#La culpa de todo la tiene el modelo de desarrollo #noticias #2022

#La desliz de todo la tiene el maniquí de progreso #parte #2022

“La desliz de todo la tiene Yoko Ono…”, decían Def Con Dos, pioneros del hip hop en castellano que muchos bailamos en nuestros abriles mozos. Para las ONG no es Yoko Ono la culpable, sino el maniquí de progreso. Explicamos a través de este término indeterminado las causas de los problemas más profundos, con énfasis sistémica, como el final de los males destinados a combatir. Haz la prueba, pon en Google el término adyacente con el nombre de tu ONG preferida y verás el parada número de menciones.

Sirve para todo: examen de contexto, planes, estrategias, proyectos e iniciativas varias. Los más osados, y confieso deber pecado todavía, lo señalan incluso como parte de sus objetivos: “Cambiaremos el maniquí de progreso” a través de X o Y acciones en determinado período de tiempo. Tenía sentido hace una período, como una forma de diferenciarse de la cooperación más asistencialista, pero ya ha dejado de ser suficiente. Se nos exige más.

Charlar ahora de maniquí de progreso es una sobre simplificación que no se sostiene por más de cinco minutos de conversación con quienes en realidad tienen la capacidad de dictar doctrina de progreso como organismos internacionales, bancos de progreso, fundaciones o gobiernos. Sin ese rigor, perdemos credibilidad, nos aleja de asimilar si en realidad estamos contribuyendo a cambios con poco de calado, si somos enseres.

No toda ayuda sirve, hay alguna que perjudica, que desmoviliza comunidades, que las hace conformistas frente a sus autoridades o que las divide

Habrá quien diga que “mejor hacer poco que no hacer nulo”, pero creo que nuestra responsabilidad como actores de progreso debe ir mucho más allá de ese argumento plano. Es más, no toda ayuda sirve, hay alguna que perjudica, que desmoviliza comunidades, que las hace conformistas frente a sus autoridades o que las divide. Todos los que trabajamos en cooperación lo entienden.

Propongo para ello renovar nuestro argumentario sobre las causas sistémicas de la pobreza a través de cuatro preguntas y sus respuestas. Para que cuando hablemos sobre maniquí de progreso, no nos cojan en curva.

La primera, ¿de qué hablamos cuando proponemos un nuevo maniquí de progreso?

Para los sectores conservadores, con mucho poder ahora, todo lo que no sea la posesiones de mercado como actualmente la entendemos es comunismo. Esto no ayuda a un debate sosegado sobre modelos de progreso. Desde la alianza Well Being Economy llevan abriles haciendo un trabajo utópico para sugerir un maniquí opcional internamente de los límites planetarios actuales. Islandia, Finlandia, Escocia o Nueva Zelanda lo han asumido como propio. Profundiza en este Kate Raworth, de la universidad de Oxford, con su manual La posesiones del Donut. Y más recientemente el secretario universal de la ONU ha realizado unas declaraciones en la misma dirección, así que el tema está agarrando planeo.

El segundo, ¿hablamos sólo de posesiones o todavía de instituciones políticas?

Las ONG no solemos entrar mucho en el asunto de las instituciones, pero si el Software de Naciones Unidas para el Expansión (PNUD) con sus programas sobre gobernabilidad o la reputada Fundación Friedrich Ebert Stiftung centran en esto su trabajo, por poco será.

Es la corriente que señala que el diseño institucional es el causante de muchos de los problemas de inestabilidad en los países del sur. En América Latina, por ejemplo, el impacto del presidencialismo ha llevado a ríos de tinta entre politólogos. Hay que analizar para profundizar a Juan J. Linz, de la Universidad de Yale. Un clásico. Con la misma vehemencia, otros institucionalistas insisten en la importancia de los sistemas electorales y los partidos políticos para la democracia y para el progreso de los países. Los capos en esto son D. Nohlen de la universidad de Heidelberg y Steven Levitzky de la universidad de Harvard.

Tercera, ¿la desliz la tiene en realidad el neoliberalismo o la cosa venía de ayer?

A medida que uno profundiza en cómo fueron las décadas anteriores en los países del sur, el argumento de que el neoliberalismo es lo equivalente a las siete plagas de Egipto no se sostiene. El neoliberalismo es causante de muchos de los problemas actuales, sobre todo de la extrema desigualdad, lo llevan tiempo señalando Oxfam o Piketty, y más recientemente el FMI todavía. Hay consenso al respecto. Pero otra parte de los problemas venían de ayer.

La etapa preparatorio al eclosión de neoliberalismo, la de los 80, fue la famosa período perdida que asfixió la posesiones de gran parte de los países del sur con la deuda externa. Sus duros ajustes con destino a sistema colapsado fueron el neoliberalismo. Las tres anteriores, América Latina intentó y exportó un maniquí opcional con la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) de Raul Prebisch que funcionó en los países más grandes de la región, pero no tanto en el resto. No fue diferente a mucho de lo que proponemos como “maniquí opcional” y que ya se probó.

Y si uno se pone más quisquilloso, algunos autores van más a espaldas. James Mahoney, de la universidad de Northwestern, demuestra cómo el tipo de colonización que los países padecieron determina su progreso posterior. El neoliberalismo parece así demasiado coyuntural. Su principal argumento es que, en el final siglo, el ranking hispanoamericano de progreso de los países prácticamente no ha cambiado, a excepción de en el caso de Venezuela. Como comenzaste como país, te quedas posteriormente.

Y cuarta y última, ¿en realidad podemos cambiar un maniquí de progreso?

Uno de los textos más lúcidos e influyentes para el examen de las posibilidades de cambiar el maniquí de progreso en las regiones del sur total lo escribió Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil y unos de los principales teóricos del progreso y las teorías de la dependencia en América Latina, se titula New Paths: Globalization in Historial Perspective. Viene a opinar que los países no pueden desconectarse de la globalización contemporáneo y sus reglas, por mucho que no les guste, el caudal financiero seguirá imponiéndose y mantendrán a los países del sur en una posición de dependencia. Los territorios pueden mejorar, pero el maniquí y la dialéctica de centro-periferia, cree que no.

“(…) y el espíritu de Lennon que le sale por los poros”, termina la canción. Debemos soñar como lo hacía Lennon en su tema Imagine, donde imaginaba un mundo sin propiedades, sin codicia, sin escasez, una hermandad de la humanidad. El maniquí de progreso consumado… e inalcanzable. Que no nos pase a las ONG lo mismo y que nuestros discursos terminen pareciendo una bonita canción con frases preciosas, pero generando pocos cambios.

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