#La reapertura de Ceuta y Melilla con Marruecos para trabajadoras transfronterizas comienza sin ninguna entrada #noticias #2022

#La reapertura de Ceuta y Melilla con Marruecos para trabajadoras transfronterizas comienza sin ninguna entrada #noticias #2022

Unas 200 trabajadoras transfronterizas se concentraron este martes por la mañana en la ciudad marroquí de Fnideq (antigua Castillejos) para reclamar la concesión de visados con los que regularizar su situación en Ceuta. En el nordeste de Marruecos, enfrente de Melilla, decenas de personas se concentraron también en el paso fronterizo de Beni Enzar. La fecha pactada por España y Marruecos para permitir la entrada de estas empleadas era este martes 31 de mayo. Pero ni una sola trabajadora ha cruzado los pasos, según indicaron fuentes de las delegaciones del Gobierno de ambas ciudades. La concentración pacífica fue controlada en Fnideq en todo momento por la policía, que grababa a los manifestantes, como suele ser habitual en Marruecos. También en Beni Enzar hubo una fuerte presencia de agentes.

La mayoría de las trabajadoras se quejaban de que no pueden obtener su visado para entrar en Ceuta y Melilla porque, tras dos años de fronteras cerradas, sus antiguas empleadoras ya han contratado a otras personas y no quieren darles de alta. Con la restricción de entrada aún vigente, las trabajadoras que han perdido su contrato por la pandemia no podrán entrar en Melilla ni siquiera a buscar trabajo. Cada caso ofrece sus peculiaridades, pero todos los trabajadores reclaman un visado para recuperar sus empleos.

El prometido visado, con un mes de validez, solo permite cruzar una vez para finiquitar los trámites. Y para conseguirlo, el contrato y la autorización de la Delegación son imprescindibles.

Latifah es de las que tienen suerte, aunque de momento no pueda cruzar. Vive con sus dos hijos en Beni Enzar y ha estado años contratada como transfronteriza en Melilla. “Mi jefa me ha dicho que me vuelve a hacer el contrato, pero me lo tienen que mandar”, explica por teléfono desde Beni Enzar.

La concentración que se ha registrado en el municipio de Fnideq, de 77.000 habitantes, ofrece una buena muestra de los problemas laborales y financieros que ha causado el cierre de la frontera. Habiba Cherdoud, de 59 años, quiere cruzar a Ceuta para cobrar la pensión de su marido muerto. La última paga, de 500 euros, la cobró en noviembre de 2019. A su lado, Mohamed Baghoul, de 54 años, dice que llevaba más de 10 años trabajando en la chocolatería Maruja, de Ceuta. “Y ahora llamo a mi jefe y no me coge el teléfono”. Fátima Zahra, de 36 años y en posesión de un diploma de cuidadora de mujeres mayores, explica que estuvo 13 años trabajando con seguro, que su “señora” ya murió y que ahora quiere entrar para buscar trabajo.

Economía sumergida

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El problema es que solo podrán entrar en Ceuta y Melilla quienes acrediten que tienen un empleador dispuesto a contratarles. “Lo que no se quiere”, señala por teléfono una fuente de la Delegación del Gobierno en Ceuta, “es que haya trabajadores que entren aquí sin contrato para trabajar en la economía sumergida, que era lo que ocurría antes. Con eso se quiere terminar. Ese es el acuerdo al que llegaron los dos países”.

Chakib Marwan, jefe en Tetuán de la Unión Marroquí de Trabajadores Fronterizos, asegura que en las ciudades próximas a Melilla hay unos 5.000 empleados y en las que están en la provincia de Tetuán, próxima a Ceuta, 3.600. Pero no existen cifras oficiales. En cualquier caso, se trata de miles de personas que llevan más de dos años sin trabajo, que se quedaron en Marruecos durante la pandemia y que ahora aspiran a obtener un visado para volver a trabajar en Ceuta o Melilla.

Rahma Sbchi, de 53 años, explica: “Aquí todo el mundo tiene niños, casas… Hambre no pasamos, pero vivimos muy mal. Todos llevamos muchos años trabajando en Ceuta y de pronto nos vemos con las manos vacías”. Muchos se quejan de que las personas para las que trabajaron durante años ahora no les responden.

“Y ahora todo ha cambiado”

Una trabajadora facilitó a este diario el mensaje que le dejó hace varias semanas su antigua empleadora en Ceuta : “Mira, Mina. Tú sabes que yo he cogido una muchacha. Porque llevo mucho tiempo sola y yo no podía. Y ahora todo, todo ha cambiado, Mina. Hay mucho lío de papeles, mucho dinero. Yo no puedo gastarme ese dinero, Mina, porque no lo tengo. Yo me acuerdo muchísimo de ti, todos te queremos muchísimo, tú sabes que tú aquí has estado muy bien, que has tenido tu médico, tu pasaje, has tenido todo… Te hemos querido muchísimo todos y te seguimos queriendo. Y te deseo que te cuides mucho. Muchos besos y un abrazo de todos nosotros. Adiós, hija, adiós”.

Fátima, una mujer de 65 años, solicita que se oculte su apellido porque no quiere perjudicar a la familia que la contrató en Ceuta. Explica que, cuando se cerró la frontera a raíz de la pandemia en marzo de 2020, la familia para la que trabajaba continuó enviándole dinero durante ocho meses. Hace un mes, cuando se enteró de que iban a abrir la frontera, llamó a su empleador para que le renovase los papeles. “Y me dijo que me quieren mucho en la familia, que me pueden seguir pasando dinero para mí y para mis hijos, pero que ya no me pueden contratar”. Fátima, sin embargo, no quiere ese dinero. “Porque eso dura uno o dos meses. Yo lo que quiero es trabajar, tener mis papeles. Tengo médico en Ceuta, porque tengo una enfermedad grave de corazón, tengo tarjeta en Bankia. Y no quiero darles problemas de abogados ni nada, solo quiero trabajar”.

Fuentes de la Delegación del Gobierno en Ceuta indicaron que el departamento de Extranjería, en Ceuta, comenzará a dar citas a partir de este miércoles para tramitar un promedio de 30 o 40 casos al día. “Las personas citadas son las que con su visado especial podrán regularizar su situación”, señaló la misma fuente. “El empleador tendrá que darles de alta en la Seguridad Social para hacer todo el trámite de Extranjería y que puedan tener la tarjeta de trabajador fronterizo”.

Al cabo de dos horas la manifestación se disolvió de forma muy ordenada en Fnideq. La policía se encargó de que mujeres y hombres volvieran a sus casas sin formar grupos numerosos. Abdelmalik Zerrad, un albañil de 44 años, que había cotizado en Ceuta durante 12, aseguró antes de marcharse que su jefe le ha dicho que ya ha metido a otra persona. “No me importa. Pero al menos, que me paguen el finiquito”, decía.

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