#El Gobierno de Boris Johnson se enfrenta a la mayor huelga del transporte público desde 1989 #noticias #2022

#El Gobierno de Boris Johnson se enfrenta a la viejo huelga del transporte notorio desde 1989 #parte #2022

El primer ministro británico, Boris Johnson, en la Cámara de los Comunes el 15 de junio.
El primer ministro sajón, Boris Johnson, en la Cámara de los Comunes el 15 de junio.DPA vía Europa Press (Europa Press)

Cada vez que el Reino Unido se dirige a una crisis económica, política, social o existencial, acude a la fórmula del Ricardo III de Shakespeare, aunque la fase del año varíe. El “invierno del descontento” (winter of our discontent) con que se bautizaron las huelgas salvajes que llevaron al triunfo de Margaret Thatcher a finales de los setenta, fue el año pasado el “otoño del descontento”, cuando Boris Johnson se quedó sin camiones para reabastecer las gasolineras a la salida de la pandemia. Y lo que viene a continuación se fogata el “verano del descontento”. La huelga del personal de mantenimiento y señalización de los ferrocarriles públicos ―cerca de 40.000 trabajadores por todo el país― está convocada para este martes, el jueves y el sábado.

La existencia es que, con unos servicios mínimos muy reducidos y unos horarios absolutamente comprimidos, el caos se prolongará durante toda la semana, y tanto el Gobierno como los sindicatos ya han prudente a los millones de personas que dependen del tren para demorar a su trabajo que busquen una alternativa de transporte o trabajen desde casa. La huelga afecta a Network Riel, la empresa pública que gestiona gran parte de las estaciones así como la red ferroviaria, inmediato a otros 13 operadores privados. Entre todos ellos abarcan prácticamente todas las conexiones de la isla. Será la viejo huelga del sector desde los paros de 1989, que afectaron a todo el país y respondieron todavía a una cachas disputa salarial.

“Las compañías ferroviarias han propuesto subidas salariales muy por debajo de la presente tasa de inflación, a lo que hay que añadir que los sueldos llevan varios abriles congelados”, ha dicho este lunes el secretario normal de los Trabajadores del Ferrocarril, Marítimos y de Transporte (RMT, en sus siglas en inglés), Mick Lynch, al frente de las negociaciones hasta ahora fallidas. “Por mandato expresamente del Gobierno, las compañías tienen por otra parte intención de sufrir a extremidad el retazo de miles de puestos de trabajo y han sido incapaces de estabilizar que no llevarán a extremidad despidos forzosos”, ha dicho Lynch.

En principio, durante los tres días en los que se ha convocado la huelga funcionarán unos 4.500 de los 20.000 servicios que están disponibles a diario, pero el retazo en los horarios (de 07:30 a 18:30), que paralizará con mucha adelanto tareas de preparación indispensables, garantiza que el caos se extienda durante toda la semana. Los trabajadores de mantenimiento del patrón de Londres, que dependen de la empresa municipal Transport For London (TfL, en sus siglas en inglés), todavía han apto una convocatoria de huelga para este martes, que contribuirá a complicar muchos más las cosas en la metrópoli.

Inflación

Las previsiones económicas auguran que el Reino Unido puede destruir el año con una inflación cercana al 11%. En la ahora ya está en torno al 9%. El Jefe del Costado de Inglaterra, Andrew Bailey, fue el primero en propalar la advertencia, el pasado febrero, del peligro que suponía, a su cordura, replicar a las reclamaciones de los trabajadores públicos. “Confiamos en ver cierta capacidad de restricción en el proceso de negociación salarial, o todo esto se escapará de nuestro control”, dijo entonces Bailey.

La ofrecimiento de subida salarial de las compañías ferroviarias es del entorno del 2%. El Gobierno de Johnson, sin incautación, que vendió la consecuencia del Brexit de suprimir la permiso de movimiento de personas que suponía pertenecer a la UE como una triunfo para los trabajadores británicos, llevaba meses prometiendo una nueva caudal “de salarios más altos y mayores habilidades”.

Frente a la amenaza de una huelga masiva, el Gobierno de Johnson ha recurrido al jerga agresivo. El ministro de Transportes, Grant Shapps, advertía a los sindicatos el pasado jueves, cuando la huelga comenzaba a percibirse como ineludible, que corrían el peligro “de perder sus puestos de trabajo”. “Estas huelgas no son solo un intento de descarrilar las reformas necesarias para estabilizar el futuro de la red ferroviaria, sino que están diseñadas para provocar daño en el peor de los momentos, y el sindicato se ha infligido con ellas un toque tremendo a sí mismo”, decía Shapps.

Tanto los líderes sindicales, que ven detrás del fracaso en las negociaciones “la mano muerta” del Gobierno, como la examen socialista, acusan al Ejecutor de Johnson de estar provocando, desde su pasividad, una conflictividad que le conviene políticamente. “Quieren sufrir al país a un asedio total para surtir la división. En vez de conformarse, durante la semana pasada, en influir en las negociaciones, se han torpe a murmurar con los sindicatos o con las empresas”, acusaba Starmer este domingo.

A la “movimiento industrial” (el eufemismo con que medios y políticos se refieren a la huelga) se van a sumar trabajadores de otros sectores, como los profesores, el personal de la sanidad pública o incluso los abogados penalistas del turno de oficio. Todos protestan por unos salarios bajos ya desde hace abriles, que la inflación fulminante amenaza con pulverizar. “En estos momentos son los propios trabajadores los que se están organizando entre ellos mismos”, ha dicho este lunes Frances O´Grady, la vicesecretaria normal del Congreso de Sindicatos (TUC, en sus siglas en inglés), la principal confederación del Reino Unido. “Y no lo hacen respondiendo a una táctica deliberada, sino porque millones de ellos hacen frente a salarios bajos, inseguridad y cortaduras. Por eso no tienen otra opción que elegir a crédito de la huelga”, ha añadido.

Ironizaba el dramaturgo Michael Frayn, hace ya abriles, que “los británicos son capaces de defender hasta la crimen el derecho de un trabajador a pelear por su puesto de trabajo, pero no toleran una huelga”.

Sindicatos y la examen socialista no pueden evitar la sospecha de que Johnson, en horas verdaderamente bajas entre los miembros de su partido y entre sus votantes, no tendría reparos en imitar a la legendaria Thatcher y desplegar un discurso y medidas de mano dura contra las huelgas, cuando el graduación de hastío fuera el suficiente para recuperar el apoyo popular.

Caos en el aeropuerto de Heathrow

El caos vivido en los aeropuertos británicos durante las asueto de half term (la semana bimestral de alivio que tienen los colegios) de primeros de junio no ha desaparecido. Centenares de vuelos fueron cancelados entonces, y miles de pasajeros se quedaron en tierra, correcto a la equivocación de personal de las compañías del Reino Unido. Los miles de cortaduras de personal de revoloteo y de aeropuerto durante la pandemia no se han repuesto. Este fin de semana, montañas de maletas bloqueadas en el aeropuerto londinense de Heathrow dejaban en evidencia las carencias laborales del sector. Las autoridades portuarias han pedido este lunes a las líneas aéreas que cancelen gran parte de sus vuelos programados, para poder ingresar tiempo y poner un poco de orden en una situación caótica.

La compañía de low cost Easyjet ha anunciado todavía este lunes sus planes de suprimir cerca de 11.000 de los vuelos programados para este verano. La equivocación de personal le ha llevado a diseñar operaciones con una capacidad del 90%, comparadas con las de hace tres abriles por estas fechas. Ofrecerán rutas y fechas alternativas a los clientes que ya habían realizado sus reservas.

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