#Las Migas, alimento para el empoderamiento de la mujer flamenca #noticias #2022

#Las Migas, alimento para el empoderamiento de la mujer flamenca #noticiario #2022

A lo espléndido de 18 primaveras al frente de Las Migas, Marta Robles ha tenido tiempo de asimilar unas cuantas lecciones esenciales. Sobre todo, un par de ellas. La primera, que los errores es mejor cometerlos una misma, por aquello de encontrar cuanto ayer el remedio y el revulsivo. Y la segunda, que si los traspiés y zancadillas del destino no acaban contigo, las magulladuras acabarán haciéndote más válido. El clan al que muchos dieron por finiquitado cuando su primera vocalista, la ilustre y venerada Sílvia Pérez Cruz, decidió estallar como comediante en nombre propio, no solo sobrevivió a aquella huida sino que vive ahora, coincidiendo con su mayoría de existencia, el momento más dulce de su carrera. La acogida de su fresco botellín portafolio, el resplandeciente y orgulloso Libres, lo refrenda. Y su iniciación en septiembre en los escenarios indios, como exponentes máximos de la civilización española en mujeril, las alienta para lo que esté por venir.

“Nos han pasado muchas cosas bonitas, pero asimismo, claro, ha habido ganancia para unas cuantas cagadas”, exclama una boceras y sonriente Robles, sevillana a punto de cumplir 46 primaveras, desde su breve retiro veraniego en Matalascañas (Huelva). La entrevista se desarrolla por videoconferencia, cada una en un punto diferente de España. Dice Robles que nunca llegó a calcular en firme la disolución del esquema, pero admite que en 2019, nulo más propagar su ya penúltimo disco, Cuatro, bordearon el precipicio. “Nos equivocamos al inculcar el elepé con la cantante Begoña Salazar. No congeniábamos, nos precipitamos con las prisas, fue una metedura de pata muy gorda… Y ella nos dejó a medio de la excursión”.

Descabezadas de un día para otro, Robles y su benefactor derecho, la asimismo guitarrista Alicia Grillo, repasaron la dietario de posibles candidatas; su particular “Tinder musical”, en definición propia. Y allí recordaron a una muchacha extremeña más que prometedora. Respondía al nombre de Carolina Fernández, aunque todos la conocían en círculos flamencos como La Chispa.

“Fuimos mi hermana y yo a echarle el ojo esa misma mañana a la Feria de Abril, donde actuaba en una caseta”, desvela ahora Marta, divertida. “Sabíamos que vivía en Mérida, que pilla allá de nuestro cuartel caudillo, Barcelona, pero… nos encantó. Le propuse que se incorporara, que teníamos toda la tarde para ensayar en mi casa”. La propia Chispa, emeritense de 35 primaveras, tercia en la conversación desde Badajoz: “Fue una enajenación, un disparate, pero ese tren había que cogerlo. Y dije sí”. Dos noches más tarde, la contemporáneo línea de Las Migas debutó en el ilustre Reduta Jazz Club de Praga sin que nadie se percatara de que su voz cantante acababa de aterrizar.

Aquellos accidentados vaivenes prepandémicos convencieron a Robles y al resto de migas de abrazar definitivamente la autogobierno y así evitar prisas, presiones o sugerencias más o menos imperativas. Ahora se lo guisan y comen todo ellas; incluso la tramitación de sus candidaturas para los próximos Grammy Latinos o la diligencia de las redes sociales, donde sus recientes versiones radiofónicas en el Hoy por Hoy de la SER de El querer de una morena y Antonia ―los dos temas iniciales del nuevo trabajo― han apurado visitas millonarias. Es rara que el refrendo de la popularidad les esté llegando precisamente ahora, tras una trayectoria ya dilatada, pero esas son las ventajas de actuar más como un colectivo que como una suma de nombres propios más o menos ilustres. “Somos lo asaz originales como para que no haya ahora mismo ninguna otra partida parecida”, argumenta desde Barcelona la guitarrista Alicia Grillo (Peñarroya-Pueblonuevo, Córdoba, 33 primaveras), que suma ya ocho temporadas en la formación. “Tenemos un rollo como de cuarteto de cámara. De chavala yo era una friki de la música clásica que luego flipaba escuchando con las amigas las casetes de Camarón, y poco de todo eso asimismo confluye en nuestra música”.

Marta Robles, Sílvia Pérez Cruz e Isabelle Laudenbach, compañeras de aulas en la Escuela Superior de Música de Cataluña, se confabularon en 2004 para constituir una agrupación exclusivamente femenina, de raíz flamenca pero disposición ecléctica, permeable a las armonías vocales, las influencias latinoamericanas y las composiciones propias. “Teníamos que ser siempre solo mujeres, sí o sí”, corrobora Marta. “Hay tantos grupos solo de hombres que hacía errata un contrapeso, un referente que normalizara la figura de la comediante y sirviera de referente a niñas y chicas adolescentes que no se atrevieran del todo a dedicarse a esto”.

Ahora ya existen más ejemplos de formaciones solo de féminas, pero de aquella era una audacia y una ridiculez, una pequeña revolución. “Nos encontrábamos con festivales en que nos decían: ‘Uy, qué lindas las bailaoras. ¿Cuándo llegan vuestros músicos?’. O con técnicos de sonido que no se creían que somos tituladas superiores en guitarra clásica y no hacían caso de nuestras indicaciones”, revela Alicia Grillo con cara de hartura. “Pero cada vez somos más. Las Maruja Limonada, que son cinco chavalas de Barcelona, se formaron siguiendo nuestro ejemplo”. Incluso flamencas más canónicas como María Terremoto, cantaora jerezana y gitana, les han confesado su devoción.

Ese empoderamiento y la firmeza en la defensa de la mujer en la primera fila del arte fueron decisivos para que el cónsul de España en la India, Alfonso Pérez Hernández, contactase personalmente con ellas hace unos meses y les ofreciera inaugurar en Dheli y Bombay los próximos 19 y 21 de septiembre. “Estamos inmersos en una campaña para la defensa de la igualdad de especie y la difusión de la mejor expresión de nuestra civilización. Vuestro trabajo encaja muy acertadamente con estas ideas”, les escribió. Ellas, habituadas a una extensa dietario internacional (acaban de completar su tercera excursión por Albania y disponen de una oficina de contratación alemana), no daban crédito. “Es un país de tradición muy machista, pero asimismo es la tierra de [la cantante y sitarista] Anoushka Shankar. Nos entenderemos acertadamente”, zanja Robles.

Al final, la buena acogida de Libres, en el que confluyen colaboradores tan heterogéneos como Fortuna Morente, Tomatito o María Peláe, refrenda la viabilidad de un esquema que nunca ha estado exento de dificultades. El mismo portazo de Pérez Cruz, luego de siete primaveras de trayectoria compartida, dejó heridas que todavía hoy no han cicatrizado: quedan muchos amigos comunes, pero la relación entre ambas partes es gélida. Menos traumática fue la marcha de la segunda vocalista, Alba Carmona, que ahora exhibe asimismo una sólida discografía en solitario. Y las cuatro migas actuales han recibido con exaltación que Antonia, la historia del flechazo entre esa “pirata del inclinación” y una “morenaza del puerto”, las esté convirtiendo en un referente para la comunidad LGTBI. “El protagonista flamante de la historia era un macarra conquistador”, desvela Marta Robles, “pero de pronto caímos en la cuenta de que todo tendría mucha más método desde una óptica estrictamente femenina. Siempre hemos querido dar voz a las mujeres luchadoras, y en ese ámbito de los derechos individuales aún queda mucho por lo que disputar”.

Otra imagen promocional del cuarteto, en 2022.
Otra imagen promocional del cuarteto, en 2022.

En este espléndido periplo de altibajos con final atinado, a las actuales integrantes de Las Migas solo les queda un gran debate interno por resolver. Y es peliagudo. Marta Robles, Alicia Grillo y Carolina Fernández reconocen que su compromiso con el arte les lleva a “preferir este trabajo al resto de ingredientes” de sus vidas. “Es una renuncia consciente. La bienaventuranza de hacer música por medio mundo no puede compararse con nulo”, argumenta Grillo. Ninguna de las tres tiene hijos y la única que es mamá, la violinista Roser Loscos, abandonará la partida en septiembre (la va a sustituir Laura Pacios) para poder “reorganizar” su día a día. ¿Casualidad?

―Hay muchas madres en el flamenco. Cada caso es un mundo, pero no tiene que ver ―argumenta La Chispa.

―Si la mujer y el hombre son artistas, me resulta muy cándido pensar que es ella quien dice: venga, hasta luego, salgo de excursión y te quedas tú con el impulsivo ―objeta Robles―. Me da que aún no existe auténtica igualdad con la crianza. Es un problema que en nuestro sector todavía no hemos superado.

Un buen motivo, uno más, para que Las Migas sigan alzando la voz y cumpliendo primaveras sobre las tablas.

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