#Laporta pide militancia en el Camp Nou tras la invasión de 30.000 seguidores del Eintracht #noticias #2022

#Laporta pide militancia en el Camp Nou tras la invasión de 30.000 seguidores del Eintracht #informativo #2022

El Camp Nou envejece sin que acabe de emanar el Espai Barça mientras que por el camino se anuncia una parada en Montjuïc para la temporada 2023-2024. El Barça ya tuvo que modificar 1,8 millones de euros en agosto pasado para reparar los desperfectos de un estadio que ha perdido espectadores de forma progresiva y que solo se ha estremecido delante retos inéditos como fueron los partidos del Barcelona afeminado delante el Existente Madrid (91.553) y el Wolfsburgo (91.648). El poder de convocatoria del equipo que capitanea Alexia Putellas contrastó con la desmovilización generada por el que lidera Busquets. Uno ha sido capaz de atraer a un simpatizante nuevo, más lozano y accesible, mientras que el otro ha cansado al socio ya curtido y no ha despertado ningún interés en el muchacha ni siquiera en el turista que regresa a Barcelona.

Ninguna imagen refleja mejor la temporada desde el punto de olfato del desinterés social, y todavía de la penuria deportiva y la menester económica -la cuestación superó los tres millones-, que la del partido de la Jarretera Europa jugado el 14 de abril delante el Eintranch Fráncfort cuando 30.000 alemanes ocuparon el Camp Nou cada uno con su entrada adquirida a través de la web del club o por la importación en la reventa facilitada por los socios y abonados -cerca de 15.000- del Barça. Aquella invasión de hinchas blancos denunció la apatía de muchos barcelonistas y obligó a la directiva a revisar la política destinada a fomentar la audiencia al Camp Nou. La consigna es premiar la fidelidad, evitar el mercadeo y advertir de que la posesión de un mantillo no significa tener un asiento en propiedad por más que los socios sean los dueños del Barça.

La directiva ha anunciado este miércoles que los abonados ya no dispondrán de más tiempo de excedencia -se habían acogido 26.291- y que aquellos que no vayan al estadio o liberen su asiento en ningún partido de la temporada 2022-2023 perderán su condición de abonados para el curso 2023-2024. Igualmente se aplicará el Seient Lliure a la inversa a los que no acudan al campo 10 partidos y pondrá su entrada a la saldo si no avisan antaño de 72 horas -en el caso del Palau será de seis partidos- y, por contra ofrecerá ventajas y descuentos a los socios que asistan a un 85% de los encuentros del Camp Nou. El plan incluye así mismo la creación de un mantillo digital y la aggiornamento del censo -la última revisión es de 2012-. El Barça quiere incentivar las altas de socio y activar al abonado o recurrirá a la tira de aplazamiento, donde los registrados son unos 13.000.

Un crónica del club asegura que la audiencia media al estadio antaño de la pandemia decretada en 2019 era de unos 73.000 espectadores -sobre una capacidad de 98.000 aficionados- y que solo unos 44.000 de los 85.000 abonados acudían al campo mientras que 20.000 ni siquiera liberaban su asiento, según publicó el diario Sport. Los números no han mejorado luego de que se acabaran las restricciones por la covid-19. Aunque al final clásico acudieron 86.442 personas, la audiencia en la coetáneo temporada difícilmente superó los 70.000 espectadores e incluso se alcanzaron cifras que no se daban desde 2003 como ocurrió en el partido contra el Cádiz: 57.495 espectadores. El choque delante el Sevilla, momento cumbre del curso, escasamente superó los 76.000 aficionados -las sillas vacías ascendían a 22.000-.

La billete en la última y decisiva asamblea fue igualmente muy escasa a pesar de ser telemática: los compromisarios que votaron la saldo de los activos del club fueron 646 y 549 cuando habían sido convocados 4.478 -en 2010 llegaron a ser 1.202. Los números contrastan con los registrados en las elecciones de 2021 cuando votó el 50,42% de los socios: 55.611 sobre 110.290 -actualmente el censo es de 144.484, remotamente de la emblema récord de 176.058. Ha habido una pérdida de interés colectivo y una creciente comercialización de los abonos de la misma guisa que ha disminuido la presencia de turistas en el estadio a causa de la pandemia y luego por la salida de Messi y la poca competitividad de un equipo que ha cerrado la temporada en blanco por primera vez desde 2008.

La crisis luego es deportiva, económica y social en un club que es propiedad precisamente de sus socios, a los que Laporta ha eximido de que aporten metálico -ya sea a través de las cuotas o derramas- para combatir una situación de extrema gravitación porque “no son sus responsables” sino que la falta es de la aludido directiva presidida por Josep Maria Bartomeu. Laporta no les pide metálico -el club recauda más de 40 millones por los abonos y menos de 20 por las cuotas- sino militancia: hay que retornar a satisfacer el Camp Nou.

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