#Carlos Ríos: ascenso y caída del nutricionista que inventó el ‘realfooding’ #noticias #2022

#Carlos Ríos: progreso y caída del nutricionista que inventó el ‘realfooding’ #noticiario #2022

Carlos Ríos (Huelva, 31 primaveras) ascendió a maestro de la sostenimiento con un relato épico y apocalíptico, como muchos otros líderes espirituales antaño que él. Las señales del Cataclismo estaban por todos lados: en las estanterías de los supermercados, en los anuncios de las marquesinas, en las máquinas expendedoras del trabajo. Un poder inmenso pero oculto, representado por la industria alimentaria, estaba dispuesto a cualquier cosa para atraparnos con sus productos dañinos y satisfacer el apetito inagotable de sus ejecutivos y accionistas. “Los ultraprocesados nos matan lentamente porque la familia se excede en su consumo y no sabe lo que son”, decía en una entrevista en 2019. En 2017, señalaba entre los participantes de la conspiración a los medios informativos o las facultades donde se enseña sostenimiento por transmitir la idea errónea “de que no hay alimentos buenos ni malos”, advertía de que los ultraprocesados no deben recomendarse “ni con moderación” y señalaba los conflictos de interés de un discurso que hace que disminuya la percepción del peligro de los productos procesados para incrementar las ventas de la industria alimentaria.

El final estaba próximo, pero no era ineludible. Ríos aseguraba en sus redes sociales que podía abrirnos los fanales, ofreciendo su breviario para distinguir lo que era la comida vivo y animándonos a participar en su relato épico engrosando el ejército realfooder (los que consumen “comida vivo”). Enfrente, los que aún no han sido iluminados, los fakefooders (los que consumen “comida falsa”) y los agentes de la industria alimentaria, creadora de un entorno ilusorio que comparaba con el generado por los robots que esclavizan la humanidad en la película Matrix. Con este discurso ha vendido decenas de miles de ejemplares de libros con portadas de verduras y otras hortalizas, ha desarrollado una aplicación con más de un millón de descargas y un pimiento como logo, y acumula millón y medio de seguidores en Instagram.

El discurso mesiánico y radical de enfrentamiento contra el mal dio resultado. Los seguidores se multiplicaron y, entonces, el movimiento mutó en marca. El marchamo Realfooding se ha incorporado ya a procesados como cruasanes, crema de alboroto o helados. Todos esos productos, reconoce Ríos, “no deben sustituir a la comida fresca vivo”, pero, según él, son menos perjudiciales que los que ya se comercializan. “¿Qué hay de malo en que existan?”, se pregunta en una conversación con este revista.

El valía de cuidarse

En su transición de crítico enérgico de la industria a socio comercial, Ríos ha demostrado una buena comprensión del cambio de significado de la viandas, sobre todo para los más jóvenes, un manejo virtuoso de las redes sociales y una gran visión mercantil. Cecilia Díaz Méndez, catedrática de Sociología de la Universidad de Oviedo especializada en viandas, afirma: “Ayer hablábamos de la viandas cuando había carencias, pero ahora se ha integrado en nuestra percepción del bienestar. Cuidarse, a través de la viandas o el prueba físico, es un valía social y da status”. Y añade: “[El movimiento realfooding] propicia una identidad popular en torno a poco que tiene valía para los jóvenes, que tienen identidades múltiples y buscan utensilios que les permitan posicionarse socialmente. La comunicación [de Ríos] está muy orientada a crear comunidad, presenta una dualidad de buenos y malos, los realfooders frente a los fakefooders, que refuerza la identidad. Tiene una visión de fondo que nos dice que vivimos en un mundo que no es vivo, en una sociedad engañosa, con poderes ocultos que hacen que eso sea así, y los jóvenes se identifican con esa idea de que la vida quizá no tiene el valía que debería”.

Para Díaz, el mensaje cala asimismo en la parte más chavea de la población porque “son la coexistentes que ha empezado a perder una civilización alimentaria muy sólida como la española, que generaba identidad, y ahora, a desidia de esa civilización, se identifican con mensajes como el de Ríos”. “El problema de la viandas es difícil, no lo entiendes, y Ríos es un buen predicador, te da soluciones sencillas a esas dudas que tienes a la hora de comprar, y así ha creado muchos adeptos”, sintetiza.

Íñigo Marauri, un investigador de la Universidad del País Vasco que ha publicado un estudio en el que analiza las estrategias de comunicación de Ríos, afirma que el creador del realfooding “tuvo desde el principio un objetivo marketiniano, para hacerse un hueco. Tenía claro que el mensaje es importante, pero cómo trasladas ese mensaje es tan importante o más”, añade. Marauri coincide en la eficiencia del relato maniqueo del aceptablemente y el mal, “donde hay buenos y malos y no hay grises, y en el que se crea esa sensación de pertenencia a una comunidad, que es adicionalmente la comunidad del aceptablemente”. Para conseguir este objetivo, fueron fundamentales las redes sociales, pero tuvo una relevancia particular Instagram. “En esa red se puede transmitir la información de forma clara y efectiva a través del lengua visual, que no demanda mucho tiempo ni atención a los seguidores. Juega con infografías simples y con los colores para indicarnos rápidamente dónde está el aceptablemente y dónde está el mal”, explica el investigador. Y adicionalmente, “elige Instagram porque es una red que no permite la discusión. Está marcada por una gran unidireccionalidad disfrazada de bidireccionalidad. Parece que permite mucho diálogo, pero ese diálogo no existe”, prosigue. Precisamente, “Ríos se salió de Twitter cuando tenía 90.000 seguidores porque da espacio a la discusión y, cuando empezaron a aparecer ciertas contradicciones en sus mensajes, recibía unas respuestas muy negativas”, agrega.

Con los seguidores llegó el poder y con él las oportunidades de negocio. Como sucede con muchos revolucionarios, la transformación del movimiento en marca morapio acompañada de un cambio del discurso purista por uno pragmático. “Estoy haciendo poco que pocos están haciendo. Gracias al apoyo de mi comunidad, podemos sacar productos que pueden funcionar, porque los productos en este sistema comestible se quedan si son sabrosos y rentables, y nosotros hacemos asimismo que sean lo más saludables posible: cruasanes con harina 100% integral, helados con menos calorías o pizzas, como las que vamos a sacar, con buenos ingredientes”, se justifica. A amplio plazo, sugiere que tiene una organización para “enfrentarse a los gigantes de la industria y crear un supermercado en el que solo haya comida sana”. Para impulsar una industria alimentaria saludable se pueden añadir productos al seguido del supermercado que, según reconoce el mismo Ríos, sería mejor no consumir casi nunca.

“Un cruasán es un cruasán y un refresco, un refresco, nunca van a ser buenos”

Juan Revenga, nutricionista

Juan Revenga es uno de los muchos nutricionistas indignados con el cambio de discurso de su compañero de profesión. “Carlos Ríos ha despotricado sobre determinadas multinacionales como Danone, con la que ahora colabora”, afirma. “El yogur natural de Danone es muy bueno, pero sigue teniendo natillas o batidos azucarados y utiliza una publicidad muy mala, que siempre bordea la columna roja”, continúa. El yogur puro de Danone con el marchamo Realfooding, muy similar en términos nutricionales a los tradicionales yogures naturales de la multinacional, se vende más caro: casi dos euros más el kilo.

“Todos los nutricionistas nos ganamos la vida vendiendo brócoli, mandarina o rodaballo, pero como vio que ese hornacina estaba ya ocupado y no le daba interés financiero, ha pasado a hacer otra cosa”, espeta Revenga. “Un cruasán es un cruasán y un refresco, un refresco, nunca van a ser buenos, no valen adentro de un patrón de viandas saludable, igual que una chuleta o un helado”, continúa Revenga. “Si quieres apañarse un cruasán, investigación el que más te guste, no el que lleve una marbete que te llame a simulación. Cuanto menos lo comas, mejor, pero cuando lo disfrutes, que no sea con sentimiento de yerro”, resume.

Revenga ha puesto a prueba los productos de Ríos. A posteriori de analizar los productos con el sello Realfooding que se encuentran en el supermercado según varios sistemas de clasificación del valía nutricional de los alimentos, ha observado que la mayoría suspenden. En una detallada entrada en su blog, explica cómo según el sistema NOVA, una aparejo con amplio consenso investigador para cronometrar lo procesados que están los alimentos, casi el 60% de los productos Realfooding serían ultraprocesados, según los criterios de la Estructura Mundial de la Salubridad, el 73,7% no se podrían publicitar a los niños por su mal perfil nutricional, y de acuerdo a la aplicación ElCoCo, el 52,6% suspenden y el 26,3% obtienen un admitido chabacano. La marca de Ríos sale muy aceptablemente parada, sin incautación, en su aplicación, MyRealfood. Según él mismo, todos sus productos son buenos procesados.

Entre los expertos más benévolos con Ríos, Ana María Ruiz, del Hospital Clinic de Barcelona, reconoce el esfuerzo de su marca por editar productos como “un refresco de culo, una crema de alboroto, galletas, cruasanes o helados intentando mejorar la calidad de sus ingredientes y su perfil nutricional, poco que se debe valorar”. Sin incautación, recuerda, “siguen siendo alimentos que no tienen cabida en una viandas saludable”.

Más dura es Julia Díez, profesora en la Universidad de Alcalá de Henares, que considera que, “más allá de claros conflictos éticos y de interés, el movimiento impulsado por Ríos puede convertirse en un problema de vitalidad pública” porque los procesados Realfooding “promocionan como saludable poco que evidentemente no lo es”. “Nadie elige comerse un helado como los de Ríos por su valía nutricional, sino por capricho”. En su opinión, “estos gurús tienden a responsabilizar al individuo, y cuando te marcas unas reglas tan restrictivas, puedes impresionar a culpabilizarte por salir con tus amigos a cenar. Los cambios tienen que ser a nivel poblacional. Los gurús no están descubriendo ausencia, la familia no come mal porque no sepa, sino por lo atractivo de esos alimentos o su precio. La melón de agua es más cara que los nuggets de pollo”, señala.

Díez continúa explicando que, tradicionalmente, el mundo de la dietética y la sostenimiento se dirige a lo que hace el individuo y se olvida del aspecto social de la comida, aunque hay muchos nutricionistas que están cambiando el discurso. “A amplio plazo, las intervenciones a nivel individual no se mantienen, y si no cambias el contexto en el que vive la familia, no se van a ayudar”, concluye. En este sentido, Ríos coincide en que para mejorar la viandas de toda la población, “sería mucho más efectivo que hubiese políticas de vitalidad pública como impuestos a los ultraprocesados y las bebidas azucaradas y subvenciones a las frutas y verduras”.

Sometido a intensas críticas por todo tipo de expertos desde hace meses, Ríos cree que esos cuestionamientos se deben a la envidia. “Cuando uno crece, el éxito no es muy aceptablemente tramitado por compañeros de profesión, que muchas veces eran amigos. El mensaje realfooding no ha cambiado”, asegura. El nutricionista sigue hablando de sacar a los ciudadanos de Matrix, pero, aprovechando su vinculación, parece que ha transmitido una aparejo a la malvada industria alimentaria para disfrazar de ingenuidad su mundo adulterado. En la película, Emblema, un miembro de la resistor cansado de las penurias del mundo vivo, traiciona a sus amigos a cambio de que lo vuelvan a conectar a la simulación y se la llenen de experiencias placenteras. En una reunión con un agente de los malos, conectado de nuevo a Matrix, disfruta de un chuletón que solo existe en su capital. “¿Sabes? Sé que este filete no es vivo, sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que le está diciendo a mi cerebro: es bueno y cladoso. A posteriori de nueve primaveras, ¿sabes de qué me doy cuenta? La ignorancia es la satisfacción”. Los procesados supuestamente “sanos” de Ríos pueden convertirse para muchos de los fakefooders rescatados en una forma de retornar a las delicias de Matrix: degustar alimentos prohibidos manteniendo la ilusión de que comen de forma sana.

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