#Los ‘Alpes homicidas’: el drama del Cervino, el primer accidente mediático de la historia del alpinismo #noticias #2022

#Los ‘Alpes homicidas’: el drama del Cervino, el primer montaña mediático de la historia del montañismo #informativo #2022

Si el primer mejora del Mont Blanc ocurrió en 1786, en 1860 la figura afilada del Cervino seguía infundiendo pánico a los que soñaban con alcanzar su cima desconocido. Sus aristas afiladísimas y sus laderas de vahído resultaban tan atractivas a la perspicacia como repelentes a la imaginación de los más audaces, a excepción hecha del inglés Edward Whymper y del italiano Jean Antoine Carrel. El primero había descubierto los Alpes como ilustrador y se había atrevido a la conquista de las cimas alpinas con un apetito rabiosa y un éxito descomunal. Su impulso asombroso catapultó el montañismo en torno a su etapa dorada, cifrada entre 1860 y la término fatídica en la que logró prosperar el Cervino: 1865. En una época en la que la aristocracia y la burguesía inglesa, inventores del deporte del montañismo, consideraban a sus guías más como siervos que como figuras indispensables de sus viajes en la montaña, Whymper descubrió en Michel Croz un espejo, idéntica pasión, y unas aptitudes técnicas de las que él carecía. Lo bautizó como ‘el príncipe de los guías’ y lo respetaba como a un igual. Croz, nacido en Le Tour, una de las últimas aldeas del Valle de Chamonix, próximo a la frontera con Suiza, dejaba su oficio de curtidor para orientar en verano. La casa en la que nació está ahora decorada con flores coloridas, una placa y una imagen en la que posa con su pipa y la cuerda cruzada sobre sus hombros. Su asesinato prematura parece haberle borrado de la cinta de grandes figuras del valle, y esto pese a que su destreza y determinación propiciaron grandes primeras como la de la punta Croz a las Grandes Jorasses, la arista del Moine a la Aiguille Verte, la Dent Blanche o la Barre des Écrins. El hueco que merece en la Historia es enorme. Entre 1854 y 1865, fueron coronadas 31 de las 39 cimas más elevadas de los Alpes a cargo de alpinistas ‘aficionados’ ingleses acompañados por guías suizos y franceses.

La tragedia del Cervino, dibujada por Gustave Doré.
La tragedia del Cervino, dibujada por Gustave Doré.

Obsesionado hasta la meollo, a Whymper empezaron a conocerle como ‘el perturbado del Cervino’, y entre 1860 y 1865 realizó varios intentos desde la perspectiva italiana, con o sin guías, hasta que se convenció de dos extremos: debía unirse a Michel Croz y editar su ataque por la perspectiva suiza, más amable. El primer intento debería haberse cedido el 9 y 10 de julio de 1865 a cargo de Whymper y del muy solvente explorador transalpino Carrel. Un compromiso previo de Croz le impidió ser de la partida. Pero el mal tiempo truncó el ataque y Whymper se encontró solo: Croz había sido contratado por el reverendo Hudson y Carrel, obligado por el orgullo franquista y la presión del gobierno específico, escogió la perspectiva italiana para conquistar la montaña sin contar con Whymper. La ‘traición’ casi enloqueció al inglés, quien desesperado tuvo la fortuna de encontrarse con Lord Francis Douglas y los Taugwalder padre e hijo, dos guías suizos con los que formó cordada. Fue la primera competición por obtener el primer mejora de una montaña, solo que a última hora, el numero de aspirantes aún crecería. En Zermatt, la hoy monopolio entrada suiza a los pies de la célebre montaña, Whymper se encontró al reverendo Hudson, un escalador excelente que viajaba con Michel Croz, interesados en descubrir el Cervino. Whymper sabía en su fuero interno que Croz era la espita maestra para alcanzar, al fin, la cima. Convenció al reverendo para unir sus fuerzas y no competir, pero Whymper hubo de aceptar a cambio un final pasajero: el bisoño Douglas Hadow, 19 abriles, y que carecía de la experiencia necesaria en montaña, aunque su fortaleza física fuese impresionante.

Retrato del guía Michel Croz.
Retrato del explorador Michel Croz.

Por su costado, Carrel lanzó su ataque dos días antaño de que Whymper y sus seis acompañantes se pusiesen manos a la obra. Sin requisa, avanzaron con enorme solvencia y el 14 de julio alcanzaron la cima de la perspectiva suiza. Escasamente a unos 100 metros en raya recta se encontraba la cima italiana. Whymper y Croz se desataron y echaron a valer, ambiente surrealista con la que pretendían descubrir alguna huella de sus rivales italianos. No encontraron ausencia. Asomados al infructifero, vieron a Carrel y su equipo aún en la tabique, allá. Para desanimarles, les lanzaron bloques de roca que forzaron su renuncia. Whymper nunca hubiera permitido que Carrel alcanzase la cima ese mismo día, horas luego, así que su éxito fue ilimitado. Tras dejar una bandera con la blusa de Croz a modo de enseña, los siete iniciaron el descenso por unas pendientes de cocaína helada sumamente inclinadas. Entonces no existían crampones ni piolets, ni cuerdas dinámicas. Aún resulta sobrecogedor imaginarlos haciendo equilibrios para no caer, tirando de una técnica tan depurada como extenuante. Asustado por la fealdad manifiesta de Hadow, Croz, que debería tener viajado en la culo del colección gestionando la seguridad de la cordada, tuvo que colocarse en capital para tallar de nuevo peldaños en la cocaína con su hachote y colocar adecuadamente los pies de Hadow en posición segura. Tras Hadow, descendían Douglas y Hudson, los cuatro unidos por una cuerda sólida. Posteriormente, una cuerda más fina los conectaba con la cordada formada por Whymper y los Taugwalder, siendo el padre el encargado de estabilizar a entreambos grupos. Croz se giró en torno a el infructifero para perder un poco de prestigio y ayudar de nuevo a Hadow, pero éste resbaló, impactó contra el explorador y entreambos cayeron arrastrando de inmediato al reverendo y al Lord. Entonces, ocurrió lo impensable: la cuerda que los unía al resto se partió. Horrorizado, Whymper explicaría frente a el mediador que los vio resbalar unos segundos, agitando los brazos, tratando de obstinarse a algún saliente de roca antaño de desaparecer en la cara finalidad y aterrizar 1.200 metros más debajo.

Retrato del líder de la expedición, Edward Whymper.
Retrato del líder de la expedición, Edward Whymper.

La prensa inglesa se hizo eco del drama de inmediato, con titulares como “Alpes homicidas” y el Times calificó el montañismo como una asunto de “piruetas de simios y ardillas”. El deporte del montañismo había chocado de forma extraordinario contra sus límites, y la novedad indignó tanto a la prensa como a la propia reina Triunfo, emparentada con el desaparecido Lord Francis Douglas. Ninguna tragedia de esa magnitud había puntuado aún una primera ascenso. Edward Whymper y Peter Taugwalder comparecieron frente a el mediador para aclarar las circunstancias del montaña: ¿Por qué era tan fina la cuerda que unía a los fallecidos con los supervivientes? Sin duda fue una negligencia, pero entonces se desconocía que una cuerda podía romperse no solo por rozamiento sino por el llamado finalidad correa. El mediador resolvió que la falta fue de Hadow, de su incompetencia. Taugwalder padre no soportó las habladurías que llegaron a acusarle de cortar la cuerda y se destierro en Estados Unidos. Su hijo llegó a orientar 125 cervinos. Carrel escaló el Cervino dos días luego, desde Italia. La tristeza y la amargura presidieron los últimos abriles de vida de Edward Whymper. Diez guías de Chamonix portaron su féretro antaño de darle sepultura en el cementerio específico. Michel Croz, en cambio, sigue enterrado en Zermatt.

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