#Joe Manganiello, el actor de los mil abdominales: “¿Cosificado yo? Claro. Por supuesto. Sí. Es el trabajo” #noticias #2022

#Joe Manganiello, el actor de los mil abdominales: “¿Cosificado yo? Claro. Por supuesto. Sí. Es el trabajo” #informativo #2022

Durante una clase de interpretación en la universidad, el profesor le pidió a Joe Manganiello (Pittsburgh, Pensilvania, 45 primaveras) que se sentase en medio de un círculo para que sus compañeros le gritasen sus primeras impresiones. Entre ellas estuvieron: “Va en moto”, “Bebe cerveza”, “Se pelea en bares”, “Restaura coches antiguos” o “Llevó a tres chicas al ballet de promoción”. En sinceridad, Manganiello no bebe (lleva 19 primaveras sobrio) y siquiera asistió a su ballet de promoción. Prefirió irse al cine a ver una reposición de Blade Runner. Ahora, gracias a la serie Moonhaven, por fin cumple su sueño inmaduro de protagonizar un relato de ciencia ficción. Porque Joe Manganiello es, por encima de todo, un friki.

“Las novelas de ciencia ficción que leía de pequeño tenían un espacio premonitorio. Moonhaven aborda el tema de la superpoblación, los humanos han llegado al punto en el que tienen que colonizar la Retrato porque la situación en la Tierra se ha vuelto insostenible”, explica sobre la serie, que se estrena este jueves en AMC+ (un servicio de streaming que está adecuado en Orange TV, Vodafone TV, Jazztel TV y como canal en Amazon Prime Video). Moonhaven retrata una utopía en la que un familia de colonos se instala en la Retrato para desarrollar la tecnología y encontrar los bienes necesarios para la supervivencia de la especie, pero un crimen por parte de extremistas terrícolas altera la conformidad y la prosperidad de la colonia. Manganiello interpreta a un guardaespaldas con una encargo siniestra que él asegura deber interpretado como “Dick Cheney a posteriori de tomar ácido”. Para el actor, Moonhaven supone la oportunidad de dar rienda suelta a su imaginación inmaduro.

No era viable ser un chico flacucho en Mt. Lebanon (Pensilvania), que Manganiello compara con la serie Sensación de comportarse: “Era el 90210 de Pittsburgh”. Su primera yuxtaposición, según él mismo explica, fueron las novelas de autores de ciencia-ficción como Bradbury, Clarke o Hamilton. La segunda, los juegos de rol. “Me encantaba ver las caras de asombro de mis amigos mientras yo les contaba las historias y los introducía en aquellos mundos que yo había creado”, recuerda.

A los 13 primaveras se apuntó al campo y su vida social se bifurcó. Se sentía cómodo entre los chavales aficionados a la inventiva y formaba parte del club de cine (“éramos tres niños asiáticos y yo”, recuerda), pero incluso pasaba los viernes bebiendo cerveza con el equipo de fútbol y las animadoras. Fue capitán de los equipos de fútbol, balonvolea y baloncesto. “A veces mis propios compañeros de fútbol se metían con mis amigos porque eran más débiles. Yo daba la cara por ellos. Les decía que los dejasen en paz o íbamos a tener que pelear. Me lo pasaba proporcionadamente con los frikis, pero incluso me lo pasaba proporcionadamente con los atletas. Me gustaba su mentalidad competitiva”, reconoce.

Un joven Joe Manganiello fotografiado en un evento de moda en 2002.
Un novato Joe Manganiello fotografiado en un evento de moda en 2002.Donato Sardella (WireImage)

Esta capacidad de amoldamiento se complicó cuando, al obtener a la universidad, Manganiello se empezó a notar el bicho raro en todos los ámbitos de su vida. Entonces pensó que el trinque podría ayudarlo a aplacar esas inseguridades. “No sabía qué hacer, no sentía que pertenecía a ningún familia”, confiesa. “Todos esos grupos de multitud de los que te he hablado antaño… empecé a notar que yo era diferente, más sensible, siento las cosas más profundamente. Me sentía solo. Y el trinque me daba la oportunidad de libar hasta circunvalar esa parte de mí y simplemente ser como todos los demás. Me ayudaba encajar en una categoría y, tristemente, a esa vida es muy importante encajar en una categoría. Bebía para encajar. Y encima me ayudaba a apagar el cerebro. Cuando descubrí la bebida pensé: ‘Guau, voy a hacer esto todo el día, esta es la medicina perfecta para todas las cosas interiormente de mí que están centrifugando, para calmar la tormenta que hay en mi interior”.

La interpretación era su otro mecanismo para dejar de ser él mismo. “Me permitía ponerme una máscara y ser otra persona. Luego me bajaba del marco, me iba al bar y seguía no siendo yo mismo”, explica. Tres días a posteriori de aterrizar en Los Ángeles, en 2001, consiguió su primer papel: Flash Thompson, la némesis en el instituto de Peter Parker en Spider-Man. O eso se ha contado siempre. En sinceridad, Manganiello pasó cuatro meses sufriendo la incertidumbre. “Me confirmaron que me habían poliedro el papel, pero dos semanas a posteriori el patrón del estudio decidió hacer más castings por su cuenta sin decírmelo a mí o a mi representante. Imagínate lo descorazonador que fue descubrir que el papel en sinceridad no era mío y que al patrón del estudio no le gustaba. Que no me quería en su película. En la maquinaria de Hollywood no puedes hacerte ilusiones”, lamenta.

Al final sí hizo Spider-Man, pero el dipsomanía se interpuso en el despegue de su carrera. Se encontró “sin casa, sin coche y sin trabajo”, según contó al Huffington Post. “Ahora de anciano entiendo que yo era cierto particular, solo que tardé un poco en desarrollarlo”, afirma. Su filmografía tiene un hueco de cuatro primaveras, durante los cuales Manganiello trabajó como disc jockey, guardaespaldas de un familia de rock y operario de una máquina de demolición. Todavía revendía cartones de tabaco. Esto extremo le provocó tantos remordimientos que donó su coche a la Asociación Chaqueta contra el Cáncer.

En su regreso a Hollywood en 2006, el actor había “cambiado en todos los sentidos posibles”. Su nuevo camino empezó con la meditación. “Tuve que desmontar todo el coche, expurgar cada cuarto y retornar a montarlo todo. Es muy difícil encontrar una persona que comparta todos mis intereses. Lo encontré una vez, con un compañero de la escuela, pero perdí el contacto cuando se unió a la Armada. Mis amigos son muy eclécticos. Si me vieras con ellos te parecería una persona distinta con cada uno de ellos. A mí me encanta eso, pero creo que en Hollywood lo odian”, asegura entre risas.

Joe Manganiello y Sofía Vergara en la fiesta de la revista 'Vanity Fair'  tras la gala de los Oscar, en 2020.
Joe Manganiello y Sofía Vergara en la fiesta de la revista ‘Vanity Fair’ tras la atavío de los Oscar, en 2020. Rich Fury/VF20 (Getty Images for Vanity Fair)

La industria lo encasilló en papeles de sierra descerebrado como el de la telecomedia Cómo conocí a vuestra principio, donde interpretaba al amigo tarambana de Marshall. “Me interesaba escribir, dirigir y producir, pero la opción más inteligente para salir delante económicamente era centrarme en la interpretación”, señala. Su mérito era a veces un handicap: al evaluar 1,96 perdía muchos papeles porque la hado protagonista no quería compartir pantalla con cierto mucho más suspensión que él. Pero Alexander Skarsgard, el bellaco de la serie de HBO True Blood, medía 1,94 y necesitaba un rival a su mérito. En 2010 Manganiello entró en True Blood para un curva de seis episodios y su personaje, el hombre-lobo Alcide, causó tal sensación entre la audiencia (entonces las redes sociales empezaban a influir a tiempo actual en el devenir de las series) que se acabó quedando cinco temporadas.

“No tenía garantías laborales porque no formaba parte del reparto principal y, al ser un actor invitado, me pagaban en el rango más bajo. Pero cuando HBO me ofreció un entendimiento de varias temporadas yo ya había saledizo en la portada de Entertainment Weekly y había posado para GQ en Europa. Digamos que era un buen momento para negociar ese entendimiento”, recuerda. Durante el rodaje de True Blood, Manganiello tenía que ir al campo dos veces al día (asegura que si no entrena se desinfla y vuelve a estar escuchimizado) porque Alcide se pasaba casi toda la serie sin camiseta. De hecho, la primera ambiente que Manganiello grabó consistía en un desnudo integral que dejó huella en el autocar escolar que pasaba por delante del rodaje ajustado en ese momento.

La popularidad de Manganiello, que mientras seguía en True Blood participó en la comedia sobre estrípers masculinos Magic Mike y en su secuela, coincidió con el aberración poético Cincuenta sombras de Manada y con la demolición del tabú cultural en torno al deseo sexual femíneo. En unos premios de MTV, la cómica Chelsea Handler dijo que no quería retornar a casa montada en un coche sino “en la cara de Joe Manganiello”. En Twitter, las actrices Octavia Spencer, Yvette Nicole Brown y Retta se enzarzaron en una discusión cómica para atreverse cuál de ellas se acostaría primero con el actor.

“¿Cosificado?”, pregunta tras una larga pausa. “Seamos realistas. Si estás en una serie muy sexual como True Blood claro que va a ocurrir. Es HBO. Creo que HBO consigue más cosas de sus actores gracias a la reputación que tiene. Y lo mismo con Magic Mike. ¿Qué vas a hacer, ponerte a sollozar? No. Estás en una película sobre estrípers masculinos. Trabajas con Soderbergh, McConaughey, Channing y todos esos tíos en una comedia divertidísima. ¿Qué vas a hacer? ¿Negarte a quedarte en tanga? Ese es el papel. Sé que da miedo, pero vete al campo y apáñatelas. Es que no sé qué decirte. ¿Cosificado? Claro. Claro. Por supuesto. Sí. Es el trabajo”. O como él mismo explicó en Elle en 2013, “hice Ibsen y Chejov durante primaveras, obviamente no logré el gratitud que tengo ahora, tienes que jinetear el heroína en la dirección que vaya”.

Manganiello trató de utilizar su popularidad para diversificar su carrera. Interpretó a una parodia de sí mismo en Pee-Wee’s Big Holiday (2016), probó con el cine de obra en Sabotage (2014) y hasta apareció en una película de Terrence Malick, Knight of Cups (2015). Publicó un compendio sobre fitness, Evolution, cuyo prólogo estaba escrito por su amigo y mentor Arnold Schwarzenegger. Y en medio de esta reinvención conoció al inclinación de su vida, la actriz colombiana Sofía Vergara. Manganiello viajó a Nueva Orleans, donde ella estaba rodando, para invitarla a salir. Le enseñó el ejemplar de la revista People que lo sacaba en portada nombrándole “el soltero más sexy de Hollywood” y presumió, en castellano: “Número uno”. Ella reaccionó ojeando el resto de la revista: “Voy a mirar cuáles son los demás”. Se casaron seis meses a posteriori.

Manganiello y Vergara forman una de las parejas favoritas de la prensa de cotilleos. Son mensaje por sus gestos románticos (él le escribió una carta de 40 páginas por su primer aniversario), su campechanía (esperaron en la trasero como cualquier turista para entrar en el Vaticano) y las fotos de Instagram con su chihuahua Bubbles, a la que Manganiello lleva a todas partes: rodajes, conciertos, gimnasios. Incluso la metió en un cine IMAX para ver Dune.

El gran plan irresoluto de Joe Manganiello es adaptar el equipo de rol Dragones y mazmorras. Hoy sigue organizando partidas en su casa y la índice de invitados incluye figuras de Hollywood como James Gunn (director de Guardianes de la galaxia y Escuadrón suicida) o Dan Weiss y David Benioff (creadores de Coyuntura de tronos). Pero la anciano desazón de su carrera es no deber hecho una película de cómics: “Siempre he pensado que hay un gran superhéroe o supervillano para mí, pero no se ha materializado por un motivo u otro”, ha confesado. En 2011 hizo pruebas para interpretar a Superman en El hombre de arma blanca, pero el rodaje era incompatible con True Blood y todavía lamenta no deber llegado a probarse el traje siquiera. “Mientras se repartían todos los papeles de superhéroes”, ha explicado en remisión al Universo Cinematográfico de Marvel, “yo tenía un entendimiento con una serie de televisión”.

Zack Snyder, el director de El hombre de arma blanca e ideólogo original del Universo Cinematográfico DC, le dio su oportunidad por fin en La ligazón de la neutralidad. Manganiello apareció en una ambiente poscréditos que sugería que cuando Ben Affleck protagonizase su película en solitario de Batman, él sería el bellaco. “Interpretar al bellaco de Batman Deathstroke podría variar la carrera de Joe Manganiello”, titulaba The Washington Post.

Sin incautación, los continuos cambios en la directiva de Warner acabaron enviando el plan al corona. “¿Qué quieres que te diga?”, dice ahora a ICON con resignación. “No es mi propiedad. No soy el dueño. Cancelaron Batman, cancelaron Deathstroke, cancelaron todos los Escuadrón suicida de los que yo iba a formar parte. ¿Qué le voy a hacer? Es lo que hay. ¿Cuántas veces pueden asegurar que no a mi película? Hay que dejarlo ir. Es una de esas situaciones como la que te contaba antaño de Spider-Man: consigues el papel de tus sueños, empiezas a trabajar en él y de repente: ‘Hey, tío, no va a ocurrir’. Nadie está interesado. O quizá lo estén, pero no conmigo. Ha habido dos ocasiones en las que buscaron a otro actor para ese papel, ¿sabes? Me lo quitaron y se lo dieron a otro. ¿Qué vas a hacer? Te pones el cinturón de seguridad y esperas que no se te rompan todos los huesos de tu cuerpo cuando esto se estrelle”.

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