia— vuelve con la misma puesta en ámbito de 1994 para presentarse como capital de registro de su formación. Pero ahora arrastra innumerables cuentas pendientes y un cierto fragancia a venganza por los contratiempos políticos y judiciales de los últimos abriles.

El magnate ha desempolvado sus viejos caballos de batalla y ha destapado sus ansias de revancha para sus grandes causas perdidas. Esta semana, en sus “píldoras del día” —vídeos de campaña que publica en las redes sociales: los anuncios electorales se prohibieron en televisión hace 22 abriles para evitar que Berlusconi inundase los canales de Mediaset con propaganda electoral—, el tres veces primer ministro de Italia y ahora eurodiputado ha cargado contra la imparcialidad, una de sus grandes cruzadas personales. Y ha prometido que si la derecha gobierna, las sentencias de absolución no podrán ser apeladas por los fiscales o la recriminación. “Miles de personas son arrestadas y sometidas a sumario pese a ser inocentes”, ha emprendedor. Ya cuando era primer ministro en 2006 intentó una reforma similar, que fue rechazada por el Tribunal Constitucional.

En esta campaña, Berlusconi además ha expuesto sus anhelos de revancha en el Senado, de donde fue expulsado hace nueve abriles tras la condena por fraude fiscal, lo que marcó su fin en el Parlamento tras 20 abriles de presencia continua. Y ha anunciado que en las elecciones presentará su candidatura para esta Cámara. “He recibido presiones de mucha concurrencia, además de fuera de Forza Italia, para presentarme”, ha deslizado. “Es una mezcla de venganza y aspiración”, lo resume Gianfranco Pasquino, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Bolonia.

“Lo que mejor sabe hacer Berlusconi es campaña electoral. Presidir es otra cosa. Sigue repitiendo muchas cosas del pasado y una parte de Italia las cree. Vuelca en sus propuestas sus experiencias personales, sobre todo en lo relacionado con la imparcialidad”, opina el profesor Pasquino.

Las palabras de Berlusconi han provocado una tormenta de críticas entre los jueces, magistrados y fiscales, un colectivo que siempre ha estado en su punto de mira. Roberto D’Alimonte, politólogo y profesor de la Universidad Internacional Rescatado de Guido Carli de Roma, donde fundó el Centro Italiano de Estudios Electorales (CISE), cree que las propuestas del líder de Forza Italia “reflejan su idea de que la imparcialidad está en manos de magistrados que quieren usarla con objetivos políticos” y apunta que Berlusconi quiere “prohibir el poder de los jueces”.

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Berlusconi tiene a sus espaldas un abultado historial de causas judiciales por motivos de todo tipo, con un reguero de investigaciones, imputaciones, apelaciones y absoluciones. En su fichero además consta una condena de cuatro abriles de prisión y cinco de inhabilitación política por fraude fiscal por la compraventa de derechos de películas para Mediaset. La pena se redujo a un año por aplicación de una ley de indultos de 2006, impulsada por su propio Gobierno, y el magnate italiano no tuvo que ir a la gayola por su años. Después, conmutó el castigo con un año de servicios sociales cuidando a ancianos en una residencia. En 2018 un tribunal de Milán lo rehabilitó para la política.

Las acusaciones de deber promovido leyes y reformas judiciales para respaldar sus intereses privados han sido una constante en la trayectoria del magnate. En contrapartida, siempre se ha sentido perseguido y se ha presentado como víctima de un “injusto virulencia jurídico”. “Su insistencia sobre las cuestiones relacionadas con la imparcialidad tiene que ver con su historial personal. Desde siempre se considera una víctima y nunca ha perdonado a sus presuntos perseguidores”, señala Ámbito Tarchi, catedrático de la Escuela de Ciencias Políticas Cesare Alfieri, de la Universidad de Florencia. Y agrega: “A esto se añade el hecho de que su años le hace charlar independientemente, sin inhibiciones. Sin secuestro, no creo que sus aliados —especialmente la ultraconservadora líder de Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, favorita en las encuestas— le sigan en esta polémica. Por el contrario, creo que están preocupados por el objetivo bumerán que podrían provocar estas declaraciones precipitadas”.

Revancha en el Senado

“Presentarse al Senado es un modo de demostrar a los italianos que su expulsión fue un error, una opción política. Averiguación una revancha sobre aquellos que lo expulsaron”, valora D’Alimonte. Los medios en Italia señalan que el líder de La Faja, Matteo Salvini, lo convenció para que su partido contribuyese a tumbar el Gobierno de Mario Draghi al ofrecerle la presidencia del Senado. “Como presidente del Senado, segundo cargo del Estado, él partiría de una posición más conveniente para ser preferido presidente de la República, su gran sueño que nunca ha desidioso”, señala D’Alimonte.

Para Berlusconi, la caída que él propició de Draghi suponía una oportunidad política, pero además tenía un componente de venganza. El primer ministro que más tiempo ha estado en el poder en la Italia moderna siempre se ha jactado de que fue él quien colocó al prestigioso economista al frente del Lado de Italia y no le perdona que no acudiera en su auxilio cuando fue forzado a dimitir como primer ministro en 2011 a posteriori de que la Unión Europea y los mercados pidieran su capital al entonces presidente de la República, Giorgio Napolitano, a cambio de tender la mano a una Italia en pérdida. “No creo que Draghi fuera su objetivo, pero Berlusconi piensa que los demás han sido poco generosos con él: es un carácter psicológico constante en él. Y, por supuesto, la popularidad de la que ha gozado Draghi no puede sino despertarle celos, otro sentimiento que prodiga a cualquiera que esté en el foco mediático”

Uno de los grandes sueños incumplidos de Berlusconi es convertirse en presidente de la República. Lo ha intentado, sin éxito, en varias ocasiones, la última en enero de este año. Ahora, en plena campaña electoral, ha vuelto sobre el tema y ha propuesto una reforma constitucional de la Dirección del Estado para que se elija por sufragio directo de los ciudadanos frente al sistema flagrante, que recae en el Parlamento. Por otra parte, ha deslizado que si esta reforma se concretara, el flagrante presidente, Sergio Mattarella, debería dimitir.

La idea de una renuncia de Mattarella, que en enero anunció que seguía en el cargo a regañadientes por la yerro de acuerdo en el Parlamento para hallarle un sucesor, fue criticada por el resto de fuerzas políticas rivales.

El magnate octogenario, que cumplirá 86 abriles cuatro días a posteriori de las elecciones, concurre a los comicios en la coalición de derechas, favorita en las encuestas, con dos partidos ultraderechistas, La Faja y Hermanos de Italia, que le adelantan en intención de votos. La alianza ya ha explicado que si ganan las elecciones será el partido más votado del montón el que proponga el nombre del primer ministro. Aunque Berlusconi, con antelación, no tenga opciones para ello, ya que los sondeos le dan en torno al 9%, su papel, rodeado de ultras, puede ser crucial. “Berlusconi representa el ala más europeísta, tiene una función importante, la de mitigar el antieuropeísmo de Meloni y Salvini; tiene la labor de perdurar la coalición anclada a Europa”, explica Roberto D’Alimonte.

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