#“Dormíamos en literas, como si fuera un servicio militar”: así es ser animador de hoteles #noticias #2022

#“Dormíamos en literas, como si fuera un servicio marcial”: así es ser animador de hoteles #noticiero #2022

Para Raymond Sánchez (46 primaveras), animador turístico en hoteles desde hace tres lustros, los turnos tripartidos se han convertido en su peor pesadilla. “Entras a las 10.30, acabas a las 13.30, vuelves a comenzar a las 15.30, terminas a las 17.30 y luego te preparas para el turno de oscuridad, de 20.30 a 23.30. Pero siempre sales más tarde porque tienes que congregar el círculo luego del espectáculo de la oscuridad o ensayar para el día próximo. Es difícil cumplir con los horarios”, cuenta.

El desempeño de actividades tanto deportivas como de entretenimiento conlleva un tiempo de planificación y preparación que no forma parte del horario profesional, denuncian varios profesionales del sector. Montse, animadora en un hotel de Benidorm (Alicante), hace hincapié en que si el turno empieza a las 11.00 siempre hay que ganar media hora ayer para congregar el material y enganchar participantes. “He llegado a echar hasta 16 horas seguidas por temas de preparación de shows y días especiales, como fin de año o San Juan. En muchos casos no me han pagado esas horas. Es una pena que no estemos adecuadamente valorados. Nos dejamos la piel cada día bajo el sol y como imperceptible deberíamos de tener unas condiciones justas”, agrega.

María del Cristo Mesa, técnica en Animación Sociocultural y Turística, considera que el de animador es un trabajo que se suele admitir a agarradera por una breve etapa de la vida, puesto que los sueldos bajos no permiten la independencia económica ni siquiera formar una comunidad. “La precariedad se concentra en los hoteles de tres o cuatro estrellas, que hacen más negocio con los jóvenes animadores, a menudo subcontratados por empresas terceras. Estas saben que los chavales no se quedarán mucho tiempo en ese puesto, por lo que no valoran su trato con ellos”, señala.

Antiguamente de la aprobación de la reforma profesional, las empresas multiservicio, aquellas que no tienen una actividad principal definida, disponían de la potestad de fijar los salarios a partir de su convenio particular. Sin secuestro, desde que entró en vigor el texto impulsado por Yolanda Díaz los sueldos quedan definidos, como imperceptible, por lo que recoja el convenio de la actividad desarrollada, que en este caso corresponde a la hostelería. “El problema es que muchas subcontratas siguen infringiendo la nueva norma y no aplican ningún convenio colectivo a sus trabajadores”, reconoce Gonzalo Fuentes, responsable de hostelería y turismo de Comisiones Obreras, que anima al colectivo de animadores turísticos a combatir contra los incumplimientos.

De forma militar, los animadores contratados directamente por los hoteles cuentan con mejores condiciones laborales, indica Fuentes. A pesar de ello, además se enfrentan a injusticias. Es el caso de Karina Pardo (45 primaveras), que la temporada pasada vivió la precariedad en su propia piel. Estuvo durante 10 meses en un hotel de cuatro estrellas de Benidorm y durante ese período firmó 11 contratos temporales. “En la primera entrevista me prometieron que me iban a hacer fija, pero seguían dándome de inscripción y de pérdida continuamente. Cuando descendía la ocupación trabajaba mucho menos. En diciembre, me hicieron tres variaciones de acuerdo, de 20 horas a 40. Encima, no me pagaron 79 horas extras, al principio pagadas con monises y luego con refrigerio”, denuncia.

Malas condiciones higiénicas

La mayoría de los animadores suelen tener alojamiento incluido, lo que no implica que el hotel les asigne una habitación de cliente. De hecho, esta visible preeminencia puede apurar siendo un gran inconveniente. Alan Leiro Gallardo (31 primaveras) ha vivido durante varios meses en un sótano en un pasillo en la zona de mantenimiento del hotel. “Cuando quería descansar, siempre escuchaba a los empleados conversar o arreglar poco. Las baldosas se caían y muchos cables estaban por fuera. Adicionalmente, tenía mala ventilación, porque mi ventana daba a los extractores de la cocina”, asegura.

Unas condiciones muy parecidas a las de Sánchez, que durante su estancia en Murcia este verano ha vivido en un sótano con tres compañeros, donde el brisa casi no circulaba: “El polvo se acumulaba y podías indisponerse con harto facilidad. Era horrible”. Cuando trabajaba en un hotel en Lanzarote, Juan tuvo que compartir habitación en una residencia pegado a otros cinco animadores que ni siquiera eran sus compañeros directos, al trabajar en otros establecimientos. “Teníamos un solo baño y no había brisa acondicionado. Un calor que no veas. Dormíamos en literas, como si fuera un servicio marcial”, dice este profesional que prefiere nutrir el anonimato.

Una animadora durante una actividad deportiva en un hotel en Benidorm este verano.
Una animadora durante una actividad deportiva en un hotel en Benidorm este verano.Joaquín de Haro

El desagrado se hace más salvoconducto cuando la mala higiene se extiende al comedor, como explica Gallardo. Entre sus varias experiencias, este animador recuerda que en un hotel en Cataluña la nutriente era nefasta. “La comida se hacía en el restaurante y lo que sobraba se guardaba en una especie de armario que mantenía el calor. Al día próximo, los restos se destinaban a los directivos del hotel, a los dos días a los empleados y al agarradera de los tres días al equipo de animación. En un mes había perdido ya 10 kilos”, confiesa. La pérdida calidad de la restauración fue una de las principales razones por las que Sánchez dejó el hotel de Murcia el mes pasado para desplazarse a otro en Mallorca. “Era todo el tiempo pizzas, patatas fritas y carnes a la plancha. La prioridad para la dirección era economizar. Nos trataban como un número sin mucha importancia”, afirma.

Sánchez, sin secuestro, dice que de sus últimos sueldos no puede quejarse. “Un alivio en comparación con muchos compañeros mileuristas”, asevera. Gallardo fue menos afortunado: su sueldo más bajo era de 800 euros, mientras que el más parada no superaba los 1.350, siendo director de animación. Castle sitúa su remuneración media en 1.200 euros, librando un solo día a la semana en oficio de dos en la mayoría de los contratos que ha firmado.

Para frenar la precariedad en el sector, Mesa ve necesario reorientar el enseñanza proporcionado por la formación profesional. “Se debería rajar la puerta para que los animadores sean además guías turísticos, lo que podría mejorar su calidad de vida y su salario. Los mismos hoteles se beneficiarían, al poder explotar de su equipo de animación para dinamizar las rutas y dar a conocer el entorno a los turistas”, señala. Todos los entrevistados coinciden en que es un trabajo muy gratificante, al alegrarles el día a los clientes para que se sientan como en casa. No obstante, las pocas posibilidades de crecimiento con las que cuentan estos profesionales y el estrés al que están sometidos cada día empuja a muchos de ellos a tirar la toalla y cambiar de profesión. “Lo dejé al final del año pasado para seguir a mi pareja en Alemania y porque quería un empleo más estable. Adicionalmente, es mucho más duro de lo que la familia piensa. No todo el mundo tiene la capacidad de coger un micrófono y ponerse a presentar”, zanja Gallardo.

Este es el octavo capítulo de la serie ‘Verano precario’, que ofrece testimonios de trabajadores en los sectores tensionados o especialmente duros durante julio y agosto. Si quieres compartir tu afirmación puedes hacerlo en el correo [email protected].

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