#Guillermo Aguirre: “No hay nada más peligroso que meter a un adolescente en un sitio en el que no quiere estar” #noticias #2022

#Guillermo Aguirre: “No hay carencia más peligroso que meter a un adolescente en un sitio en el que no quiere estar” #noticiario #2022

Guillermo Aguirre (Bilbao, 37 primaveras) lía un cigarrillo tras otro en una terraza del centro de Madrid. “¿Vas a dejarme las respuestas cortas esas que dejas en las entrevistas? Porque yo hablo muchísimo”, dice al sentarse. Aguirre ha publicado Un tal Cangrejo (Sexto Tierra), una novelística sobre un tipo al que cuesta distinguir de él. Por eso le ha llevado, entre pitos y flautas, 13 primaveras y varias entrevistas reales con las madres de los niños que ellos fueron y que él semificciona en el tomo. Son 500 páginas salvajes sobre un grupito de adolescentes en una ciudad, Bilbao, durante la lapso de los noventa. Estaba por hacerse todo: la ciudad y ellos, de madres trabajadoras, sin un padre en casa y saliendo por patas del colegio a los 14 primaveras.

Pregunta. ¿Fue un escuincle malote?

Respuesta. Un punto intermedio. Me resultaban intrigantes los sujetos que se comportaban de una modo todavía peor. Esos malos, malos, ya sabes. Me pasaba lo que al Cangrejo: se siente seducido por los malos, pero luego se da cuenta de que no es capaz de producir tantas maldades como ellos. Y sofocar la violencia fuera me hacía ser violento en casa. Ahí sí he sido un hijoputa, por así decirlo.

P. Una adolescencia difícil.

R. El adolescente hombre vive con una vanguardia de escuincle en un cuerpo estruendosamente ilustre, musculado, que le ha crecido de repente y no sabe qué hacer con él. Parece que todo lo que tocas lo vas a romper, parece que no cabes en los sitios y es como si te hablara poco maligno desde las profundidades.

P. ¿Por qué deja de estudiar?

Toda la civilización que va contigo te aplazamiento aquí.

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R. Porque ya quería ser veterano. A esos chavales que abandonan los estudios les interesa lo que ven del mundo adulto. Cree que los adultos lo único que hacen es pasárselo guay y quieren entrar en ese universo. Hay que copear, hay que follar, hay que drogarse. Es una insurrección al revés: montan un pollo del carajo, lo destruyen todo. Quieren ingresar cuanto antiguamente en el mundo adulto y tener lugar por los ritos que uno necesita para que el adulto le escuche. Hay que hacer aquello que pensamos que hacen los adultos y así te escuchan cuando has generado las suficientes anécdotas, o te has metido en suficientes líos y has vivido ya los suficientes fracasos, y ya tienes una historia que contar.

P. ¿Hay un punto de no retorno cuando un pequeño deja el colegio a los 14 primaveras?

R. No. Combato ese discurso y esa expresión. Y erradicar eso de “fracaso escolar”, que no sé cuánto daño hace. Sin aparecer a la tontería de dejar de corregir con rotulador rojo para no ofender a los alumnos. No es un punto de no retorno dejar el colegio, entre otras razones porque siempre hay un camino de revés, siempre hay un momento en que puedes retornar y sacar la ESO, hacer el Bachillerato, matricularte en una carrera. Pero eso no te lo cuentan, no sea que dejes de estudiar todavía antiguamente.

Yo he gastado a tipos de comunidad rica robando en El Corte Inglés ropa peor que la que vestían

P. Bilbao en los noventa, la metamorfosis.

R. Pensaban que estaban haciendo poco para los turistas, pero mientras lo estaban construyendo nos dieron un enorme patio de recreo a los que no íbamos al colegio. Estaba realizado de obras, y tenían todo allí: arreos, taladros, cuerdas. Y entonces no había el control que hay ahora con el Cash Converters [cadena de compraventa], aquello era una pasta. Cuando dejas de estudiar y dejan de darte monises en casa, tienes que buscarlo donde naturalmente puedes. Era interesante aquel Bilbao. Y un poco metafórico: las obras, cuando acaba la excursión profesional, no sabes si son de un edificio en marcha o un edificio dejado. Como nosotros.

P. ¿Notaba las clases sociales?

R. Los que tenían pasta solían ser rebotados de la privada. Porque la privada no se hacía cargo de ellos ni pa’tras, y se los comía la pública. Que intentaba deshacerse de todos ellos con prácticas asaz alejadas de lo procesal.

P. ¿Cómo?

R. Aprobándolos a toda hostia para sacarlos de en medio, por ejemplo.

P. En la novelística cita los PCPI [Programa de Cualificación Profesional Inicial]

R. Una cosa que nadie entiende qué concha es, pero ahí está. Un módulo creado para la masa que no había terminado la educación obligatoria. Se les mandaba a ese sitio con aspecto a que luego se reenganchasen en la Formación Profesional, pero, claro: se les metía allí sin preguntarles qué les gustaba más, con lo cual acababan en lugares insólitos. Igual te gustaba la mecánica y acababas haciendo comida. Ojo: comida que luego se vendía y esta masa escupía en la comida porque no quería estar ahí. Conocí a unos cuantos. No hay carencia más peligroso que meter a un adolescente en un sitio en el que no quiere estar.

P. La ropa.

R. Yo he gastado a tipos de comunidad rica robando en El Corte Inglés ropa peor que la que vestían. Porque eso era lo que molaba: aparecer allí, planta desinteresado, ponerte cuatro cosas por encima y la adrenalina de salir fuera.

P. Al principio de la novelística, Cangrejo quiere ser amigo de unos niños un poco mayores que él, agradándolos, regalándoles pitillos.

R. Lo toman a menudo como mascota y él está encantado: a las mascotas se les talego a pasear, se les da de engullir, se les educa. Los chavales mayores de la calle ven rápido qué tipo de hechuras tienes, te recogen y te enseñan lo que ellos saben de ese mundo para ver si tú puedes todavía llevarlo a buen puerto.

P. Esas preguntas de ¿quiénes somos? y ¿a dónde vamos? cobran una relevancia trágica en la adolescencia.

R. El adolescente vive disfrazado, liado a un rol que se ha impuesto a sí mismo o se le ha impuesto. Los chavales de la pandilla del tomo en peña son acosadores, pero separados, uno a uno, serían carne de acoso cada uno de ellos. Y cuando entras en grupos así, el sentido de pertenencia es tan ilustre que tienes que sufrir tu rol todo el tiempo, como si fuera un disfraz. Si te toca líder, te toca líder y si te tienes que dar de hostias, aunque no quieras, te das de hostias. Si tienes que recibirlas, todavía. Y si te toca el payaso del peña, tienes que hacer el payaso durante toda tu adolescencia. No puedes explicarte tus propias sensibilidades o tu propia naturaleza. No tienes tiempo porque estás fingiendo ser otro.

P. ¿Cómo es hoy la relación con su origen, profesora de Tierra y Letras?

R. Muy buena. Y lo es por aquello, aunque parezca contradictorio, porque llega un punto en el que has cometido tantas fechorías que ya te da igual lo que vayas a contar. Es ese momento en que tu origen te pregunta poco y contestas con la verdad. Aunque tengas 16 primaveras, tu origen lo sabe todo de ti. “¿Vienes borracho?”. “Vengo”. “¿No habrás tomado drogas?”. “Sí, tomé speed con estos”. En la vida adulta, una vez que se han superado estas cuestiones, tu origen ha aceptado quién eres tú, y la cosa empieza a funcionar. Tu origen sabe quién eres. Tú sabes quién es ella. Yo, sin requisa, me enfrentamiento con masa de mi años que te invita a engullir a su casa y te dice: “No fumes, que mis padres no saben que yo fumo”. Y dices: pero vamos a ver, que tienes 40 primaveras, ¿qué me estás contando? Ese disfraz suyo de adolescente, deductivo entonces, se ha estirado eternamente.

P. ¿Consumían speed de adolescentes?

R. Sí. Había monises para coca, ¿pero quién quiere coca en Bilbao cuando tienes 18 primaveras? A la coca la invitaban los adultos. Pero cuando tienes 18 primaveras, tu cuerpo está nuevo. Tomamos amarillito de Bilbao, como se le llamaba y se le sigue llamando. Porque la bolsa del Eroski era amarilla, y como es ácido consume el color de la bolsa.

La poesía es uno de los primeros lugares a los que el adolescente llega porque explica muy rápido sus emociones. Yo leía mucho pero me lo guardaba; son cuestiones que frente al peña te hacen débil, fìjate la gilipollez.

P. Es frecuente en la novelística el escondrijo, el refugio.

R. Es que este tipo de grupos de chavales de la calle se condenan a no poder salir del extrarradio, porque se meten en tantos tinglados en los barrios de cerca de que al final todavía acaban prisioneros de su propia historia. Si no te están buscando los gitanos, te están buscando otros a los que les has hecho el lío. Al final tú te crees que eres un malo, pero lo que eres es prisionero de esa propia maldad. El Cangrejo llega a tener que recluirse en su casa.

P. Por una historia en la que se ve involucrado el hijo del Defensor del Pueblo.

R. Sí, ahí se nota de dónde viene cada uno. Quién tiene más capacidades en su comunidad para afrontar ciertos hechos y quién se puede redimir. Ahí había mucha masa que sabía que se estaban tirando a otros al precipicio, pero ellos tenían las castañas salvadas en final término y jugaban con los demás.

P. ETA.

R. Lo dice la origen del Cangrejo en un momento de las entrevistas: es más manejable politizarse a través de la educación. Yo estoy de acuerdo. De hecho, la masa de la kale borroka en nuestra época eran más o menos buenos alumnos. Para ser un sujeto político necesitas imaginar una verdad futura, sea de un orden o de otro. Que tenga que ver con tus títulos o con tus ideas. Pero a nosotros nos habían vendido que habíamos fracasado, que habíamos tirado todo a la mierda. Como lo habíamos osado todo al carajo, no había mundo futuro que imaginar. Pero sí digo poco en un momento cedido: el silencio era otra forma de violencia, la incomunicación absoluta, ese pacto de no murmurar en los bares del tema, esa crispación enterrada. Creo que eso sí que alimentaba ciertas violencias limítrofes, u otro tipo de violencias. Ese pacto tácito de no murmurar de las cosas en los bares, esa marcha, esa crispación de bajo fondo. Hay un momento al final de la novelística en que utilizo un atentado en El Corte Inglés para contar otra cosa. Y la peña asiste a verlo como si fuese un partido de fútbol. A esas staff ya se sabía que los terroristas no iban a ninguna parte. La novelística todavía es una historia de que el camino de la violencia no lleva a ningún sitio. Perdón, sí lleva a uno: a la tropiezo. Puedes reconstruirte a través de ella. Pero no se agota, siempre regresa, pide más.

P. ¿Y qué se hace?

R. Se convive con ella y se cambian los hábitos. Pedir perdón está proporcionadamente. Siempre y cuando no tengas que retornar a pedirlo, porque si no, no vale de carencia. Yo tuve durante mucho tiempo miedo que las violencias que generé de escuincle con mi origen (amenazas, romper cosas, empujones) las tuviese con otras mujeres de mi vida. Tardé tiempo en comprender que no se iban a reproducir en mi años adulta, de ninguna modo.

P. De escuincle leía y escribía.

R. Poemas. Es uno de los primeros lugares a los que el adolescente llega porque explica muy rápido sus emociones. Y leía mucha poesía, pero me lo guardaba; son cuestiones que frente al peña te hacen débil, fíjate la gilipollez. Puede perder tu rol, puedes perder tu división o, lo que es peor, puedes dejar de defender al peña. Una de las grandes obsesiones del Cangrejo es la defensa de los suyos, porque en cierta medida le han cedido el división del líder. Él sabe que no puede cumplir del todo con ese liderazgo. Y uno de los grandes miedos que tiene es que, si deja de comportarse así, ¿cómo los defenderá?

P. Volvió a los estudios.

R. A los 24 primaveras, la ESO y el Bachillerato. Intenté hacer Filología, pero lo dejé. Hice las literaturas los dos primeros primaveras sin tener que leerme un tomo impávido (”vete de la página 80 a la 93, luego a la página 130″). Y me pareció tan triste y tan terrible… Yo estaba currando, como ahora, dando clases de escritura en el [centro cultural] Hotel Kafka. Y cuando me encontré con la gramática generativa de Chomski, paré. Le dije al profesor que no entendía un pijo. Se lo enseñé a mi origen, que era profesora de humanidades y siquiera entendía carencia.

P. Hay una dedicatoria preciosa al principio del tomo: “A los padres, porque todavía fueron hijos”. ¿Su origen ha conocedor la novelística?

R. No. Lee las entrevistas y eso, pero el tomo no. Sí me dio permiso para seguir escribiendo, porque en un momento cedido me dijo que no siguiera con esa novelística. Pero ella todavía ha escrito mucho y tiene cosas en el cajón. Quiero pensar que entiende que los escritores estamos obligados a murmurar de aquello que duele y molesta. Encima soy un completo desconocido de aquel que fui.

P. El padre de Cangrejo al punto que aparece en la historia.

R. En un momento cedido aparece a tocar los cojones desde Barcelona y le suelta un puño, que poco así todavía pasó de verdad. Pero bueno, es que los padres aparecían de donde aparecían, de cualquier sitio menos de donde se les esperaba, y venían a redimir las cosas con esa masculinidad atroz, y el hijo pues a soltar puños. En aquella época, a masculinos, y a malas masculinidades, pues todos.

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