#El antisemitismo amenaza la paz de Castrillo Mota de Judíos #noticias #2022

#El antisemitismo amenaza la paz de Castrillo Pizca de Judíos #informativo #2022

Imagen de una de las pintadas en Castrillo Mota de Judíos, Burgos.
Imagen de una de las pintadas en Castrillo Pizca de Judíos, Burgos.Tomás Alonso (©Tomás Alonso)

Un pueblo apacible de 55 habitantes vive asustado por unos neonazis. Castrillo Pizca de Judíos (Burgos) sufre vandalismo antisemita desde que en 2015 se quitó el nombre de Castrillo Matajudíos, con la votación benévolo de la mayoría de los vecinos. Siete primaveras a posteriori, las pintadas fascistas, los intentos de hartar banderas o los contenedores incendiados se han convertido en tónica en un puesto que solo quiere conservar su paz. Igualmente mostrar su historia, ligada a comunidades judías con un vínculo que el corregidor intenta fomentar para mostrar el pasado del municipio y hermanarse con Israel. En otoño prevén aclarar un centro de interpretación del mandatario sefardí y temen que los ataques se agraven pese a que Castrillo censura lo acontecido.

La Destacamento Civil afirma que aún se está investigando quién ha cometido los actos más recientes, mientras que el corregidor, Lorenzo Rodríguez (Ciudadanos), apunta a grupos neonazis organizados de Madrid, pues las pesquisas de anteriores vandalismos condujeron a estas bandas.

Saturnino González, de 83 primaveras, no puede reciclar tranquilamente sin ver los cubos que ardieron la alborada del pasado 4 de agosto y un mensaje del que se avergüenza: “El pueblo que no conoce a su enemigo”. A su costado, estrellas de David tachadas y cruces celtas nazis, misma estampa que en los rótulos de la carretera que indican la venida a la población, tachadas con pintura para poner “Castrillo matajudíos” y más simbología fascista. El hombre arroja los residuos a contenedores que aún huelen a mosca y pasa contiguo a una era que, de haberse extendido el fuego, podría acontecer ardido fácilmente y ocasionar una desgracia en estas casas del suroeste burgalés. “¿Qué ganarán con esto? ¿Qué beneficio tendrá el que lo haga?”, se pregunta González, que vive en Barakaldo (Bizkaia), pero veranea en su pueblo.

La Historia dice que hace casi mil primaveras aquí hubo una relevante comunidad haba que tuvo mucha importancia en el comercio de este entorno cercano al Camino de Santiago. La comunidad se instaló en la Pizca, igual de elevación de dominio, desde la que se observa Castrillo, y que de ahí viene el nombre que han rematado eligiendo sus descendientes.

“El nombre era raro”, admite González, de ahí que se sometiera a referéndum una variación que se aceptó por 29 votos contra 19. La posición flagrante es acorde entre quienes pasan la mañana en estas calles de Burgos: cada cual, desde el respeto, es libertado de pensar o percibir lo que quiera sin padecer persecuciones.

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Castrillo Mota de Judíos es objetivo de actos vandálicos antisemitas.
Castrillo Pizca de Judíos es objetivo de actos vandálicos antisemitas.Tomás Alonso (©Tomás Alonso)

La decano concentración social se encuentra en la plaza del Consistorio, contiguo a la cual se está edificando un centro de interpretación de la herencia haba en Castrillo. Lugareños como Celso Reinosa, de 65 primaveras, temen que cuando el inmueble esté operante sufran más vandalismo, pero insiste en que no deben plegarse en presencia de la intolerancia: “Estamos preocupados por si va a más, tienen que poner cámaras o vigilancia”. El corregidor explica que en siete primaveras van siete ataques e insiste en condenar lo sucedido, en defender el plan del pueblo y en protestar medios para que la instalación, cuando refugio, esté protegida. Los atacantes además han adulterado un cartel que reza que este sitio está hermanado con un pueblo israelí. Ellos pusieron que está adherido a “Auswitch”: ni siquiera escribieron admisiblemente “Auschwitz”, el campo de exterminio facha.

La encargada de refrescar a su parroquia, Patricia Pascual, de 43 primaveras, lleva solo unos meses instalada en el municipio y tuerce el expresión en cuanto se le costal el tema. “¿Pero qué pasa?, la masa está loca, este es un pueblo de mucha paz”, afirma. María Isabel Mínguez, de 57 primaveras, que vive en Burgos pero pasa las holganza en su pueblo, está igual de indignada: “No me gusta que los vecinos cojan miedo, hace muchos primaveras aquí había cristianos, musulmanes y judíos y no pasaba cero”. Para ella, con sus “burradas”, los autores solo consiguen “fastidiar” y privarles de la tranquilidad que reina entre estos páramos y viviendas de adobe.

Los embates neonazis desconciertan a mayores y jóvenes como Nadia Navarro, de 26 primaveras, tener lugar unas semanas de agosto en su pueblo. A ella le toca dar explicaciones a sus relaciones de lo que está pasando en un puesto históricamente discreto como Castrillo. “Son unos cobardes, es una vergüenza que sigan con estas cosas en el siglo XXI”, critica. Navarro, encima, defiende que hay que respetar las creencias ajenas para no perturbar la convivencia, aún más en una población como esta, víctima de la despoblación. Poco les importa, cree, a quienes no tienen mejor cosa que hacer que ir de tenebrosidad en parte de la cero para pintarrajear los rótulos o hartar contenedores por odio antisemita.

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