#Las vidas de Philip Roth #noticias #2022

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Jamás sabremos cómo hubiese reseñado Roth esta biografía de Roth, el novelista enmascarado que quiso disfrazarse de autobiógrafo en Los hechos y que necesitó siempre inventarse vidas propias y confundirlas con esas vidas ajenas que su oficio le llevaba a concebir en forma de personajes, jugando a desdibujar las lindes que separan al creador de sus criaturas, enredando la madeja de las identidades. En la célebre entrevista con The Paris Review, el autor de La mancha humana dejaba claro que “la idea es convertir las personas de carne y hueso en personajes de ficción y los personajes de ficción en personas de carne y hueso. […] Un escritor es un actor. Tiene que haber algo de placer en este trabajo, y es éste, ir por ahí disfrazado. Actuar como un personaje. Hacerse pasar por lo que uno no es. Fingir”. Y saben bien sus lectores que pervirtió fragmentos de su vida diseminándolos entre la de sus personajes, heterónimos o alter egos, hasta el extremo de que tenga mucho sentido preguntarse, como hizo en la entrevista de Le Nouvel Observateur: “¿Soy Lonoff? ¿Soy Zu­ckerman? ¿Soy Portnoy? ¿Soy Kepesh? De momento no soy nada tan nítidamente delineado como un personaje de libro. Sigo siendo el amorfo Roth”, pero convengamos en que “continuamente estamos escribiendo versiones ficticias de nuestras vidas”.

Resulta fácil presumir que Bailey, el escrupuloso biógrafo profesional que se ocupó con anterioridad de John Cheever o Richard Yates, ha hecho un tour de force de su embarazoso compromiso de relatar la vida de un escritor tan obsesionado con la invención de la existencia como Roth, cuenta habida del reto que supone cartografiar la vida de un hombre poliédrico, de personalidad tornadiza, controvertido a la vez que concernido, que se alimentaba de la mistificación y se debatía entre la concupiscencia del cuerpo y la trascendencia de la mente y entre el carpe diem y el memento mori. Fue adalid de la narrativa judía americana junto a sus maestros Malamud y Singer, su admirado Bellow, su némesis Updike y un Norman Mailer al que convierte en personaje marginal de su novela La contravida, en la que disfruta a sus anchas ejercitando una conciencia tortuosamente exacerbada, practicando el desdoblamiento de personalidad y toda suerte de formas y experimentos de la esquizofrenia ficcional, de la refracción ambigua de la personalidad y de las identidades múltiples que cuelgan de un yo como cuelgan las piezas de un mobile de Calder. Y es que “estaba enfermo de distorsión de mí mismo […], de disfraz de mi propio yo”.

“No quiero que rehabilite usted mi persona. Haga solo que resulte interesante”, le pidió el escritor a Bailey

Las vidas de Roth son las de un apuesto, burlesco y prolífico novelista judío americano que renunció a la quimera de la torre de marfil para vivir la vida y que, fabulándola en intrincados artefactos de ficción escritos con entrega y sacrificio, pudo pronto sentirse triunfador. Acusado de antisemita porque, díscolo, declaró la guerra contra el cliché del judaísmo, se enfrentó, ante la mismísima mirada de Kafka, al espinoso asunto de la todopoderosa política frente al individuo vulnerable, y vivió, a partes iguales, como hombre de letras y como donjuán. Bailey opta por el close up, y por un concienzudo trabajo de acopiar datos y testimonios hilvanándolos en forma de relato, constatando sin aventurar, en detrimento de una biografía de carácter interpretativo. Enfoca cuestiones políticas y de la condición humana y la sociología de la literatura, y deja borrosas las que más cerca están de la creación artística y de los debates literarios, que el lector encontrará en las páginas de Lecturas de mí mismo, El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras y otros textos recogidos en ¿Por qué escribir? Ensayos, entrevistas y discursos (1960-2013). En fin, vaya uno a saber si así fue en puridad la verdadera vida de Philip Roth, pero reconozcamos que la biografía que ha erigido Bailey honra la descomunal figura del autor de Pastoral americana y se alinea junto a la de Brian ­Boyd, Vladimir Nabokov. Los años rusos y Vladimir Nabokov. Los años americanos; la de Stephen B. Oates, William Faulkner. The Man and the Artist. A Biography, o la de Paul Alexander, Salinger. A Biography. No cabe la menor duda acerca del mérito de biografiar a un hombre que repitió ad nauseam y de mil formas distintas en su obra: “Yo no tengo yo, pero sí toda una variedad de imitaciones, y no sólo de mi yo, sino también de un auténtico tropel de intérpretes interiorizados. Soy un teatro y nada más que un teatro” (La contravida), y el caso es que sus yos ficcionales no acostumbran a mostrar la mejor imagen de Roth, a quien eso le trae sin cuidado porque, como alguien ha dicho, no cree que la literatura sea un concurso de belleza moral. Y el ímprobo trabajo de Bailey atesorando los pormenores de la pletórica y artificiosa vida de Roth da razón de la resabiada literatura frenética y sofisticada del autor de novelas incuestionables como La conjura contra América y de la decisión en 2010, tan audaz como irrevocable, de proclamar a los cuatro vientos que dejaba de escribir, que bajaba el telón.

Cuando Roth le encargó esta biografía autorizada a Bailey le dijo: “No quiero que rehabilite usted mi persona. Haga solo que resulte interesante”, y Bailey, sin el menor afán hagiográfico, pero con indudable pretensión detectivesca, ha convertido a Roth en protagonista de una genuina novela naturalista. Exhaustiva y adictiva, como está de Dios.

Blake Bailey 
Traducción de Juan Rabasseda Gascón y Teófilo de Lozoya
Debate, 2022
1.002 páginas. 37,90 euros

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