#Inteligencia artificial ¿para qué? #noticias #2022

#Inteligencia fabricado ¿para qué? #parte #2022

Las promesas de la inteligencia fabricado son muchas y muy variadas, y van desde lo mediano hasta lo descabellado: va a producir más eficiencia en el comercio, va a hacer los trabajos pesados por nosotros, y de paso va a redimir al mundo del cambio climático y de cualquier catástrofe que se nos ponga enfrente. A menudo se oye más sobre las propuestas disparatadas que sobre las modestas.

Como escribe el informático Michael Wooldridge, “lo que la inteligencia fabricado necesita ahora, más que cualquier otra cosa, es una inyección de humildad”. Esta pandemia ha dejado más claro que nunca que la inteligencia fabricado no es una varita mágica capaz de resolver nuestros problemas de un plumazo. De los cientos de algoritmos que se diseñaron para diagnosticar y tratar la covid, nadie fue exitoso y es probable que algunos hayan causado incluso daños.

Cedido que la inteligencia fabricado no va a resolver nunca nuestros problemas sociales y políticos, y muchas veces ni siquiera asuntos más técnicos como los médicos, ¿por qué hay tantas esperanzas puestas en esta tecnología? Hay ciertas razones psicológicas: a los seres humanos nos gusta ser optimistas, en particular sobre los artefactos que creamos. No nos cerca de en la inicio que tanto esfuerzo pueda ser en vano (o, peor, perjudicial). Pero, sobre todo, no hay que perder de apariencia que detrás de tanta inteligencia (y estupidez) fabricado, hay poderosos intereses económicos.

Por supuesto que las empresas que diseñan algoritmos van a aseverar que la inteligencia fabricado va a mejorar nuestra vida, igual que las empresas que producen detergentes van a asegurarnos que sus productos quitarán cualquier mancha. Las empresas tecnológicas dependen de que creamos en las promesas de la inteligencia fabricado para que su negocio vaya adecuadamente. Pero ¿la inteligencia fabricado verdaderamente mejorará nuestra vida notablemente? Está por estar, y si sí, no va a ser por coincidencia, sino por diseño.

Hoy por hoy, ¿para qué creamos inteligencia fabricado? Hay algunos investigadores que trabajan en estos algoritmos por curiosidad científica. Algunos otros intentan resolver un problema vivo e importante, como por ejemplo encontrar nuevos fármacos que puedan pelear contra las superbacterias. Pero una verdad incómoda y rara vez mencionada es que la mayoría de los algoritmos se diseñan e implementan con el objetivo fundamental de cobrar billete.

Sr. García

No es solo que las empresas que crean algoritmos están sacando un mercancías como cualquier otro y al venderlo ganan billete sin más. Es que este es un artículo diseñado para que las instituciones se ahorren billete. La empresa que hace detergentes vende un producto que quita manchas (que finta cualquier mancha es más dudoso). La empresa de algoritmos vende poco que ahorra billete, pero que se promociona para el divulgado como que va a redimir el mundo. Si le preguntas a un suspensión ejecutante de un parcialidad por qué quiere implementar más algoritmos en su empresa, la respuesta no tiene carencia que ver con mejorar la vida de las personas: es para ahorrarse billete.

Obtener más o ahorrarse billete no tiene carencia de malo por sí mismo. El problema es cuando se diseña una tecnología muy potente, con pertenencias potencialmente sistémicos, con el objetivo principal de cobrar billete pero bajo la apariencia de querer mejorar el mundo y sin tomar en consideración los intereses y derechos de las personas. Por eso terminamos con algoritmos en redes sociales que promueven las parte falsas y la polarización (el operación está diseñado para maximizar el tiempo en la red social porque eso produce más billete). O con algoritmos que generan agendas de trabajo insufribles para los trabajadores, con horarios variables que destrozan los ritmos vitales de las personas. O con algoritmos imprecisos, injustos y discriminatorios. El objetivo principal de estos algoritmos no era mejorar nuestras vidas, y por ello no ha de sorprendernos que la empeoren.

Uno no produce tecnología ética simplemente por no tener malas intenciones. La tecnología ética es el resultado de pensar cuidadosamente sobre los intereses de todas las personas que serán afectadas por la tecnología, diseñar meticulosamente todos los utensilios de la tecnología para que sirvan a un buen fin, y estar dispuestos a poner a la clan por delante de los intereses económicos. Obtener billete está muy adecuadamente, pero no a costa del bienestar de la población o de la sanidad de la democracia. Las tecnologías poderosas pueden crear más problemas de los que resuelven si no se diseñan éticamente. Desarrollar la ética de la inteligencia fabricado es urgente porque la alternativa es inteligencia fabricado poco ética. La ética no se produce por casualidad, sino por diseño. Para que la inteligencia fabricado mejore la vida de las personas, habrá que diseñarla para ello.

Carissa Véliz, autora del tomo Privacidad es poder (Debate), es doctora en Filosofía por la Universidad de Oxford, profesora en el Instituto de Ética e Inteligencia Sintético e investigadora en Hertford College en esa misma universidad.

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