#La selección de Costa Rica, el sueño del Mundial y la amenaza de España #noticias #2022

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Borges pelea con Rivierez, de Martinica, en el duelo de la Concafaf Nations League el pasado 5 de junio.EZEQUIEL BECERRA (AFP)

Una cita de Bartolomé de las Casas, uno de los primeros colonizadores en llegar a Costa Rica, refirió que aquello era un “vergel deleitable”. Cinco siglos después, Celso Borges (San José, 1988), una de las banderas de su selección de fútbol confirma que, aún en tiempos de incertidumbre, estamos ante “un país de gente feliz”. En Costa Rica se abolió el ejército en 1949 tras una guerra civil que duró 44 días. Desde entonces, presume de una robusta democracia que canaliza inversiones hacia la sanidad y la educación para llevar la tasa de esperanza de vida y alfabetización a niveles del primer mundo. Pero no son pocos los que piensan en el país que el fútbol ayudó a ponerles con más luces en el mapa. En 1990 se estrenaron en un Mundial y sorprendieron al pasar la fase de grupos; en 2006 disputaron el partido inaugural ante Alemania; en 2014 solo una tanda de penaltis les separó de las semifinales. Este martes buscan su sexta participación mundialista en un duelo a partido único contra Nueva Zelanda en Qatar. El ganador será, el 23 de noviembre en Doha, el primer rival de España en el Mundial.

“Prefiero no pensar en si vamos a jugar con España o Alemania y tampoco compro la etiqueta de favorito para hacerlo. Quizás nos vean así porque, por suerte, nos hemos mostrado más que ellos a nivel internacional y se nos conoce más”, previene Borges, de regreso a su país tras más de 12 años en cuatro destinos europeos, entre ellos A Coruña y el Deportivo. Contra Nueva Zelanda cumplirá 150 internacionalidades. Nadie en Costa Rica ha jugado más partidos con la selección. “Miro atrás y pienso en la fortuna que tengo. Me puede más ese sentimiento que el del orgullo, que también existe, claro. Tantos partidos lo que dicen es que el rendimiento ha sido muy constante, que el tiempo pasa rápido, pero que también lo disfruto”, explica.

Borges partió en 2009 hacia Noruega. Quería explorar sus límites como futbolista y sabía que debía hacerlo en Europa. No le importó tanto el destino como el hecho de aterrizar y empezar a hacer camino en un tiempo en el que además ya se había instalado en la selección: aquel año disputó una repesca para jugar el Mundial de Sudáfrica. Fue a doble partido, contra Uruguay. Costa Rica se quedó a un gol del objetivo. De aquel equipo velan armas ahora en Qatar otras tres piezas. El meta Keylor Navas, el lateral zurdo Bryan Oviedo, de larga trayectoria en la Premier, y el finísimo mediapunta Bryan Ruiz. Todos están de vuelta en casa excepto el portero del París Saint-Germain. “El fútbol en Costa Rica y, en general, en la Concacaf ha elevado muchísimo el nivel en la medida que no solo jugadores sino también entrenadores han podido salir a Europa y traer de vuelta diversas metodologías”, recalca Borges.

Costa Rica es hoy un equipo maduro que empieza a tejer el relevo. Navas, Borges, Campbell o Tejeda estaban en el conjunto que hizo historia en 2014, una cita que se perdió Oviedo por sanción y en la que el central Waston fue uno de los últimos descartes. Los seis se vislumbran como titulares ante Nueva Zelanda, pero el técnico colombiano Luis Fernando Suárez, que ya llevó a Ecuador y Honduras a sendos mundiales, acierta a dar vuelo a nuevas camadas. “Hay mucho talento en las granjas”, sostiene Borges, que ve en la mirada de esos chicos la voluntad de crecer. “Tienen la ilusión de comerse el mundo y preguntan mucho. Quieren saber qué hay más allá del fútbol local y los veteranos también nos nutrimos de esas ganas que tienen”. Hay nuevas ilusiones. Como el mediapunta Brandon Aguilera, que con 18 años está en Qatar con la selección, o Anthony Contreras, de 22, autor de goles decisivos en el epílogo de un torneo octogonal en el que el equipo cumplió una primera vuelta sin victorias y una segunda sin derrotas. “Llegamos en un contexto opuesto a aquella repesca de 2009. Entonces teníamos el pase en la mano tras ser líderes muchas jornadas y lo tomamos como una consolación. Ahora, lo tomamos como un premio”, estima Borges.

En ese proceso Costa Rica encontró su fútbol. “En torneos cortos siempre nos ha ido mejor cuando nos equilibramos bien defensivamente. La evolución en los últimos meses vino en cuanto encontramos la solidez y fuimos más agresivos sin balón”, describe Borges, que sigue manteniendo su capacidad para darle continuidad al juego en mediocampo y ejercer de llegador; “debemos poner mucha atención a cómo llenamos las áreas, tanto en defensa como en ataque. Nueva Zelanda es un equipo que conoce muy bien sus fortalezas y debilidades”.

A pesar de aquella cita perdida en Sudáfrica tras la derrota en Montevideo, un triunfo pondría a Borges ante su tercer Mundial. Y resta la ilusión de continuar hasta el que se organizará en la Concacaf a través de México, Estados Unidos y Canadá en 2026. No se pone fecha de caducidad Borges, satisfecho por el desarrollo estructural del fútbol en su país. Pero que a día de hoy se maneja en el cortísimo plazo: “Lo único que tengo en la mirada es el partido contra Nueva Zelanda”.

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