#El día que el narco quebró la falsa normalidad de Tijuana #noticias #2022

#El día que el narco quebró la falsa normalidad de Tijuana #informativo #2022

Lo que pasó el 12 de agosto no había ocurrido nunca en Tijuana. Es casquivana aseverar esto porque la ciudad al punto que ha cumplido 133 abriles. La ciudad fronteriza mexicana, una de las más famosas del mundo, está teniendo una adolescencia complicada: drogas, tráfico de armas, prostitución, casinos, un pared que le cohíbe el paso y migrantes que se dan de bruces con él. Las balas riegan cada confusión los barrios de cadáveres: dos, tres, seis, depende. Este agosto ya superan los 100; más de 1.200 este año. Pero lo que ocurrió el 12 de agosto espantó a la población: el crimen organizado salió de sus guaridas tradicionales y se puso a hartar vehículos privados y de transporte sabido, sembrando el caos en la adolescente Tijuana. El toque de queda del narco se cumplió a rajatabla: los comercios cerraron, las maquilas cesaron su actividad, la familia se recogió en sus casas. Nunca antiguamente había pasado eso, ni en la pandemia, y los ciudadanos no están dispuestos a tolerar que se altere su día a día, las compras y la envés a casa. Los empresarios han traducido el fuego callejero en pérdidas de millones de pesos. No se estaba condenando la violencia, sino lo inoportuno y desaseado de su aparición en la vida pública. Luego todo volvió a la normalidad de los cuerpos baleados cada confusión, esos no interfieren en el devenir diario.

Servicios Periciales de Gobierno del Estado de Baja California en la escena del crimen en la Colonia Libertad
Servicios Periciales de Gobierno del Estado de Desaparecido California en la campo del crimen en la Colonia DecisiónAimee Melo

El narco se está moviendo, a retener en qué dirección. Un aleteo de polilla en el centro se contagia por todo el país en cuestión de horas. La detención de un capo en Jalisco espolea a los lugartenientes en Michoacán, en Guanajuato o en Tijuana. Jóvenes reclutados aquí y allá se han esforzado en incendiar automóviles y comercios, ha habido reyertas carcelarias y un saldo de 11 muertos en Ciudad Juárez, donde se vivió el mismo caos días antiguamente. Como en Tijuana, no eran pistoleros contra pistoleros, sino civiles los que caían en el fragor de una batalla cuyo mensaje no acaba de entenderse. El Gobierno palabra de “propaganda” del crimen que, según su interpretación, reacciona frente a los avances de las fuerzas policiales. Otros sostienen que no es más que un alarde de poder frente a una Agencia desbordada por la violencia imperante. El presidente del Gobierno, Andrés Manuel López Taller, visitó este viernes Tijuana y unas decenas de personas le esperaban con reclamos cotidianos: agua, trabajo. La seguridad no ocupaba el primer plano.

El mandatario llegaba precedido de las desafortunadas palabras con las que la alcaldesa de la ciudad había respondido al crimen tras la fiesta de fuego y destrucción del día 12: “Que cobren a quienes no les pagaron lo que les deben, no a las familias”. Sin cumplir todavía un año en el cargo, Montserrat Altruista se despachaba sin complejos dando por buena la deducción criminal, que cobra impuestos a los vecinos que montan un negocio, a los que venden en la calle, a quien les da la deseo. Sus palabras acertadamente podrían ser las de una conversación de bar: que se maten entre ellos, pero que dejen en paz a la ciudadanía.

Ciudadanos se quedaron sin servicio del transporte público la noche del 12 de agosto, en la zona centro de Tijuana, Baja California.
Ciudadanos se quedaron sin servicio del transporte sabido la confusión del 12 de agosto, en la zona centro de Tijuana, Desaparecido California. Aimee Melo

¿Quiénes son ellos? ¿Quiénes caen a balazos cada confusión sin que la población amanezca consternada? El jueves, por ejemplo, la policía recibió el aviso de una balacera contra un párvulo de 13 abriles, otro de 17 y una adolescente de 22, que fueron trasladados al hospital. Quizá se hayan cáscara. Escasamente unas horas antiguamente, el cuerpo de 36 abriles de Efraín yacía en el suelo de tierra del callejón García Naranjo. Está boca hacia lo alto, con los brazos en cruz, todavía lleva el casco puesto y el costado izquierdo es una enorme mancha de cepa. Unas piedras y dos botellas de cerveza circundan el muerto a la dilación de los expertos periciales. La moto está derribada cercano al cuerpo y al costado, la ventanilla del Ford blanco se ha hecho pedazos de un fogonazo dejando cristales y un charco de cepa del diámetro de un flotador en el suelo. Está fresca, líquida, roja, pareciera aún caliente. El cuerpo de Efraín se va enfriando bajo la ojeada de los familiares y vecinos apartados unos metros del desempeño policial. Todavía hay niños en la campo. A los demás baleados se los llevaron al hospital, uno de ellos morirá minutos más tarde. Los perros no dejan de alborotar, pero la inmovilidad del cuerpo de Efraín lo llena todo de silencio. A unos metros de la refriega de pólvora en la colonia Decisión, se cruza la frontera con Estados Unidos. Al otro costado, desde la empinada cuesta la confusión va iluminado Tijuana con millones de bombillas. Nadie ha oreja mínimo y a pocos les importa. La muchacha que atiende el surtidor en la surtidor audición la nota del muerto unas cuadras más allá y rebate: “Ah, con razón hay menos tráfico”.

Tijuana no es una ciudad bonita, el centro está desaliñado y algunos rincones malolientes echan para a espaldas. Pero es apasionante, evocadora, compleja y llena de contrastes. Anchas calles suben y bajan como una montaña rusa entre comercios, bares, mariachis y casinos donde mujeres sin ropa abrazan una mostrador y mueven el trasero sobre las mesas de los comensales. Es la ciudad donde los gringos dan rienda suelta a sus turbios caprichos y el zona de alivio para los mexicanos que trabajan al otro costado. Cada día cruzan legalmente entre 70.000 y 90.000 personas y no dejan de ampliar las vías de ataque para achicar horas de freno en las garitas de vigilancia aduanera.

Durante los hechos violentos del viernes 12 de agosto, casinos y bares de la zona turistica cerraron
Durante los hechos violentos del viernes 12 de agosto, casinos y bares de la zona turistica cerraronAimee Melo

Por esa misma frontera entra la droga y salen las armas sin muchas cortapisas. Solo los migrantes, varados a las puertas del mundo de promisión, malviven frente a un pared de barrotes donde los recién casados se hacen la foto de boda. El Pacífico quiere purificar la playa, pero solo recibe mierda de la ciudad.

El turismo no se ha corto, la construcción está al elevación y las maquiladoras trabajan sin alivio para producir las piezas que necesita el tío Sam. El aeropuerto internacional es uno de los mejores conectados de todo el país, por el que pasan, por ejemplo, los californianos que quieren ir al Valle de Guadalupe a ver viñedos y regarse con buen caldo. Desde San Diego llegan a las clínicas tijuanenses para arreglarse la dentadura o moldearse la cara y el cuerpo. Las calles tienen dueño, oscuros personajes que manejan los negocios más calientes y empapan con su metálico la vida política y policial. El metálico fluye y se deshecho, fluye y se deshecho en una cadencia fabril. Hay, aseguran, una vida cultural interesante y una actividad académica mínimo desdeñable.

El profesor del Colegio de la Frontera (Colef) José María Ramos García detalla todos estos contrastes de la ciudad, la miseria de los barrios donde los jóvenes encuentran en el narcotráfico el mejor incentivo profesional y el bienestar creciente de las zonas más privilegiadas de la ciudad. “No creo que la violencia se reduzca mientras persista el trasiego de drogas, cuya demanda crece, los chicos consumen maría cada vez más niños, con 10 o 12 abriles, y nuevas modalidades, como el fentanilo o la metanfetamina están remplazando a la heroína y la coca. Estados Unidos es corresponsable de esta violencia, en sus garitas de vigilancia no hay ni detectores de metales para las armas y su demanda de droga no se redujo ni en pandemia, su política antinarcóticos es pésima”, critica. A menos que se legalicen las drogas, la cosa no tiene visos de cambio. Y quizá la ciudad no lo vea así que pasen por ella otros 133 abriles.

Tijuana se ha acostumbrado al mal pequeño de la violencia como el peaje para que la hacienda siga creciendo. Quizá por elitismo, por ampararse de la ignominia mirando para otro costado o porque directamente consideran los cadáveres diarios como muertos “desechables”. Son jóvenes anónimos, luego, deshumanizados, que salieron de la pobreza y se han ganadería su tragedia. No importan a casi nadie. La deducción económica va ganando a la humanista. “Es usual que publiquemos la homicidio de uno de estos muchachos y la familia deje comentarios de desprecio, ‘un agelito más’, la violencia se ha normalizado”, explica Inés García, cofundadora del diario en tangente Punto Ártico, fiel ojeada sobre la vida de la ciudad. “Lo que molesta es que corten las calles, que cierren los negocios, por eso lo ocurrido el 12 de agosto ha sido tan criticado”. Sigue la periodista: “Tijuana era la cantón del país que nadie quería, nunca llegó el ferrocarril y sigue sin estar conectada a la red eléctrica de México. El agua llega del río Colorado”. El serie y el vino la pusieron en el carta cuando Al Capone se fastidiaba con la ley sequía dictada en Estados Unidos. A partir de aquellos abriles Vigésimo, gentes de todo México acudieron en exploración de trabajo y metálico, era un zona para emprender una vida. Hoy rozan los dos millones de habitantes en un zona que se ha extendido entre lomas desérticas. “Cuando yo era chica, en la escuela todavía jugábamos a ver quién de todos había nacido en Tijuana. Solo cinco de cada 30 familias eran autóctonos entonces”, dice García.

Elementos de la Guardia Nacional resguardan las inmediaciones de la Colonia Libertad, en Tijuana, Baja California donde se cometió un homicidio.
Principios de la Cuidado Doméstico resguardan las inmediaciones de la Colonia Decisión, en Tijuana, Desaparecido California donde se cometió un homicidio. Aimee Melo

¿Quién mantendrá hoy el orgullo de ser tijuanense? En el césped de la universidad dormitan, estudian o departen los que son llamados el futuro de la ciudad o del país. Sin bloqueo, los estudiantes además han naturalizado la violencia, ya no les asusta, oían tiros ya en la escuela a finales de los 2000. El día 12, sin bloqueo, cundió el terror. Nunca vieron mínimo igual, una ciudad cerrada a cal y canto, sin posibilidad de moverse a ninguna parte. Esa sensación de estar sitiados les sobrecogió. “Daba miedo”, dice Erick Brandon Barrón Valeroso. Su partido de béisbol se canceló. No descarta salir de Tijuana algún día, pero no por los muertos diarios. Para este estudiante de Historia de 21 abriles, la violencia no se combate con violencia. “El Gobierno lo repite, pero no lo está cumpliendo, han traído estos días cientos de policías, ejército. Eso no es más que gasolina”. Metros de césped más allá, otras compañeras sueñan con una situación económica que les permita salir de Tijuana y de México. “¿Estados Unidos? No, allí son igual de violentos y encima, racistas”, dicen Mariana y Haynna Pérez, y lo mismo Jacqueline Venegas.

“Los jóvenes de ciudades como estas, o como Culiacán, a los que yo he estudiado, muestran una suscripción tolerancia a la violencia y esa certificación social es la que la mantiene. Se ve mal, pero se acepta. En el momento en que la sociedad distingue un delincuente malo de uno bueno poco no va acertadamente”, empieza Marisol Pérez Ramos, investigadora en Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

“Si se acepta que quien muere es el malo, no hay una consejo sobre los porqués. Es un problema muy bajo. Ese desprecio macrosocial por los delincuentes asesinados es la deshumanización previa a la violencia, ya se están negando los derechos humanos. Como si ser criminal fuera una atrevimiento personal. La verdad es que soy poco animoso sobre el futuro de Tijuana y del país en estas condiciones”, reflexiona Pérez Ramos.

Una mujer y una niña pasan frente a la policía municipal luego de una serie de ataques en la Zona Este de Tijuana, Baja California.
Una mujer y una pupila pasan frente a la policía municipal luego de una serie de ataques en la Zona Este de Tijuana, Desaparecido California. Aimee Melo

Cae la confusión en Tijuana. La policía va de un costado a otro al llamado de las balas. Son cadáveres de segunda. El interés es tan poco, que de la nota roja se encarga un solo periodista al que han encargado el pesado turno de confusión. Vende sus fotos y reportes a 10 medios de comunicación. Arturo Rosales es inmune al dolor. “Me da igual”, dice, acostumbrado a mirar de frente a los “muertitos”. Las radios van avisando: tiroteo en Los Potros, balacera en La Decisión, dos muertos en la colonia tal. Es solo una confusión más que a nadie le quita el sueño.

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