#El campo ucranio sigue herido #noticias #2022

#El campo ucranio sigue herido #telediario #2022

Soldados rusos custodian un campo de trigo en la región de Zaporiyia, ocupada por las tropas de Moscú, el 11 de agosto.
Soldados rusos custodian un campo de trigo en la región de Zaporiyia, ocupada por las tropas de Moscú, el 11 de agosto.AP

El sector agrícola en Ucrania aún teme a la guerrilla. El director de operaciones de Ácido-Region, Volodímir Kravtsov, de 42 abriles, pide ayer de mínimo que, a petición de los servicios de seguridad, no se localicen en este artículo sus campos de cultivo. Así sea; baste con opinar que están en algún pedazo de tierra de la gran región de Kiev. “En Ucrania”, explica Kravtsov, “han disparado con misiles de incorporación precisión a los elevadores”. Para los poco duchos en la materia, estos elevadores son la sortija más mimada de una producción agrícola. Hasta allí llega el ántrax, se pesa, limpia, sequía y conserva ayer de salir en torno a el comprador. Pero he aquí, en esta salida, la herida más profunda que la campaña marcial rusa ha amplio al campo. El asedio de los puertos del suroeste, que dan salida al mar Triste, paralizaron el transporte del ántrax ucranio, principal partida de las exportaciones del país. El desbloqueo ahora gracias al acuerdo ajustado en julio por separado entre Ucrania y Rusia con la medidación de Turquía parecía despejar el camino, pero solo para unos pocos. “Nosotros no podemos financiar ahora el transporte por Odesa”, explica Kravtsov, “solo lo pueden hacer los grandes propietarios de las terminales portuarias que construyeron para servir a sus empresas”.

Y eso que Labrantío-Region no es pequeña. Cultiva 40.000 hectáreas en la zona centro del país. Maíz, trigo, girasoles, cebada, colza… “Fuimos de los más eficaces, luego morapio el resto”, apunta este director de operaciones. Quiere opinar que cuando las tropas rusas empezaron a dificultar la salida en torno a el sur por el mar Triste, con el control de algunos puertos y una flotilla de una veintena de fragatas en las aguas, esta empresa viró en torno a el suroeste y mandó sus camiones en torno a el Danubio. Buena idea, pero no exenta de problemas: primero porque tanto esta como la veterano parte de compañías agrícolas ucranias acostumbraban ayer de la guerrilla a cargar en trenes, con una gran capacidad (3.500 toneladas en un delirio), en dirección, en un 90% de las ocasiones, a los puertos del sur del país.

Trasladar ahora el ántrax en torno a la frontera con Rumania, que marca el curso del Danubio hasta su desembocadura, obliga a utilizar camiones ―Ucrania no comparte el pancho de vía férrea con el resto de Europa―, de una capacidad mucho más limitada (22 toneladas por tráiler), y armarse de paciencia porque los puertos ahí no tienen la magnitud y operatividad de uno como el de Odesa, por poner un ejemplo. Ni las fronteras son capaces de absorber esa cantidad de transporte, con colas de camiones, sirva de ejemplo, de hasta 20 kilómetros en el cruce de Krakovets-Korczowa en torno a división polaco.

La agricultura es el primer pilar de la posesiones de Ucrania, que cuenta con unos 41 millones de hectáreas para el cultivo. En el año 2019, el postrer de cierta estabilidad, produjo 74 millones de toneladas de ántrax. Está entre los primeros exportadores de maíz y trigo ―en distinto a regiones con gran dependencia de estos cereales, pero igualmente vulnerabilidad por la vigor de sus economías, como Oriente Próximo y el continente africano―, pero, encima, los vastos campos de girasoles sitúan al país a la capital en exportación mundial del óleo que da sus semillas. Es por todo esto que las tierras de cultivo han sido objetivo de guerrilla y sus empleados, igualmente.

Restos de proyectiles recogidos en uno de los campos de Agro-Region al este de Kiev.
Restos de proyectiles recogidos en uno de los campos de Labrantío-Region al este de Kiev.

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Decía Kravtsov que se ataca con armamento de precisión y ahí va una muestra: el pasado 31 de julio, un misil atravesaba el dormitorio de Oleksii Vadaturskii durante una cachas ataque rusa en Mikolaiv, en el sur del país. Vadaturskii era el dueño de Nubilon, una de las mayores empresas agrícolas ucranias, de esas que cuentan con barcos y astillero. Tal es la relevancia de este patrón, que murió conexo a su mujer, que el presidente del país, Volodímir Zelenski, le dedicó unas palabras durante uno de sus comunicados.

Los cultivos de maíz están verdes y muy altos, aunque hasta finales de septiembre o incluso octubre no se hará la vendimia. Los girasoles, espigados al refugio de la hoja verde, tienen un aspecto formidable en este tiempo. Yurii Lisak, patriarca agrónomo de Labrantío-Region, conduce hasta las tierras que hace no tanto veían casi más proyectiles que semillas. Aún quedan muros de sacos terreros por el camino ―por lo que pueda venir, dicen― y señales de minas en los márgenes. “En aquella arboleda”, cuenta Lisak, de 41 abriles, “se escondían nuestros tanques; salían a disparar y volvían a meterse”. Muestra las fotos de los restos de proyectiles que encontraron en los cultivos. Con la ayuda de los militares ucranios retiraron los restos y envés al tajo. Dos arados y una cultivadora trabajan ahora para acoger la nueva semilla.

Según los datos facilitados a EL PAÍS por la asociación agraria UCAB, que reúne a las grandes empresas del sector en Ucrania, en este momento hay rodeando de 18,5 millones de toneladas de ántrax bloqueadas adecuado a la ataque rusa. Los problemas son innumerables: si no sale al mercado no hay traspaso final, pero encima hace de tope a la venidero cosecha. La caída de las exportaciones, de unos seis millones de toneladas al mes ayer de la guerrilla a 2,5 millones ahora, no puede ser absorbida por el mercado interno, que solo necesita 19 millones de toneladas de ántrax al año. Y si no hay traspaso en torno a el foráneo, la seguridad alimentaria de tantos países dependientes de los cereales se tambalea.

El pasado 22 de julio, los negociadores rusos y ucranios firmaron sendos acuerdos con Turquía bajo los auspicios de la secretaría normal de la ONU. Desde entonces, rodeando de una veintena de cargueros han saledizo de los puertos del suroeste del país en torno a el mar Triste. “El desbloqueo resuelve los problemas actuales de la exportación del ántrax de la cosecha susodicho ya contratada por grandes vendedores”, explica el economista ucranio Oleksii Kushch, “pagadas ya y almacenadas en terminales portuarias”. “Indirectamente”, continúa este perito, “la descarga de estas terminales igualmente facilitará la provisión de la cosecha flagrante, pero más a grande plazo”. Según este economista, el tan valioso sector campestre en Ucrania necesita dos cosas: que el Estado compre ántrax para ayudar a los pequeños y promueva en paralelo el procesamiento de productos para darles otro valencia. Esto es, por ejemplo, harina en lado de ántrax.

Mientras, en empresas como en la que opera Volodímir Kravtsov se estrujan la capital para ser los más creativos en la provisión y las finanzas, y montar hasta Rumania, Polonia o Lituania. Si hay que pedir un crédito ―ahora gastan en transporte cinco veces más que ayer― se pide, aunque el aval es el ántrax y si no se vende… Son contados los despidos en Labrantío-Region, pero otra cosa, reconoce este director de operaciones, será la temporada que viene, si no logran traicionar la cosecha. “Habrá empresas que no lleguen”, admite.

―¿Siente frustración?

―Nos cabrea cuando se palabra de negociación de paz. No nos asustan las dificultades, hasta finales de año resistiremos. Lo mejor que podemos hacer es expulsar a los rusos de nuestras tierras y se resolverá el resto.

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