#El embrujo de Laporta en el Barcelona #noticias #2022

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El fútbol asiste con asombro al exhibicionismo de Joan Laporta. No es hacedero entender el desafío del presidente del Barcelona cuando el contexto invita al pudor y a la penitencia por el despilfarro habido antiguamente y luego de la pandemia en el Camp Nou. La cuestión es cómo se explica que un club arruinado sea además uno de los que más boleto ha empleado hasta el momento en fichajes: 153 millones fijos por 186 del Chelsea, según la web especializada Transfermarkt.

Nulo más aparecer a la presidencia Laporta pidió un crédito de 125 millones para defender el malogrado en la caja. Unos meses más tarde, volvió a tocar la puerta de Goldman Sachs -la misma financiera que aportará unos 1.500 millones para el nuevo Camp Nou- para solicitar 595 millones. Y, aunque hoy la deuda asciende a unos 1.300 millones, las pérdidas del zaguero entrenamiento se situaron en unos 470 millones, la masa salarial ha vuelto a subir a más de 600 millones cuando se quería achicar a 400, el Barcelona se ha comprometido a avalar –el precio varía según la fuente–: 50 millones al Sevilla por Koundé; 58 millones al Leeds United por Raphinha, 45 millones al Bayern por Lewandowski y cinco al Racing por Pablo Torre mientras que Christensen y Kessié se presentaron con la carta de dispensa procedentes del Chelsea y el Milan.

Habrá seguramente alguna incorporación más –seguramente la de Marcos Alonso– luego del igualada contra el Exhalación. Las altas, en cualquier caso, estarán en función de una tira de bajas y traspasos que hasta ahora no ha proporcionado más de 35 millones luego de las horizontes de Coutinho –el Aston Villa pagó 20 millones–, Jutglà –el Brujas abonó cinco– y Trincão –el Sporting Club puede aparecer a aportar 10–. No dejaron ni un euro Neto (Bournemouth), Wagué (Gorica), Alves (Puma), Adama (Wolves), Luuk de Jong (PSV) Mingueza (Celta), Lenglet (Tottenham), Riqui Puig (Los Ángeles Galaxy) y Collado (Elche). Todavía se desconoce el destino de Umtiti, Braithwaite y Memphis y no se para de mercadear con Frenkie de Jong.

Los pocos ingresos y las muchas transferencias pendientes han alertado a la mayoría de clubes: “Si no paga, tendremos un problema universal que saldrá en todos los medios del mundo”, comentó Andrea Radizzani, propietario del Leeds a The Athletic luego de que la política deportiva del Barça haya provocado el interés y la perplejidad de diarios como The New York Times. “No soy un tahúr, tomo riesgos calculados”, se defendió Laporta luego de cobrar cerca de 800 millones por la activación de cinco palancas, un término que ha hecho fortuna en la argot barcelonista y que explica la diplomacia del presidente para disimular la pérdida de patrimonio de la entidad.

Las palancas son simplemente activos que el Barça ha vendido con el permiso de la asamblea: el 25% de los derechos de televisión por 25 primaveras a Sixth Street –el 10% por 207 millones y el 15% por 320– y el 49% de Barça Studios por unos 200 millones –un 24,5% a Socios.com por 100 millones y el 24,5% por 100 millones más a Orpheus Media, empresa administrada por Jaume Roures, el productor audiovisual y socio fundador de Mediapro que ya avaló a última hora a Laporta en las elecciones de 2021–. Y para cuando falte más boleto para cubrir gastos se recurrirá al 49% del hacienda de la sociedad BLM que se encarga de la comercialización de los productos del Barcelona.

Un plan arriesgado porque Laporta prefiere invertir los euros en fichajes y no en achicar la deuda una vez que el club ha recuperado fondos propios y mejorado su recuento y solvencia. Nadie duda en cualquier caso de que los acreedores controlarán la inversión y fiscalizarán una contabilidad que exige mucha severidad y el aumento de unos ingresos ya limitados y disminuidos desde la partida de Messi: dejará de percibir 41 millones al año por los derechos de televisión y la explotación del estadio quedará alterada en 2023 por el traslado a Montjuïc a causa del Espai Barça. Siquiera será hacedero manejar un presupuesto que prevé 920 millones de gastos, 620 de los cuales forman parte de la partida de fichas y amortizaciones y 300 en salarios no deportivos.

El poder de los fondos de inversión aumenta en la misma proporción que disminuye la capacidad de maniobra del Barça. El peligro es que la entidad se convierta a corto o medio plazo en una sociedad anónima deportiva (SAD). Así se comenta en medios financieros y algún sector del propio barcelonismo la considera necesaria para encauzar al Barça. No es la opinión de Laporta porque donde los demás advierten un problema de difícil decisión, el presidente vislumbra una oportunidad única para reflotar al club en la dirección que ya trazó cuando fue estimado presidente por vez primera en 2003. La diferencia es que la lance es ahora mucho más arriesgada. “No nos jugamos la temporada sino el futuro a una carta”, coinciden en señalar fuentes cercanas al propio Camp Nou.

Nadie lleva la contraria a un presidente que se ha convertido en el director ejecutante de un club que funciona como una empresa llano luego de prescindir del CEO Ferran Reverter. A peligro de caer en el favoritismo y aceptar la partida de ejecutivos solventes, la fidelidad prima sobre la profesionalidad, escarmentado como quedó Laporta por las crisis de gobierno de su previo mandato (2003-2010). Ya sin el atadura de los avales, la directiva no tiene más control que el de unos socios encantados de la vida porque, a pesar de su condición de propietarios del club, la crisis no ha afectado a su saquillo, ajenos a la negligencia de la articulación previo de Josep Maria Bartomeu. “No tienen fallo de lo que pasó”, repite el coetáneo presidente del Barça.

Laporta prefiere tocar los sueldos y revisar los contratos de los jugadores –se proxenetismo de aplazar o disminuir las cantidades acordadas– para cuadrar las cuentas que exige la Unión. Los abonados se felicitan porque el presidente haya recuperado el mando de un club que había quedado en manos de los futbolistas y agradecen que la sintonía del estadio dependa de un patrocinador como Spotify.

El presidencialismo de Laporta no solo se presenta como necesario desde su entorno, sino que presume de no tener alternativa y de ser muy representativo del barcelonismo frente a los clubes propiedad de jeques o de los que están en manos de empresarios chinos o de los Estados Unidos. El patrón Jaume Roures, el socio fundador de Mediapro y administrador de Orpheus Media que ha comprado el 24% de Barça Studios, sostiene que Florentino Pérez actuó de la misma guisa que Laporta en 2000 cuando tuvo que instituir al Madrid.

Laporta no es un constructor ni un millonario sino que argumenta a la figura de un abogado barcelonés que parece deber nacido para ser presidente del Barça. ¿Hay alguno más barcelonista, más cruyffista, más guardiolista y más independentista que Laporta luego de deber sido concejal y diputado al Parlament de Cataluña en 2010, antiguamente del procés? Incluso parece deber metabolizado el barcelonismo luego de combatir a Josep Lluís Núñez y compartir directiva primero y rivalizar luego con Bartomeu y Sandro Rosell. El universo del Barça paseo a su rodeando desde que lideró el Elefant Blau y la moción de censura de 1998.

El propio Laporta fue sometido a un voto de castigo en 2008 y dos primaveras luego afrontó una actividad de responsabilidad social presentada por la directiva de Rosell. Aquellas causas resueltas a su beneficio le sirven ahora de alguna guisa para no tener que dar explicaciones sobre su guisa de sobrellevar las cosas en su regreso a la presidencia desde 2021. Hoy no se detallan las operaciones con la excusa de la confidencialidad ni se explica si se pagaron comisiones por los fichajes de Raphinha y Lewandowski, sino que el presidente pide públicamente un inspección por la tarea de intermediarios amigos como Pini Zahavi.

La condición de deber sido el presidente del considerado mejor Barça de la historia, aquel que en 2009 se definía por su estilo de distracción y culto a la Masia, le avala frente a los que dejaron al club en quebranto técnica y luego sin defensa. No hay demandas ni denuncias como sucedía en épocas anteriores y hasta la concurso es constructiva transmitido el momento crítico del Barça: la propuesta deportiva del candidato Víctor Font, personificada en Xavi y Jordi Cruyff, fue absorbida a fin de cuentas por el propio Laporta.

El barcelonismo parece deber convenido que no hay más remedio por actividad u omisión que dejar hacer a Laporta –será con él o no será– en unos primaveras delicados para las instituciones y organizaciones más emblemáticas de Cataluña. Aunque el cambio social, crematístico y deportivo invita a repensar al club, algunos de los agentes que podrían propiciarlo se han convertido en espectadores de la obra de Laporta, acostumbrado a improvisar y a encontrar a última hora la decisión a los problemas del Barça.

Pancarta del Barcelona en Las Vegas para promocionar el Clásico de este verano.
Pancarta del Barcelona en Las Vegas para promocionar el Clásico de este verano.

El plan ha sido apoyado incluso por Florentino Pérez, el presidente del Madrid, el rival natural del Barça. Laporta y Florentino se han unido por intereses comunes como el de la Superliga. Entreambos van en una dirección opuesta a la del presidente de la Unión, Javier Tebas, y no extraña luego que compartan intereses con Sixth Street. La rivalidad, manifiesta en la cancha y evidente en las pancartas, no está reñida con la complicidad en asuntos tan serios como fue además la aniquilación en diciembre pasado del aval del 15% del presupuesto que la ley exigía a las directivas de los clubes que no eran SAD.

Laporta además estuvo condescendiente con Florentino en su momento de afición cuando el Madrid cerró la temporada 2020-2021 en blanco, Zidane comunicó su marcha y el propio presidente anunció en El Chiringuito la puesta en marcha de la Superliga sin prever la reacción de la Premier y la Bundesliga. Las alianzas son de muchos tipos y las decisiones resultan a veces controvertidas, ninguna como la salida de Messi al PSG, que fue seguida con entusiasmo desde el Bernabéu y con sorpresa en la Unión, dispuesta a ser tolerante con la continuidad del argentino si el Barça firmaba el crédito universal con CVC en sitio de emprender la vía de las palancas y se desmarcaba del Madrid. Ahora, una temporada luego, Laporta no ha tenido problemas para firmar un acuerdo con un patrón como Roures que está vinculado con la Unión y luego con Tebas a través de Mediapro.

Laporta va trampeando la situación, sin miedo a la dificultad ni a la adversidad, sobrado de autoestima y animado luego de su paso por las Vegas. La paseo por Estados Unidos puso el foco en los fichajes, despertó la ilusión de la simpatía y activó la marca Barça. La obra de gobierno del presidente fue una mientras tuvo que avalar, otra cuando tuvo que congeniar con Reverter y una tercera desde que se puso además como CEO y no tiene que dar explicaciones a nadie en el Camp Nou. Su mérito ha sido ocasionar la sensación de que apoyarle supone defender al Barça porque es el presidente que se ha atrevido a rescatar al club de una herencia tremenda y irresoluto de sentencia con casos como el Barçagate y del Forensic que la coetáneo articulación envió a la Fiscalía Provincial.

A sus 60 primaveras, Laporta está en todo y con su carisma tiene cautivado a una gran parte del barcelonismo; la otra parte, que calla, le considera un populista que ha puesto en serio peligro al club. El presidente se ha transmitido el plazo de un año para recuperar al Barça cuando los ejecutivos pedían cinco. A plazo corto todo es más excitante. El mundo del fútbol está expectante con el resultado; el financiero, por otra parte, está al acecho porque el negocio no es precisamente amigo de la incertidumbre, y ahí tiene mucho que opinar Goldman Sachs.

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