#El Gobierno descarta reducir el número de alumnos por aula pese a la presión de docentes y familias #noticias #2022

#El Gobierno descarta aminorar el número de alumnos por cátedra pese a la presión de docentes y familias #parte #2022

El Profesión de Educación ha descartado aminorar el número mayor de alumnos por cátedra en las clases del segundo ciclo de pueril, primaria, ESO, Bachillerato ni Formación Profesional en el nuevo decreto de condiciones mínimas de los centros educativos, cuya aprobación aplazó a principios de verano y tiene previsto aprobar a principio de curso, según han confirmado a EL PAÍS fuentes oficiales. La descenso de ratio es una de las grandes demandas de la comunidad educativa para incrementar la calidad de la enseñanza, y los sindicatos docentes y las confederaciones de familias de alumnos la han vuelto a reivindicar en las últimas semanas a posteriori de que el Gobierno retirase la primera lectura del nuevo decreto. Pero las comunidades autónomas, que son las que tendrían que aplicar y financiar la disminución, no la quieren, y el empleo cree que la progreso educativa pasa por fórmulas de refuerzo que se concentren en el alumnado que más lo necesita.

La opinión del empleo es compartida por la mayoría de expertos en política educativa, que advierten de que una descenso genérico de las ratios es cara y tiene poco impresión en el enseñanza de los estudiantes de entornos socioculturales medios y altos (aparte que el descenso sea muy pronunciado, lo que resultaría todavía más caro). Es mejor, sostienen, centrar la reducción de las ratios en los centros con alumnado más desfavorecido, donde las investigaciones sí reflejan un impresión claramente positivo de la medida, y destinar fondos a otras cuestiones, como los programas de apoyo (que pueden ser con grupos de alumnos muy pequeños), la tutorización y la orientación.

La ratio de estudiantes por profesor en España es similar, e incluso inferior en secundaria, a la media de la OCDE, aunque presenta importantes diferencias territoriales (tanto entre autonomías como en función de si el centro está situado en un entorno urbano o rural). Pero su progresividad, es sostener, el hecho de que las ratios sean más bajas a medida que desciende la cuna sociocultural del alumnado, como recomienda la evidencia científica, no es muy intensa. En Madrid resulta incluso regresiva: las ratios son más bajas en las aulas de los alumnos más ricos que en las de los más pobres, un caso único entre las comunidades autónomas, según concluyeron Lucas Gortazar y Querubín Martínez, de Esade EcPol, en una investigación publicada el año pasado.

Anxelles Millado, docente y directora de un colegio sabido en Galicia, afirma que desmontar la ratio dos alumnos, “de 25 a 23, por ejemplo, escasamente se nota”; si se devaluación a 20, la costa empieza a ser distinta, y cuando desciende a 17, “el cambio es abismal”. “No solo porque puedes enfrascarse más tiempo a los alumnos, sino asimismo a las familias, ayudándoles a marcar pautas de gala”, comenta la profesora, cuya experiencia personal coincide con las investigaciones realizadas.

Ese gran brinco en términos de ratio lo ha vivido la maestra valenciana Ana Catalán. De tener clases con hasta 28 alumnos en el colegio sabido Port de Xàbia, ha pasado a tener 15. “Con 28 niños, por muy dedicada y capaz que quieras ser, es increíble que reciban la misma atención que con 15. Ahora es como si tuviera para ellos el doble de presencia. Si alguno no entiende poco, acudo al instante, porque es mucho más viable detectarlo. Y la convivencia es mucho más tranquila y pacífica”.

Una clase de primaria en un centro valenciano.
Una clase de primaria en un centro valenciano.

Monica Torres

La descenso tan robusto de la ratio en su colegio ha sido posible gracias a la conjunción de varios factores que no son fáciles de replicar. Por una parte, la Generalitat valenciana ha acogido una política de descenso de ratios en los municipios con devaluación nacimientos (como alternativa a la supresión de unidades) y en aquellos centros que matriculan a un porcentaje significativo de alumnos con evacuación de apoyo, y el colegio de Catalán se beneficia de ambas medidas. El centro ha creado, adicionalmente, aulas multinivel (que mezclan a chavales de edades distintas en una misma clase (en el caso de la maestra, primero y segundo de primaria), lo que le permite compensar las diferencias de matrículas que hay entre unos cursos y otros. Y ha decidido reconvertir a los docentes de refuerzo en tutores, lo que le ha permitido subdividir los grupos: en pueril, por ejemplo, ha creado cuatro en área de los tres que solía tener.

Los sindicatos docentes CC OO y UGT reclaman desmontar de forma genérico las ratios de pueril y primaria de 25 a 20 alumnos; la de la ESO, de 30 a 20; y la de Bachillerato, de 35 a 25. CSIF defiende lo mismo, aparte en la ESO, en la que se conforma con dejarla en 25. Yuxtapuesto a la disminución genérico, los sindicatos piden que cada estudiante con evacuación educativas especiales (desde desconocimiento pesado de la jerigonza a altas capacidades intelectuales), cuente por dos a pertenencias de la ratio. Y asimismo ven necesario que el empleo concrete en el decreto la relato que incluyó en el primer proyecto del texto, que señala que los centros educativos “tendrán por cada dispositivo escolar un número de alumnos concorde con sus evacuación educativas”, para que no quede como una simple manifiesto que las comunidades autónomas puedan ignorar.

Las principales confederaciones de familias de alumnos de la escuela pública y de la concertada firmaron en julio, por su parte, un manifiesto, con otras organizaciones educativas, exigiendo una serie de “medidas para mejorar el bienestar de la comunidad educativa”, entre las que figuraba la descenso de ratio. Y en Andalucía, asociaciones de padres y sindicatos docentes han presentado una iniciativa legislativa popular con 52.000 firmas en el Parlamento andaluz para que la Cámara debata la reducción de las ratios.

José Manuel Bar, secretario de Estado de Educación, afirma que el empleo es benévolo a la descenso de las ratios por su potencial para mejorar tanto el enseñanza como las condiciones laborales del profesorado. Pero considera que una reducción genérico tendría un coste demasiado elevado para las comunidades autónomas, que son las que tendrán que asumirlo a medio y desprendido plazo, aunque el Gobierno aprobase inicialmente una partida para financiarlo. Lo que los informes internacionales reflejan sobre España, añade el secretario de Estado, no es un problema de ratios, sino una yerro de profesorado de apoyo que dificulta la cooperación y el trabajo en equipo de los docentes, y potenciar esta vía, asegura, sí está en la memorándum del empleo.

Un peso muerto

Miquel Àngel Alegre, director de proyectos de la Fundació Bofill, una entidad con sede en Barcelona dedicada a analizar y proponer políticas educativas desde la óptica de la igualdad, es uno de los muchos expertos a los que la descenso genérico de alumnos por clase no les convence: “Una política indiscriminada de descenso de ratios no es mala desde el punto de pinta de la efectividad, pero desde el punto de pinta de la eficiencia y, luego, de pensar en su comparación con otras políticas educativas, no ofrece un buen oscilación”. “La sobredotación de docentes debe producirse sobre todo en aquellos centros que tienen más carencia. Pero hay otros entornos escolares donde, en cambio, la descenso de ratio, sin ser perjudicial, no añade mucho. Es lo que se fuego un peso muerto en la financiación de la educación”.

El aumento de los medios docentes y no docentes es, por otra parte, necesario, sigue Alegre, pero “no es suficiente” para mejorar la calidad y la equidad del sistema educativo: “Deben ir acompañados de una decano tutorización, de la aplicación de otras metodologías y pedagogías, y de un trabajo adentro y fuera de los centros educativos, basado en lo que la investigación demuestra que funciona”.

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