#Eternos Rolling Stones: la banda no decepciona en su concierto en Madrid #noticias #2022

#Eternos Rolling Stones: la banda no decepciona en su concierto en Madrid #noticias #2022

Ahí estaban otra vez. Mick Jagger con sus bailes; Keith Richards ejecutando ese característico movimiento de amague con el brazo derecho, y Ronnie Wood con su cara chupada y su sonrisa pícara. Igual que en sus visitas a España de 1976, de 1982, o de 1990, 1995, 2017… Solo faltaba alguien, la distinción de Charlie Watts, su pelo canoso y su rictus de pedernal, que nos dejó en 2021. Lo demás estaba allí. Cuando la mayoría de los 45.000 espectadores del concierto de este miércoles en el estadio Metropolitano nació, los Rolling Stones ya existían. Anoche, solo la luna que lucía imperial en el cielo de Madrid era más vieja que ellos.

Pero lo lograron de nuevo. Ya en 1990 se decía que podía ser su última gira. Han pasado 22 años y por supuesto no nos atrevemos a decir que esta de 2022, que se llama Sixty (por los 60 años de carrera del grupo), sí será la última vez que los veremos en un escenario. Ya no pagamos la entrada para escuchar nuevamente (I Can’t Get No) Satisfaction o Jumpin’ Jack Flash. Ni siquiera la prioridad es descubrir esa canción que rescatan del olvido y que llevan años sin tocar, en este caso una Out Of Time que sonó a gloria. No, esa no es nuestra aspiración.

Vamos a sus recitales para comprobar que es cierto, que están ahí, que esos abuelos setentones son capaces de mantenerse en pie durante dos horas soportando una descarga eléctrica que tumbaría a un elefante. Y esas figuras escacharradas de Keith, Mick y Ronnie nos revelan que, incluso profesando el ateísmo más dogmático, los milagros existen.

Ambiente en el estadio Metropolitano durante el concierto de los Rolling Stones, este miércoles.SUSANA VERA (REUTERS)

Este miércoles, en las inmediaciones del Metropolitano, con un ambiente excelente y con cientos de logotipos de la lengua stoniana (en camisetas, gorras, tatuado en cuerpos…) visibilizándose por todas partes, Pedro Moreno, 58 años, apuraba una lata de cerveza acompañado de su hija, Marina, 24. Ella es la que habla: “Mi padre me llevó al Calderón cuando yo tenía cinco años. Apenas me acuerdo, claro; luego me llevó, también al mismo estadio, con 13 años, y ahí ya recuerdo algo. Cuando me llamó hace unas semanas por teléfono a Oviedo, que es donde vivo, para decirme si me apetecía venir, mi respuesta fue: ¿Pero todavía siguen vivos? Y aquí estoy. Hace mucho que no escucho su música. Ahora me gusta el trap, pero me parece un planazo y sé que mi padre lo va a disfrutar”. Su padre, al lado, no podía estar más orgulloso. Había gente joven, mucha; también rockeros curtidos en mil batallas; padres y madres con sus hijos adolescentes, estos últimos con la consigna de “al menos una vez en la vida”.

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Y no les decepcionaron los Rolling Stones, que ofrecieron un buen concierto. La puesta en escena ya no es tan horizontal como antes. Mick, Keith y Ronnie no tocan a metros de distancia. Ahora el escenario se les hace grande. Tienden a recogerse, a juntarse en el centro. Se miran, se tocan, se hacen señas.

Actúan como si estuvieran en un club, y eso son buenas noticias. Las canciones han bajado de revoluciones, las ejecutan ralentizadas, con enjundia, para adentro. Qué bien suena Tumbling Dice en ese formato quedón, qué maravilla el punteo de Richards en Slipping Away. El armazón aguanta, vaya si aguanta.

Mick Jagger, en plena forma durante su actuación.
Mick Jagger, en plena forma durante su actuación.Claudio Alvarez

Mick Jagger se pasó la noche humillándonos a los que estábamos a sus pies por su derroche físico, teniendo en cuenta sus 78 años. Keith, a su lado, también 78, está para el desguace. Pero cada vez que sus deformados dedos rascan la guitarra aquello es la esencia del rock and roll. Se le vio en mejor forma que en visitas anteriores, suelto, disfrutando. Y Wood cumplió ayer justo 75 años. Ejerció su papel habitual, dibujando los juegos de guitarra con Richards y luciéndose en solos, como el de You Can’t Always Get What You Want.

Tocaron el repertorio de siempre, porque resulta que es lo que la gente quiere. Si no suenan durante la noche Sympathy for the Devil o Honky Tonk Women es muy posible que podamos reclamar la devolución de nuestro dinero legalmente. Con el transcurso de la noche se apreció un fenómeno inverso al de cualquier espectáculo, inédito y emocionante: es el público el que ofrece una fiesta a los Rolling Stones y no al revés. La gente quiso colmar de calor y ánimo a aquellos músicos que nos guiaron con sus canciones por el páramo de la época juvenil. Como ocurre con las más placenteras actividades de la vida, allí todo el mundo salió del estadio cansado y feliz.

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