#La inmersión de Penélope Cruz en el drama de los desahucios #noticias #2022

#La inmersión de Penélope Cruz en el drama de los desahucios #parte #2022

Conectaron desde el primer minuto. Fue un patada de suerte, una de esas cosas que ocurren pocas veces en la vida. De pronto, alguno que te entiende se cruza en tu camino.

Eran dos adolescentes. Ella había mentido sobre su permanencia para ingresar en la Escuela de Interpretación Cristina Rota, tenía 15 primaveras, en vez de los 16 reglamentarios. Él, hijo de Cristina Rota, tenía 14.

Juan Diego Botto, a quien inspiraron para convertirse en director de cine Montxo Armendáriz y Adolfo Aristarain, con chaqueta y jersey en seda y cachemira, todo de Brioni.
Juan Diego Botto, a quien inspiraron para convertirse en director de cine Montxo Armendáriz y Adolfo Aristarain, con chaqueta y chaleco en seda y cachemir, todo de Brioni.Nico Bustos
Penélope Cruz dice tener muy claras sus prioridades: ante todo, dedicar tiempo de calidad a sus hijos. En esta imagen lleva chaqueta de traje de doble botonadura Príncipe de Gales de Alaïa.
Penélope Cruz dice tener muy claras sus prioridades: delante todo, obligarse tiempo de calidad a sus hijos. En esta imagen lleva chaqueta de traje de doble botonadura Príncipe de Gales de Alaïa.Nico Bustos

Los dos recuerdan aquel día en que empezaron a improvisar una secuencia de Romeo y Julieta, el lucha amoroso, y Cristina Rota los echó del atmósfera. Entreambos cuentan que fue porque les salió lamentable. Pero la lectura de Rota es distinta: les hizo detener por el estupor que estaban causando entre sus compañeros de curso. Se empezaron a desnudar en secuencia, y era tal la intensidad y el desparpajo que los alumnos empezaron a revolverse en sus asientos, a murmurar. “Lo hacían con una naturaleza que superaba la capacidad de entendimiento del resto del comunidad”, recuerda Cristina Rota, “eran dos cuerpos libres”. Aquello no era común, se dijo la maestra. “Su nivel cognitivo y emocional, la capacidad de trabajar con sus emociones, superaba su permanencia”. A pesar de ser los pequeños de la clase, Rota los hizo saltar de curso. Pasaron a trabajar con los de 17 primaveras.

Se tomaban lo suyo muy en serio. En aquellos días, Penélope Cruz andaba obsesionada con Las criadas, de Jean Genet, una obra teatral desgarradora, poco susceptible de encandilar a una adolescente. Pero a ella le fascinaba. Y aquello le parecía de lo más natural a aquel Juan Diego Botto imberbe, con cara de irreflexivo. De hecho, se ofreció para ayudar en los ensayos de la obra para la escuela.

Juan y Pe eran muy intensos. “Lo que nos fascinaba nunca era alegre, ni insustancial”, dice Cruz con una sonrisa en la boca. “Los dos hemos sido de comernos la cabecera mucho, desde los 13 primaveras, y eso incluso nos ha acercado”, confiesa. “Encontré a alguno de mi permanencia muy parecido a mí”.

"Siempre me salen historias desde abajo, de gente sin cargos, ni corbatas ni poder”, dice Juan Diego Botto. Aquí lleva polo Lexington de Loro Piana y pantalón de Hermés.
«Siempre me salen historias desde debajo, de gentío sin cargos, ni corbatas ni poder”, dice Juan Diego Botto. Aquí lleva polo Lexington de Locuaz Piana y pantalón de Hermés. Nico Bustos

Bueno, incluso eran dos niños. Tenían clases de interpretación tres veces por semana, pero, alguna que otra tarde, la máquina de Tetris del bar de al banda arrastraba más que Genet.

Juan Diego Botto incluso recuerda aquellos ensayos de Las criadas, el montaje en el que Penélope sintió por primera vez que tal vez tenía madera para dedicarse a lo que le ha querido un Oscar, tres Goya, un Bafta, un David di Donatello y el Premio Doméstico de Cinematografía 2022, entre otros reconocimientos. “Tenía mucha hondura”, asegura ­Botto, “mucha profundidad”.

La película que Cruz y Botto están a punto de abrir, En los márgenes, seleccionada para concurrir en la Mostra de Venecia que arranca el próximo 31 de agosto, en la sección Horizontes, es la que se debían desde hace tiempo, la que pone la culmen a una amistad de 33 primaveras; la que permite afrontar una secuencia muy compleja con la complicidad y sazón actoral necesarias, la secuencia 85, volveremos a ella más delante; la que satisface las ganas de uno y otro de contar historias relevantes, comprometidas con los más desfavorecidos, con inclinación de bazuquear conciencias.

En los márgenes es un filme de estilo hiperrealista, cine de autor, cine social. Está rodada con una textura cercana a la del documental, se escuchan más ecos de los hermanos Dardenne que de Ken Loach, hay mucha cámara en mano, inclinación real, ritmo de thriller. Cruza las trayectorias de una reponedora de supermercado a punto de ser desahuciada (Penélope Cruz), un abogado que intenta ayudar a los desamparados (Luis Tosar) y una matriz (Adelfa Pelado) que no consigue ver a un hijo avergonzado por tener arruinado a sus padres tras pedirles un aval para su casa. Este es el tipo de cine que los mueve, el que la posición en la que se encuentran los obliga a hacer. Y es el trabajo con el que Juan Diego Botto da su anhelado brinco a la dirección y donde Penélope Cruz confirma su brinco a la producción, una de las facetas que más quiere cultivar en los próximos primaveras.

“La vida me ha colocado en una posición en la que producir es casi una obligación”, dice Penélope Cruz.
“La vida me ha colocado en una posición en la que producir es casi una obligación”, dice Penélope Cruz.Nico Bustos

A sus 48 primaveras, Penélope Cruz dice tener muy claras sus prioridades: delante todo, obligarse tiempo de calidad a sus hijos. “Es la matriz por excelencia, sus hijos son lo primero en su vida, a mí me habría gustado ser la parte de buena matriz de lo que es Penélope”, dice sin evasivas Katrina Bayonas, su representante desde hace 35 primaveras. Cruz no quiere rodar más de una película al año, a lo sumo dos, para tener tiempo de estar con Retrato y Leo. Si hay que alucinar, procura que el rodaje sea en verano, para poder vestir a los niños. Y así lo ha hecho este año. Ha viajado con ellos a Italia, donde el 1 de agosto estaba previsto el inicio del rodaje de una cinta de Michael Mann —”es todo energía”—, director de Collateral y Miami Vice, sobre la vida de Enzo Ferrari, interpretado por Adam Driver, uno de los actores más sólidos de los últimos primaveras —”me siento muy cómoda con él”—, y de Laura Ferrari, una mujer fascinante, pero en la sombra, a la que ella da vida. El día que deje con nosotros para esta entrevista, lo hace por videoconferencia —su memorándum impide una entrevista en persona—, desde un punto cerca de Módena, cuando se halla enfrascada en los ensayos con el actor estadounidense.

“En mi vida, todo tournée en torno a la maternidad, y a las lecciones maravillosas que eso trae cada día”, dice sin dudar, ataviada con un vestido fresco, sin mangas, blanco, con motivos azules; se ha puesto las anteojos, un mechón adverso cae sobre su cara.

Desarrollar esa forma de productora le conviene en este momento dinámico, le permite tener un trabajo cómodo, en Madrid, cerca de Retrato y Leo. La productora se pasión Moonlyon, en homenaje a sus hijos.

La idea es desarrollar pocos proyectos, pero adecuadamente cuidados. La primera vez que produjo fue en Ma ma (2015), de Julio Medem, un filme del que se enamoró. Y ahora ha vuelto a suceder. Cuenta que le han ofrecido producir más de 15 veces, y que siempre dijo que no, indemne en Ma ma, su primera experiencia, y ahora en En los márgenes.

Su implicación ha sido total, ha vivido la película como suya. “Ha defendido el esquema con uñas y dientes”, asegura Juan Diego Botto. Estar en el proceso desde el principio, resolver el puzle de la financiación, tomar decisiones sobre el equipo, sobre el casting, velar por que la gentío esté cuidada, a paladar. Así describe ella su papel de productora en la película. “Pero eres uno más, sin que todo dependa de ti”.

Tener a Penélope Cruz en la producción y de protagonista ayuda mucho a poner en marcha un filme como En los márgenes, cine de autor, social, de denuncia, que aborda una efectividad tan dura como la de los desahucios. “Me apetece mucho producir”, confiesa Cruz. “La vida me ha colocado en una posición en la que hacerlo es un privilegio y, casi, una obligación. Me permite usar el punto que tengo la suerte de tener ahora, posteriormente del trabajo de tantos primaveras, para contribuir. Y lo que más me puede enamorar es que sea con gentío nueva, con gentío que empieza”. Como su amigo Juan, que debuta como director de cine con esta pelícu­la que llegará a las salas el próximo 30 de septiembre.

La idea de escribir cine ya rondaba en la cabeza de Juan Diego Botto antes de que tuviera 11 años. En este retrato lleva jersey de cuello alto, pantalón, chaqueta y botas, todo de Prada.
La idea de escribir cine ya rondaba en la cabecera de Juan Diego Botto antaño de que tuviera 11 primaveras. En este retrato lleva chaleco de cuello suspensión, pantalón, chaqueta y botas, todo de Prada. Nico Bustos

La idea de escribir cine ya rondaba por la cabecera de Juan Diego Botto antaño de que tuviera siquiera uso de razón. Tenía 11 primaveras y andaba haciendo sus pinitos de irreflexivo actor, a las órdenes de Jaime Chávarri en El río de oro, cinta protagonizada por Ángela Molina, cuando, un día, ni corto ni perezoso, le espetó al escritor Álex Pelado-Sotelo: “Yo quiero escribir un guion”.

Pelado-Sotelo, que en aquella película hacía labores de ayudante de dirección, empezó a darle los primeros consejos: tienes que ir tomando notas de las ideas que se te ocurran, puedes anotarlas en una cartilla, en algún post-it…

“Lo diría para hacerme el decano”, sonríe de medio banda Botto, que cumple 47 primaveras poco antaño de la inauguración del Festival de Venecia. El actor, nacido en Buenos Aires, recuerda esta pequeña historia tras reflexionar unos segundos, mirando al techo del Café Comercial de Madrid, en la rotonda de Bilbao, donde saborea de buena mañana (a las 9.40) un café con goma. Lleva pantalones pesqueros beis, con grandes bolsillos, camisa garzo claro y zapatillas deportivas negras. Se ha bajado desde Torrelodones en autobús para evitar el atascazo de la A-6 por las mañanas y alcanzar puntualmente a la cita.

A mediados de los ochenta, Cristina Rota y sus tres hijos vivían en la plaza de Santa Ana, zona en la que abundaba la prostitución. Botto conocía a un pequeño, hijo de una meretriz, con el que los chavales del alfoz se metían a menudo. Y se montó una película, se la imaginó. “Creo que esa fue la primera vez en que se me pasó por la cabecera lo que sería hacer un filme, la primera vez en que pensé en escribir cine”, cuenta. Con 11 añitos. Nunca llegó a escribir ese guion. Pero la pulsión emergió temprana.

La inquietud por dirigir fue poco que fue creciendo a medida que fue despuntando su pasión por el teatro. Le inspiró ver cómo trabajaban sus dos grandes referentes, Montxo Armendáriz (“uno de mis mejores amigos, todo coherencia”), que lo colocó en el carta como protagonista de Historias del Kronen (1995), y Adolfo Aristarain (“el hombre que me regaló uno de mis mejores filmes [Martin Hache, de 1997, junto al gran Federico Luppi], y la posibilidad de retornar a Argentina trabajando como actor”). Pero lo que le condujo a dirigir fue la exigencia de contar sus propias historias. Y la perspectiva de tener pleno control sobre ellas.

Uno de los momentos esencia que sirve para explicar su brinco a la dirección con En los márgenes se produce a principios de 2004, cuando aún vivía en la calle de Carretas. Allí, en un loft con vistas a la Puerta del Sol, sentado a una gran mesa de madera que aún conserva, empezó a garrapatear las primeras líneas de Un trozo invisible de este mundo, obra de la que es autor y director. La escribió en un cuaderno Moleskine, con bolígrafo de rosca —”me hacía comprobar más importante”, dice, y sonríe—. La remató aquel verano en Esauira, cuando se fue de recreo con la que es su compañera, la periodista (y coguionista de En los márgenes) Olga Rodríguez.

Se sintió inesperadamente cómodo. Eso de tener el control creativo de todo el proceso le apetecía. Allí nació el Juan Diego Botto director.

Penélope Cruz, que ya tiene un Oscar, tres Goya, un Bafta y un David di Donatello, ganó este año el Premio Nacional de Cinematografía. Lleva boina de Chanel y jersey de cuello alto de Max Mara.
Penélope Cruz, que ya tiene un Oscar, tres Goya, un Bafta y un David di Donatello, ganó este año el Premio Doméstico de Cinematografía. Lleva casquete de Chanel y chaleco de cuello suspensión de Max Mara.Nico Bustos
Juan Diego Botto debuta como director con 'En los márgenes', que se presentará en el Festival de Venecia y llegará a las salas españolas el 30 de septiembre. Aquí, con polo y pantalones City Two Princes, de Loro Piana, y zapatos Glove Derbies, de Steve Mono.
Juan Diego Botto debuta como director con ‘En los márgenes’, que se presentará en el Festival de Venecia y llegará a las salas españolas el 30 de septiembre. Aquí, con polo y pantalones City Two Princes, de Locuaz Piana, y zapatos Glove Derbies, de Steve Macaco.Nico Bustos

Fue precisamente a la salida de una representación de Un trozo invisible de este mundo cuando se plantó la semilla de la futura colaboración entre Juan y Pe que ha desembocado en En los márgenes. Corría el año 2012 y, tras asistir a la primera obra escrita por su amigo Juan, Penélope Cruz le propuso que escribiera poco que pudieran hacer juntos, poco sobre celos. Juan Diego Botto recuerda que dejó adormecerse aquella idea durante un año y medio hasta que, un verano, de nuevo con su compañera, Olga, y su hija, Salma, de recreo, esta vez en Tánger, se puso manos a la obra. Comenzó a escribir la secuencia de una pareja que discute una incertidumbre, la que ha desembocado en la secuencia 85. Pero no le salió una historia de celos. Emergió un drama sobre dos personas vapuleadas por los estragos que genera una amenaza de desahucio, el tema que en aquellos momentos latía en las calles, la chiva tira al monte. Teniendo en cuenta el acción directa del que ha hecho aderezo a lo dadivoso de toda su carrera y su compromiso político (militancia en la Fusión Comunista de España en sus primaveras mozos, manifestaciones contra la pelea de Irak adyacente a su amigo el adorado Juan Diego, apoyo a familiares de las víctimas del franquismo como en el flamante desentierro de fosas comunes en Villadangos, Valeroso), el cine social era un punto de venida casi obligado. Se lo planteó a Pe. Y Pe dijo sí, que la escribiera. La acabaría dirigiendo.

Fue su compañera, Olga Rodríguez, la que le puso en contacto con personas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), la que le dijo que las mujeres tenían que tener peso en esta historia porque ellas son las que, mayoritariamente, crean redes de afectos. “Olga puso las vigas de este guion”, reconoce Botto.

Y fue en una de las múltiples asambleas de afectados por la hipoteca a las que asistió donde se reencontró con aquella vecina que tuvo cuando vivía con su matriz cerca de Torres Blancas, encima de la mítica sala de conciertos Rockola. Allí estaba aquella mujer, la vecina del botellín, la que regentaba aquella pastelería en la que el Botto irreflexivo soñó una y mil veces quedarse atrapado una incertidumbre para comerse todos los pasteles. Tan adhesión como siempre, rubia, pero con 69 primaveras, buscando cobijo en una asamblea de la PAH cerca del Puente de Vallecas. Corría mayo de 2013, había perdido su casa, la había hipotecado para sacar delante la pastelería, las cosas no salieron adecuadamente. Era argentina, de clase media, como la matriz de Botto cuando llegó a España. Le podría tener pasado a él, a su grupo.

Penélope Cruz, que ha llamado su productora Moonlyon en homenaje a sus hijos (Luna y Leo), con bodi y falda de Michael Kors.
Penélope Cruz, que ha llamado su productora Moonlyon en homenaje a sus hijos (Retrato y Leo), con bodi y falda de Michael Kors. Nico Bustos

No le resultó difícil empatizar con esas historias de buenas gentes a las que un buen día todo se les tuerce y de pronto se encuentran en una situación en la cual no saben dónde van a meter a adormecerse a sus hijos al día subsiguiente. Cuando era pequeño, en Argentina, antaño de alcanzar a España, se mudó 14 veces de casa poco posteriormente de que desapareciera su padre, incluso actor, Diego, un desaparecido más de la dictadura de Videla. “Esos son los ladrillos constitutivos de quien soy: el deportación, la desaparición de mi padre, el ir de un banda a otro, la lucha de mi matriz por sacarnos delante… De ahí debe de salir la empatía con quienes lo han pasado mal. Cuando escribo, solo pienso en lo que me interesa y lo que me conmueve, falta más. Y a posteriori me doy cuenta de que siempre me salen historias desde debajo, de gentío sin cargos, ni corbatas ni poder”.

A Penélope siquiera le costó empatizar. Ella se crio en Alcobendas y en San Sebastián de los Reyes, en el extrarradio de Madrid, “en una casa chiquitita”. Sabe lo que son los esfuerzos para alcanzar a fin de mes, su matriz regentaba una peluquería, su padre trabajó en una ferretería. No vivió el drama de un desahucio, pero esos ambientes no le resultan ajenos. “Estoy orgullosa de tener podido contar la historia de estas personas, son cosas que siguen ocurriendo. Y todavía hay niños que se siguen quedando sin casa, en la calle”.

“Yo le puedo contar a Juan cualquier cosa de mi vida”, reconoce Penélope Cruz. Aquí viste jersey The Row vía Yoox.
“Yo le puedo contar a Juan cualquier cosa de mi vida”, reconoce Penélope Cruz. Aquí viste chaleco The Row vía Yoox.Nico Bustos

Juan y Pe, así se llaman el uno al otro, comparten una inclinación social. Conectan en su guisa de acercarse a la grupo, al trabajo. Sus trayectorias cinematográficas se cruzaron en 1996, cuando rodaron La Celestina, de Gerardo Ribera; él era Calisto, ella, Melibea. Si se les pregunta en qué son distintos, Botto contesta que a ella le encanta existir a las cercanías de Madrid y que él es “rata de ciudad”, se mudó del centro de Madrid hace un año y no lo lleva demasiado adecuadamente. Cruz, por su parte, cuenta entre risas que nunca ha entendido esa guisa que tiene él de cruzar por los pasos de cebra sin mirar a izquierda y derecha como todo el mundo, él mira de frente, solo vigila con el rabillo del ojo.

Se ven a menudo, hablan cada dos por tres, y más ahora, cenan con sus respectivas parejas en sus respectivas casas. “Somos íntimos amigos”, afirma la actriz. “Yo le puedo contar a Juan cualquier cosa de mi vida, que ni se asusta, ni yo me voy a ir preocupada por si dice poco. Es como grupo para mí”.

Por no destripar el argumento, no daremos detalles, pero Penélope Cruz y Juan Diego Botto se tiraron toda la película con cierto temor delante las dos noches en que se rodaría la secuencia 85, uno de los puntos culminantes, cuando sus dos personajes por fin cruzan sus trayectorias (él interpreta a un artesano de la construcción argentino): un plano de cuatro minutos y medio, duro, difícil, todo un desafío interpretativo. “Era como rodar teatro”, dice ella. “Y es uno de los días que más he disfrutado desde que empecé a trabajar cuando era casi una pupila. Fue como un bailable. Todos esos primaveras de estudiar juntos, nuestra amistad, las pelis que hemos hecho juntos, todo lo que tenemos en global… Todo eso estaba ahí”.

Créditos

Estilismo Juan Cebrián

Asistente de estilismo Paula Corregidor

Maquillaje y peluquería Pablo Iglesias y @Nuria Sáenz

Manicura Cuerpo celeste Hurtado

Diseño de set Rocío Ley

Asistentes de fotografía Lorenzo Profirió, Amets Iriondo y Edy Pérez Ortiz

Producción Maia Hoetink

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