#Dios es humor #noticias #2022

#Jehová es humor #noticiario #2022

En Joseph Anton, su volumen memorialístico, Salman Rushdie se confiesa fascinado “por el impactante relato de Arthur Clarke, titulado Los nueve mil millones de nombres de Jehová, acerca de un mundo que toca a su fin plácidamente en cuanto se cumpla su finalidad secreta: elaborar la serie de todos los nombres de Jehová, llevada a término por unos cuantos monjes budistas provistos de un superordenador”. ¿Junto a alguna duda de que un repertorio de tal tamaño sideral no estará empachado de denominaciones blasfemas?

El ayatolá Jomeini, al igual que su sucesor el ayatola Jamenei, y al contrario que Rushdie (y que su padre, según nos cuenta en su confesiones), son personajes estrechamente vinculados al poder de la religión y escasamente atraídos por la idea de Jehová, sobre todo por la idea de que Jehová pueda ser una idea fascinante y no un ídolo con el que arrear en la individuo de los seres humanos indóciles. Es de sobra conocido el sentido de la fetua lanzazo hace 33 abriles por el líder supremo de la revolución islámica contra Rushdie como autor de Los versos satánicos. Fue un rostro político y una reivindicación de su autoridad en la competencia por la hegemonía entre las distintas ramas del fanatismo islámico.

El fundamento era lo de menos. Bastaba una excusa y la proporcionaba la identificación por parte del orientalismo anglosajón de unos versos descartados de la lectura definitiva del Corán como inspirados por el diablo, una blasfemia insoportable para la fe del carbonero y para quienes la manejan y manipulan. Era, encima, una advertencia clerical a los creyentes musulmanes en el momento en que se abrían las puertas de la globalización, las migraciones y la civilización y la comunicación planetarias. Nulo de mezclas y confusiones: la irreverencia y la abjuración se pagarán con la asesinato. Al Qaeda y Estado Islámico han demostrado luego su aplicación como alumnos sobresalientes de esta sangrienta aleccionamiento jomeinista.

A la paisaje de lo sucedido, Jomeini se quedó corto. Motivos para la condena los hay en todos los libros de Rushdie. La fetua, como si fuera un Premio Nobel, debiera premiar a la obra completa, e indirectamente a todos quienes leemos a Rushdie, le admiramos y le agradecemos su obra y su comportamiento cívica. Su hallazgo, basado en la más negra y fanática de las ignorancias, no puede ser más espectacular. De entrada, no ha conseguido su objetivo: Rushdie está vivo y seguirá escribiendo. Pero sus libros se venden como nunca. Y por si no bastaban sus dotes de narrador, los clérigos criminales han contribuido a la posteridad de su obra. Inmediato a sus enormes cualidades literarias, han hecho de Rushdie un símbolo que va más allá de la humanidades.

Escribe como Jehová, con la sencillez y la desenvoltura de los dioses. Eso es lo que es insoportable para los clérigos nihilistas. Jehová es irreverencia. Jehová es sencillez. Jehová es humor.

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