#Las llamas arrasan el futuro de Sierra Bermeja #noticias #2022

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Un avión participa en las labores de extinción del fuego en Sierra Bermeja, Málaga, este viernes.JORGE GUERRERO (AFP)

En la plaza de la Alameda, en Pujerra —298 habitantes a casi dos horas de Málaga— sonaba a media mañana de ayer un pasodoble. La charanga Llena que nos vamos quería alegrar unas calles desoladas que lucían coloridos banderines a cuenta de las fiestas patronales de la localidad, que se celebran este fin de semana. Casi ningún vecino tenía ganas de fiesta. No apetecía. La música se mezclaba con el ruido de helicópteros e hidroaviones, el aire olía a quemado y, a pesar de brillar el sol, llovían cenizas y pavesas. “Esto es la ruina”, decía Francisco Calvente, que escapaba del calor tomando una cerveza a la sombra junto a su amigo Ángel Morales, ambos de 78 años. Calvente emigró a París durante más de dos décadas y luego volvió al pueblo. Adquirió una finca de ocho hectáreas en los 90 y la repobló con castaños, que tardaron ocho años en echar fruto. “Tanto trabajo para nada. Ahora todo el campo quemado”, se lamentaba. El incendio forestal de Sierra Bermeja fue dado por estabilizado el viernes, pero el sábado el humo se reproducía en una decena de puntos de las 3.500 hectáreas arrasadas por las llamas.

A menos de 45 minutos de la Costa del Sol, localidades del Valle del Genal como Igualeja, Júzcar, Genalguacil o la propia Pujerra viven del turismo rural y de la castaña. Son los dos activos que más sufrieron con el incendio que dejó 10.000 hectáreas calcinadas el año pasado desde esta zona hasta Estepona.

Los vecinos están enfadados. No entienden que aquel precedente no haya servido para evitar este fuego. “Nuestra finca familiar se quemó entonces y ahora otra vez. ¿Qué futuro nos va a quedar”, explicaba a primera hora de la mañana Ana Vázquez, de 40 años, que miraba desde la venta El Madroño cómo los helicópteros vertían agua sobre sus castaños. “No nos dejan limpiar ni desbrozar la zona, pero ellos tampoco lo hacen. Hay que invertir en prevención”, añadía su pareja, Juan José Ruiz. “Este fuego arrancó justo donde acabó el otro y en un día con las mismas condiciones: terral y fuerte viento. ¿Casualidad?”, se pregunta el residente en Igualeja. Fuentes de la Guardia Civil aseguran que están investigando el origen -—as pesquisas del anterior siguen bajo secreto de sumario— mientras agentes de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía elaboran ya un informe que enviarán al juez y fiscalía.

Durante toda la jornada de ayer los medios aéreos lanzaban agua una y otra vez sobre el perímetro del incendio. Los helicópteros recargaban agua en balsas como la situada junto a la carretera A-397, donde decenas de curiosos observaban el trajín. Los hidroaviones bajaban al Mediterráneo. Hasta 20 medios aéreos fueron utilizados en un día, a priori, más tranquilo. El fuerte viento reactivó numerosos focos que requirieron también la participación 200 bomberos del Infoca (Plan andaluz contra incendios) y nueve vehículos autobomba.

Cabreado, Mateo Rosado, miembro de la cooperativa de castañas ValGenal, afirma que en los pueblos de la zona el ánimo está muy bajo porque las administraciones les han abandonado. Es lo que sostiene el alcalde de Genalguacil, Miguel Ángel Herrera, que encarna un sentir popular: la atención política, la inversión y el gasto se queda en la Costa del Sol y el Valle del Genal y toda Sierra Bermeja queda olvidada “porque da pocos votos” debido a su pequeña población, de apenas 7.000 habitantes en 15 municipios. “Ahora volverá a pasar lo mismo de la última vez. Muchas promesas, pero el territorio y los que vivimos en él nos quedaremos totalmente abandonados en todos los sentidos”, insiste Herrera.

El fuego comenzó el miércoles a las 15.04 horas en el paraje La Resinera, finca de unas 6.500 hectáreas —la inmensa mayoría pino resinero serpentinícola— que fue propiedad de Muamar el Gadafi y, después, del Lybian Foreign Bank. En ella se proyectaron unas 2.000 viviendas y un campo de golf, aunque los problemas en Libia aparcaron la operación. La enorme parcela cae desde Júzcar y Pujerra hasta Benahavís, donde unas 2.000 personas fueron desalojadas el jueves. “Es curioso que en el pueblo más rico de Málaga no haya viarios de salida y el fuego pueda colapsar la única carretera de acceso”, destaca Javier de Luis, portavoz de Ecologistas Malaka y que en 2019 encabezaba la lista de Izquierda Unida a las municipales de la localidad. Enfrente, La Zagaleta, urbanización de lujo, cuenta con dos vehículos de extinción propios, decenas de hidrantes, kilómetros de mangueras y helicóptero propio. No fue desalojada, como sí ocurrió otras zonas residenciales como o Marbella Hills o Montemayor, donde el fuego ardía ayer tarde a menos de un kilómetro de varias viviendas de lujo.

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Otros residentes de Benahavís creen que las llamas darán vía libre a nuevos proyectos urbanísticos. “En 10 ó 15 años veremos algo ahí construido”, dice el veinteañero Mickael Dahan. Su amiga Erika Green, de 23 años, dice que ya están acostumbrados a los fuegos en el pueblo. “Se repiten con demasiada frecuencia”, se queja. Javier Martos, portavoz de la plataforma Sierra Bermeja Parque Nacional, ha investigado, de hecho, la recurrencia del fuego. Sus datos reflejan que desde 1975 los grandes incendios forestales —los de más de 500 hectáreas— ocurren cada 4,69 años de media en Sierra Bermeja. Hasta 2021, la media era de uno cada 4,99 años. La tendencia a una mayor frecuencia es clara. “La masa forestal natural ha crecido, pero sin prevención, el bosque tiene más papeletas para arder”, afirma Martos, quien indica que el pino resinero está preparado para regenerarse con rapidez tras las llamas, pero ante tanto fuego “es imposible que lo haga”.

Durante la primera mitad del siglo XX los incendios también existieron, pero con muchos menos medios y las mismas dificultades orográficas eran controlados con mayor facilidad. “Entonces el campo se aprovechaba, estaba cuidado y se podía actuar rápido. Ahora no”, señala. El especialista dice que Sierra Bermeja es uno de los focos más castigados por el fuego en toda Andalucía, por eso reivindica que forme parte del Parque Nacional Sierra de las Nieves: “Si no cambia la cosa, seguirá siendo una bomba de relojería”.

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