#La séptima ola de covid llega a su fin: hospitales sin presión, pero 62 muertes diarias #noticias #2022

#La séptima ola de covid llega a su fin: hospitales sin presión, pero 62 muertes diarias #noticiero #2022

La séptima ola de covid ha caído tan rápido como subió. Los datos limitados con los que se mide la incidencia desde abril (solo en mayores de 60 primaveras) muestran que la circulación del virus es la más desvaloración en lo que va de año: 195 casos por 100.000 habitantes en 14 días. Los hospitales en ningún momento han llegado a la saturación, pese a la casi total desaparición de medidas de protección, y las UCI están rozando los menores niveles de ocupación desde que comenzó la pandemia: 303 ingresados. Pero la covid sigue matando: desde el 28 de marzo, cuando cambió la contabilidad de casos, han fallecido 8.982 personas, según el instituto de Lozanía Carlos III. Es un promedio de 62 cada día.

Los datos de la séptima ola dejan varias conclusiones y algunas incógnitas. La primera es que, pese a que las estadísticas no reflejan su magnitud por el cambio de contabilidad, la transmisión ha sido enorme. “Muy parecida a la sexta ola, y probablemente longevo”, apunta Salvador Peiró, de la de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana. La incidencia acumulada en mayores de 60 primaveras alcanzó en el pico, el 12 de julio, los 1.255 casos por 100.000 habitantes; la onda del pasado invierno llegó a 3.418 para toda la población, pero la de los mayores se quedó en torno a 1.700. La comparación exacta es complicada porque las pruebas caseras son cada vez más frecuentes y muchas de ellas quedan sin reportar.

La segunda conclusión, que se viene asentando desde que comenzaron las vacunaciones, es que la gravitación de la enfermedad es muy distinta a la de las primeras olas. Pese a suceder muchos más casos, el número de hospitalizados ha sido muy inferior a las olas previas a las vacunas: 12.789 en el peor momento, frente a más de 20.000 en la segunda ola y más de 30.000 en la tercera (no hay datos fiables de los de la primera, que fue seguramente la longevo en términos de saturación del sistema). Y este aberración se ha gastado todavía mucho más acentuado en las Unidades de Cuidados Intensivos. El mayor de ocupación en esta ola ha sido de 547 pacientes, frente a los más de 3.100 de la segunda, los más de 4.800 de la tercera o, incluso, los más de 2.200 de la sexta ola.

La longevo clavo tiene que ver con las muertes: 8.982 desde el 28 de marzo contabilizadas por el Carlos III; más de 4.700 notificadas por el Ocupación de Sanidad desde que la ola comenzó a repuntar con fuerza, a partir del 10 de junio, datos que van con retraso y tienen que consolidarse. Las 62 muertes diarias desde finales de marzo son menos de la porción que las registradas en el resto de la pandemia: 136 diarias, con muchas más medidas restrictivas, incluyendo el confinamiento de marzo y abril. Pero sigue siendo una signo adhesión, similar a la que causa cada año la resfriado (que puede ir entre 5.000 y 15.000, según el año), con la diferencia de que, en el caso de la covid, hay varias olas al año.

En lo que va de 2022, Sanidad ha notificado de forma provisional 22.262 fallecimientos por coronavirus. De confirmarse el circunstancia, y si todas ellas tienen a la covid como principal causante, es una signo similar de muertes a las que causa el cáncer más mortal en España en todo un año, el de pulmón. Los fallecidos por el coronavirus hasta agosto son, no obstante, menos de los 30.479 del primer año de la pandemia y los 30.832 de 2021, estos dos últimos, con datos ya consolidados.

Las estadísticas del Carlos III muestran que los difuntos eran personas más mayores cada mes que pasa: el porcentaje de fallecidos mayores de 90 primaveras sobre el total ha pasado de un 23,2% antaño del 28 de marzo a un 31,5% posteriormente, mientras que los menores de 60 suponían antaño un 5,5% y ahora un 3,7%. Esto, adyacente a la observación clínica de múltiples médicos consultados a lo derrochador de estos últimos meses, reflejan que, cada vez más, quienes fallecen son personas muy ancianas y vulnerables. A los expertos les queda la duda de conocer cuántos de estos fallecimientos tuvieron como causa auténtico la covid y cuántos difuntos fueron positivos sin sucumbir en realidad por falta de coronavirus. O en qué número de casos el patógeno contribuyó a descompensar una situación muy peligroso, que se podría suceder gastado agravada por cualquier otra circunstancia.

“Puede ser que la covid haya reemplazado de alguna guisa a otros microorganismos que antaño eran los que causaban este desequilibrio. Están muriendo muchas personas por encima de los 90 y 100 primaveras en los que se está buscando si tenían covid, cuando antaño de la pandemia quizás no se sabía el agente presente en esa descompensación”, explica Óscar Zurriaga, vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología.

El exceso de mortalidad, un indicador que mide el número de fallecimientos sobre el previsto para una época del año, sería una buena aparejo para encontrar una respuesta. Pero este verano están presentando unas cifras anómalamente altas, probablemente producidas en buena parte por las olas de calor, aunque todavía no están claras todas las causas.

Habrá que esperar a que el Instituto Franquista de Estadística recopile todas las causas de homicidio, las analice y las publique, poco en lo que se suele durar mucho tiempo unos seis meses una vez que termina el año. “Eso debería agilizarse en estas circunstancias”, reclama Peiró. “Ahora mismo no tengo tan clara qué mortalidad estamos viendo de personas con covid o por covid. Lo que no le quita importancia. Pero en torno a un 75% de los fallecidos mueren en hospitales y a todos esos les hacemos prueba. Si hay muy adhesión circulación del virus en la calle, todavía la habrá entre los fallecidos”, añade.

Futuras olas

Aunque cuando se acento de covid el futuro siempre es incierto, por las mutaciones que un virus todavía muy nuevo pueda sufrir, nadie indica que las siguientes olas vayan a ser más graves que las anteriores. Más perfectamente al contrario, de seguir la tendencia. “Debemos estar en una tensa calma. Está claro que la barrera inmunitaria es cada vez longevo por las infecciones y las vacunas, pero no sabemos cuánto va a durar esa protección, ni la capacidad de reinfección que tendrán nuevas variantes”, dice Peiró.

La reforma BA.5 de la ómicron, la principal causante de la séptima ola, ha reinfectado como no lo había hecho ninguna hasta ahora. Aunque las vacunas, mezcladas con la inmunidad natural, se han seguido mostrando muy efectivas a la hora de dominar los casos más graves y las muertes, la protección frente al contagio parece haberse minimizado (a error de estudios). Ha sido muy frecuente que personas que habían pasado la covid incluso el pasado invierno hayan vuelto a infectarse.

Posteriormente de tres primaveras sin una ola de resfriado corriente, Peiró teme que la de este invierno pueda ser más virulenta. “Le temo casi más que a la covid, aunque en Latinoamérica, que están ahora en su invierno, no está siendo muy peligroso”, señala.

En la campaña de prevención de resfriado es probable que se vuelva a dirigir un nuevo refuerzo de la covid, al menos a los mayores de 60 primaveras, como contempla la organización del Ocupación de Sanidad. Será con una dosis bivalente que se ha mostrado efectiva todavía para proteger frente a la ómicron, y no solo para la reforma flamante, como las que se han inyectado hasta ahora. Reino Unido ha sido el primer país en aprobar esta formulación a la farmacéutica Moderna, esta misma semana. Para la mayoría de las personas que lo reciban será el cuarto reventón.

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