#Jon Rahm tiene a tiro su segundo US Open #noticias #2022

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¿Se puede estar contento después de perder el liderato del US Open con un doble bogey en el hoyo 18? Sí, y mucho, si se ha superado uno de esos típicos días de azote en el Abierto americano: frío, viento y un campo preparado para enseñar las uñas. A Jon Rahm le quedó este sábado ese sabor amargo de los dos golpes sumados en el último escalón, pero prevalecía en el paladar el gusto de una gran jornada de golf. El vasco apagó la luz con un golpe de más en la ronda y -3 en la clasificación general, a uno de la pareja de líderes, el estadounidense Will Zalatoris y el inglés Matt Fitzpatrick (-4). Pisando los talones a Rahm, el trío que forman Keegan Bradley, Adam Hadwin y el número uno del mundo, Scottie Scheffler (-2), y a su rebufo otro grupeto de tres, Sam Burns, Rory McIlroy y Joel Dahmen (-1). Esos son los únicos nueve jugadores que después de la tercera jornada están bajo el par en el exigente Country Club de Brookline. El día del movimiento fue una escabechina en la que solo siete golfistas (Zalatoris, Fitzpatrick, Bradley, McCarthy, Woodland, Muñoz y Lee) entregaron números rojos. El par 70 se elevó a una media de 73,5 golpes en esta jornada. US Open en estado puro.

Rahm partirá este domingo a las 14.34 (20.34 hora peninsular española; de 16.00 a 1.00 en Movistar Golf) con Bradley como compañero de viaje. A la hora del atardecer en Boston sueña con levantar su segundo US Open después de la conquista del curso pasado en Torrey Pines, el que sería el décimo grande del golf español. La lección de este sábado estará presente para todos los competidores. Si las condiciones se repiten, será otra jornada para fajadores, y en ese ring el hombretón de Barrika sabe bailar bien. Por detrás amenazan dos gigantes: Scheffler, rey del circuito y chaqueta verde en el Masters de Augusta, y McIlroy, que tiene hambre acumulada tras ocho años esperando degustar su quinto grande. Por delante, a Zalatoris (mejor vuelta del sábado, -3) y a Fitzpatrick les mueve la pasión de una gloria virgen. Ni el estadounidense de 25 años ni el inglés de 27 han catado ninguna victoria en el PGA Tour. Zalatoris, eso sí, ha sacado notables en el Grand Slam. El chico ha jugado ocho grandes y en cinco ha terminado entre los 10 mejores, sexto esta temporada en el Masters que ganó Scheffler y segundo en el PGA después de un desempate con Justin Thomas. Ya sabe lo que es perder, paso previo a ganar. A Fitzpatrick le adorna un palmarés con siete victorias en el circuito europeo y dos top ten en los majors.

Los dos aspirantes a grandes deberán estar preparados para escuchar por detrás el ruido de una locomotora. Jon Rahm levantó el pasado US Open partiendo en la última ronda con tres golpes de desventaja. Solo uno le separa ahora de sus presas. A ese escalón llegó este sábado apretándose el cinturón. La ventolera en Brookline se hizo notar desde que dejó atrás la casa club. Un putt de cuatro metros se le quedó corto en el 1 cuando podía comenzar descontando un golpe, erró en el juego corto en el 2 y cargó con un bogey, y en el 3 ya tuvo que cerrar la mandíbula para salvar el par desde cinco metros y no dar dos pasos atrás nada más levantarse. Otro apuro en el 4, que el día venía movido, al perder la calle y luego besar el rough fuera del green. Fueron dos pares salvadores, esos que en US Open se cantan como un gol. Superado ese primer oleaje, Rahm se fabricó dos buenas opciones de birdie: en el 5, un par cuatro de 314 yardas, 287 metros, que para el vasco es un juguete porque alcanza el green desde la salida; y en el 6, un par tres en el que supo domar el vuelo de la bola ante los caprichos del viento. En ambos se le escapó el acierto por un dedo y en cambió cantó bingo en el 7 con un putt de cinco metros y medio. Y llegó el hoyo 8. Par cinco.

El contacto con la punta del driver mandó la bola de Rahm a la izquierda de la calle, junto a la base de un árbol. No había espacio para su golpe natural, ni tampoco para darle de zurda porque una gruesa raíz cruzaba el camino. La solución fue golpear de espaldas, cogiendo el palo con una sola mano, para devolver la bola al ruedo. La aventura acabó en bogey. Dos pares en el 9 y el 10 fueron claves para serenar los ánimos y pese a otro golpe de más en el 13 (visita al rough), Rahm emprendía el tramo final fresco de manos y de cabeza. El 14, par cinco, lo abrochó con un birdie sin sudores y en el 15 agitó la chistera para sacarse de la manga un soberbio emboque desde nueve metros. Era la huella del campeón.

Rahm iba lanzado, aclamado por una afición encendida que prendió un ambiente de alto voltaje. En el 17 compaginó un cañonazo de 300 metros con un golpe suave de muñeza para saludar de cerca la bandera. Zalatoris y Fitzpatrick habían entregado entonces una tarjeta de -4 y el vasco acababa de escribir el -5. Tan confiado caminaba que encaró el 18 con ganas de marcha. Pero esto es el US Open, no hay que olvidarlo. Su vuelo de salida aterrizó en un búnker en la calle, y en su intento de escapatoria, “un error en el tipo de golpe”, admitió, le dejó en el mismo sitio. El paseo por la arena no había acabado. Otro búnker a los pies del green, salida larga y putt errado para ese doble bogey que le bajó del liderato en solitario a la condición de perseguidor.

“La volaración general es muy buena, estoy contento. Una pena el 18. El campo ha estado muy complicado, duro, y hacer pares era difícil. Un campo muy de US Open, lo han preparado difícil. Estoy orgulloso de no dejar que la frustración se apoderase de mi vuelta porque ha habido malos momentos”, resumió Rahm mirando el reloj, con ganas de reponer baterías. La jornada había castigado a McIlroy (más tres en el día), a Morikawa (jornada de más siete para ver la cabeza desde muy lejos) y a Scheffler, que llegó a volar con -6 con un eagle de maestro desde la calle en el 8 y terminó zarandeado en una secuencia demoledora: doble bogey en el 11, y bogeys en el 12, 13 y 14. No hay compasión ni con el número uno del mundo en el US Open.

Clasificación del US Open.

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