#La ascensión de Gauff contra la tiranía de Swiatek #noticias #2022

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Fueron cayendo las cabezas de serie desde el primer día, una a una hasta que solo quedó en pie la que tenía todos los números para lograrlo. No hay quien le ponga freno a Iga Swiatek, que a sus 21 años se erige en la mejor heredera de Asheigh Barty. La australiana dejó un solar del que se ha adueñado a las bravas la polaca, incontestable este curso, imbatible desde que el 16 de febrero la batiera en Dubái la letona Jelena Ostapenko. A partir de ahí, la dictadura. Una secuencia de 34 victorias consecutivas y un cartel colgado en el circuito femenino: sí, Swiatek busca rival. Hasta ahora, no la tiene.

La número uno, campeona de Roland Garros hace dos años –sin ceder un solo parcial en su trazado hacia el título–, asoma como la gran favorita para la final que disputará este sábado (15.00, Eurosport) contra Coco Gauff, novel por estos lares. La estadounidense nunca había logrado superar los cuartos de final en un gran escenario, pero viene fuerte y sin complejos. “Creo que no tengo nada que perder. Voy a jugar con una libertad, y en una final puede pasar cualquier cosa; ahora bien, si gano, no creo que mi vida vaya a cambiar realmente”, decía tras sortear a Martina Trevisan en las semifinales.

Es la tiranía contra la ilusión, la gigantesca ola de una jugadora que no encuentra freno frente a la ascensión de una joven que hizo añicos la historia de Wimbledon hace tres años, cuando accedió al cuadro final con 15; es decir, hizo lo que nadie había hecho antes. A partir de ahí, Estados Unidos la observa con lupa y ella, 18 años, aprende a lidiar sobre la marcha con la pesada herencia de las hermanas Williams, que poco a poco se desvanecen y le ceden el testigo.

“Creo que estoy preparada para ganar un grande”, dice Coco. “Me he dado cuenta de que no puedo deshacerme de las expectativas, así que he tratado de aceptarlo, de aceptar que están ahí y que en ocasiones me puedan estresar más de la cuenta”, explica Swiatek sobre su fórmula, hasta ahora casi infalible, prácticamente inabordable la de Varsovia, que escucha a Led Zeppelin y a Pearl Jam, a Gorillaz y a AC/DC; nada de reggaeton ni trap y una admiración platónica por Rafael Nadal: “Me inspira en todos los sentidos, dentro y fuera de la pista; es humilde y el éxito no le ha cambiado. Es impresionante”.

Física y completa, renovada y afilada gracias a la incorporación de su nuevo técnico este año, Tomasz Witkorowski. De su mano, un tenis más directo y punzante, menos contemplativo. Y sobre todo victorias, muchas victorias; 34 consecutivas y los títulos de Doha, Indian Wells, Miami, Stuttgart y Roma. A excepción de Madrid, descartado para aliviar mente y piernas, todo lo que ha jugado durante la primavera lo ha ganado. Es la indiscutible favorita, pero ahí están Gauff y su primera aparición en la final de un gran escenario.

Entre las dos, la historia de un vaivén: Roland Garros ha entronizado a ocho campeonas diferentes en las diez últimas ediciones. Solo la rusa Maria Sharapova (2012 y 2014) y la Queen Serena (2013 y 2015) repitieron.

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