#Cuarenta y seis años leyendo a los lectores #noticias #2022

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El pasado 2 de junio EL PAÍS publicó una Carta a la Directora que se titula Ya no hay empatía. Pedro González Carranza lamentaba en ella que, en un año de duelo por la asesinato de su esposa, ni una sola persona le hubiese preguntado si le pasaba poco al verlo gimotear en la calle. Como él, una treintena de lectores comparten cada día su vida, sus impresiones, preocupaciones y asimismo sus quejas a través de las Cartas a la Directora, un espacio tramitado por la sección de Opinión.

Las misivas llegan en su mayoría al correo electrónico [email protected] o a través del formulario de la web elpais.com. José Nicolás y Carla Mascia, periodistas de Opinión, son los encargados habituales de acoger las cartas. Comprueban, ayer que ausencia, si cumplen con los requisitos exigidos para su publicación. Son dos cuestiones básicas que señala Nicolás: una extensión de mayor 100 palabras y que no contengan insultos o faltas de respeto. “Esas las descartados directamente”, advierte.

A posteriori, teniendo en cuenta la temática, seleccionan los cinco textos que serán publicados al día venidero. Muchas cartas abordan temas de ahora; otras tratan preocupaciones personales, pero que pueden ser fácilmente compartidas por muchos lectores. Este era el caso de González Carranza, en el que subyacía el individualismo y la soledad, dos características que marcan la sociedad presente.

La historia de González se viralizó en las redes sociales. Manido el interés, la periodista del diario María Sosa viajó a Ciudad Verdadero para conocer a González y compartir el relato pormenorizado que encerraban esas 100 palabras. Nicolás recuerda que no es la primera vez que una carta recogida por el diario se convierte en reportaje. Subraya que incluso hay cartas que “tienen una vida independiente”. Son aquellas que cada cierto tiempo resurgen en las redes sociales. Como la que llevó por título Se me ha roto un vaso y que Nicolás lee: “Ayer se me cayó un vaso de cristal y se rompió. Lo relación aquí porque, como hay tanta masa que lo cuenta todo por Twitter y demás redes sociales, he pensado que asimismo podría interesar a los lectores de este informe. Hoy se me ha caído un vaso de cristal, y luego he tenido que recogerlo”. La envió Gonzalo Sánchez desde Gelves (Sevilla), en 2016, y su contenido sigue vivo.

Aunque en beocio medida que por correo electrónico, la redacción de EL PAÍS en Madrid aún recibe cartas por correo postal. Las hay manuscritas, mecanografiadas e impresas. “Son las que más nos impresionan”, reconoce Nicolás. Estas pasan ayer por las manos de Cristina Pérez y Raquel Ferrer, secretarias de la directora, Pepa Bueno. Ellas se encargan de separar las que tienen un carácter personal de aquellas que deben ser gestionadas por el equipo de Opinión para su posible publicación. La directora lee directamente las que analizan cuestiones editoriales: los lectores, especialmente los suscriptores y quienes llevan más tiempo acompañando al diario, ofrecen consejos para mejorar alguna sección, comentan algún editorial, etcétera.

Las primeras cartas de lectores se publicaron el 7 de mayo 1976, tres días luego del comienzo del informe. “Deseo dirigirme a ustedes, en primer zona, para felicitarles por su informe, que llena, a mi pleito, un espacio vano en los medios españoles de comunicación”, rezaba el inicio de la primera, enviada por Esther Sánchez. Han pasado 46 abriles desde entonces y el equipo de EL PAÍS no ha dejado de escuchar a los lectores a través de sus cartas ni un solo día.

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