#El cordón sanitario a la ultraderecha se rompe en Francia #noticias #2022

#El cordón retrete a la ultraderecha se rompe en Francia #parte #2022

La líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, ha comenzado a desplegar ya la inventario de exigencias de su formación, Reagrupamiento Doméstico (RN), tras su inesperado éxito en las elecciones legislativas del domingo. Casi al mismo tiempo, los demás partidos se reprochan el fracaso del cordón retrete, lo que ha permitido que en la próxima Asamblea Doméstico se sienten 89 diputados ultras, la monograma más inscripción de su historia.

La elevada contención —más de la fracción de los franceses con derecho a voto no acudieron a las urnas el domingo— ha tenido un papel esencia en la complicada composición del hemiciclo francés y el peso de la extrema derecha en el Parlamento. Pero este nuevo atmósfera incluso es consecuencia de un debilidad progresivo, aunque acelerado desde las elecciones presidenciales de abril, del frente republicano. Así se pasión en Francia al cordón retrete que, en las últimas dos décadas, había conseguido impedir que la extrema derecha se hiciera con poder institucional pese a aumentar, dilema tras dilema, su fuerza en las urnas.

Más que las consignas de no sufragar al RN, las elecciones presidenciales, pero sobre todo las legislativas, han estado marcadas mediáticamente por un duelo entre el presidente, Emmanuel Macron, y el líder de la izquierda populista, Jean-Luc Mélenchon, artista de la alianza NUPES (la Nueva Unión Popular Ecológica y Social con los socialistas, comunistas y ecologistas) para las parlamentarias. En este contexto, más que el ya de por sí templado “ni un voto al RN” osado por todos los campos, el mensaje que parece tener calado más es el “todo exceptuado Macron” entre buena parte de los votantes de la NUPES y, incluso, un “todo exceptuado Mélenchon” en el campo del macronismo. Una situación de la que, finalmente, se ha presbítero el partido de Le Pen, que pasa de 8 a 89 diputados, cuando las encuestas le daban un mayor de 50 en el mejor de los casos.

Mélenchon acusó este lunes a Macron de ser el “principal responsable” del éxito de la ultraderecha. Pero las encuestas muestran que el cordón retrete del resto de partidos contra Le Pen se rompió de forma similar entre los votantes de izquierdas como en el interior del macronismo.

Según un tienta del instituto Harris Interactive para las cadenas M6 y RTL, en las 107 circunscripciones donde la segunda envés se jugó entre un candidato de la formación macronista Ensemble y uno del RN, el 45% de los que en la primera ronda votaron por la NUPES se abstuvieron en la segunda. Solo el 31% votó por Ensemble y activó así el cordón retrete, mientras que un 24% prefirió a la extrema derecha.

Mientras, en las 66 circunscripciones donde el duelo era entre la NUPES y la extrema derecha, el 48% de los votantes macronistas se abstuvieron, un 18% votó al RN y el 34% aplicó el cordón retrete al sufragar por el candidato de izquierdas. La derecha de Los Republicanos se dividió, mientras tanto, en tres bloques similares: un 37% se abstuvo, el 36% votó por el candidato de izquierdas y el 27% por la extrema derecha.

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Las conclusiones sobre el fracaso del frente republicano son similares en otros institutos demográficos. “No sé si el frente republicano está muerto, pero en cualquier caso, [el domingo] no funcionó”, concluyó este lunes el director del unidad de política-opinión del instituto Ipsos, Stéphane Zumsteeg, en la emisora Franceinfo.

El cordón retrete francés sufrió su primera sacudida en 2017, cuando Mélenchon, tras su matanza en la primera envés de las presidenciales, se negó a pedir abiertamente un voto a valenza de Macron, limitándose a sostener que no se debía dar “ni un voto” al Frente Doméstico, como entonces se llamaba aún el partido de Le Pen. Cinco primaveras más tarde, el shock final —y está por encontrarse si definitivo— a la alianza interpartidista contra la extrema derecha se produjo tras la primera envés de las legislativas y llegó no solo del melenchonismo, sino del campo de Macron, que envió mensajes, cuanto menos, confusos.

La primera ministra, Élisabeth Polo, llegó a equiparar a la extrema derecha y a la izquierda radical cuando declaró: “En presencia de los extremos, no cederemos en falta. Ni a un banda ni a otro”. Luego, el macronismo primero dijo que se decidiría “caso por caso”, para matar lanzando el mismo “ni un voto para Le Pen” que había reprochado en su momento a Mélenchon, y en el que cabía tanto una consigna de voto al rival de la extrema derecha como a la contención.

Mientras llueven reproches —y pocos mea pecado—, el RN comienza ya a demandar las cuotas de poder que le da el tener multiplicado por diez su fuerza parlamentaria. “Somos el primer montón de competición”, reivindicó este lunes Le Pen. “Demandaremos la presidencia de la Comisión de Finanzas [estratégica porque supervisa la preparación del presupuesto y tradicionalmente está dirigida por el primer partido de oposición] y una vicepresidencia de la Asamblea. ¡No vamos a transigir en falta!”, prometió.

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