#Los votantes británicos propinan un duro castigo a Boris Johnson y al Partido Conservador #noticias #2022

#Los votantes británicos propinan un duro castigo a Boris Johnson y al Partido Conservador #parte #2022

Por mucho que la derrota hubiera sido anticipada, y hasta amortizada, el asalto que los votantes británicos han propinado a Boris Johnson este jueves volverá a poner en cuestión el futuro político y la autoridad entre los suyos del primer ministro. El Partido Conservador ha sufrido una doble derrota, a manos de los laboristas y de los liberales demócratas respectivamente, en las elecciones parciales celebradas en las circunscripciones de Wakefield y de Tiverton-Honiton. Las llamadas byelections son convocatorias a las urnas, en cualquier momento de la sesión, cuando un escaño queda vacante. En el caso de Wakefield, el conservador Imran Ahmad Khan fue condenado y encarcelado por una acometida sexual contra un adolescente. Era una de los territorios en los que la izquierda había dominado durante décadas —parte de la llamamiento “muralla roja” del finalidad de Inglaterra—, y que Johnson logró arrebatar para los conservadores en su histórica vencimiento de diciembre de 2019. Tiverton-Honiton, en el multimillonario suroeste inglés, era igualmente paraje natural de los conservadores. Hasta hoy. Su diputado conservador, Neil Parish, dimitió posteriormente de que dos compañeras le acusaran de ver porno en su teléfono móvil durante una sesión de la Cámara de los Comunes.

El presidente del Partido Conservador, Oliver Dowden, ha enviado una carta en la mañana de este viernes a Johnson en la que anunciaba su dimisión, para intentar realizar un control de daños del asalto electoral. “Nuestros votantes están angustiados y decepcionados por los últimos acontecimientos, y yo comparto su sentimiento”. Sin decirlo, Dowden señalaba directamente al escándalo de las fiestas en Downing Street durante el confinamiento, que acabó con el primer ministro multado por la policía por saltarse la ley, y una moción de censura interna contra Johnson en la que un 41% de sus diputados exigió su expulsión. “No podemos seguir como si nulo. Determinado deber aceptar la responsabilidad, y he concluido que no sería correcto que yo siguiera en el puesto”, ha explicado Dowden.

Resulta pronto para determinar si la derrota de Johnson —porque nadie duda en atribuírsela al primer ministro, no a los dos candidatos conservadores locales— es un desgobierno definitivo de los votantes, o un castigo coyuntural fruto de la irritación y frustración de muchos de ellos por el escándalo de las fiestas. Johnson, de visitante en Ruanda por un acto que congrega a la naciones de la Commonwealth [la Comunidad política surgida después de la fragmentación del Imperio Británico], había descartado preventivamente, como una “enajenación”, la posibilidad de que dimitiera a consecuencia de una derrota en las elecciones parciales. Los liberales demócratas han sido siempre la opción preferida por los votantes tradicionales de derechas para mandar una señal de advertencia o reproche a los tories. La vencimiento de su candidato Richard Foord en Tiventon-Honiton, con más 6.000 votos por encima del rival conservador, refleja un voto táctico. Tanto los ciudadanos con simpatías laboristas como los propios conservadores se han volcado con Foord, y han entregado un trastorno a la situación. En 2019, la superioridad de los tories en esa circunscripción fue de más de 24.000 papeletas. “Esto debería ser una llamamiento de atención para que despierten los diputados conservadores que siguen sosteniendo a Johnson. No pueden permitirse ignorar este resultado”, ha dicho Ed Davey, el líder de los liberales demócratas. El candidato Foord iba aún más acullá en su discurso al celebrar la vencimiento: “Esta confusión el pueblo anglosajón ha hablado para divulgar un mensaje stop y claro. Ha llegado la hora de que Boris Johnson se vaya. Nos ha llevado a un estado de vergüenza, caos y negligencia. No es apto para liderar”, ha sentenciado.

Alivio para el laborismo

La vencimiento del candidato socialista, Simon Ligthwood, en Wakefield, ha permitido respirar aliviado al líder del Partido Socialista, Keir Starmer. Tres primaveras posteriormente de sustituir al frente de la formación a Jeremy Corbyn, mucho más posicionado a la izquierda que su sucesor, el papel desempeñado por Starmer sigue despertando dudas en los votantes, y entre los militantes nostálgicos del periodo preliminar. Las encuestas señalan poco a poco una prosperidad de sus expectativas, en presencia de unas futuras elecciones generales, pero no la suficiente para pensar en una posible vencimiento. La reconquista de Wakefield, paraje socialista histórico hasta que llegó Johnson y cambió las reglas del charnela, permite proveer al laborismo con la esperanza de una remontada. En 2019, los conservadores dieron un trastorno del 6% (de superioridad) a esa circunscripción. Este jueves, el candidato de la formación de izquierdas ha conseguido posicionarse más de diez puntos porcentuales por delante de su rival.

“Este resultado es un claro veredicto de que el Partido Conservador se ha quedado sin ideas y sin energía. El Partido Socialista está del banda de la gentío trabajadora, recupera escaños que antaño había perdido y está preparado para mandar”, ha dicho Starmer en la mañana de este viernes, cuando ya estaba clara la vencimiento de Wakefield.

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Tras un abundante recuento, a las cuatro de la mañana (cinco en horario peninsular gachupin), dos nuevos resultados electorales eran dos nuevos recordatorios a los diputados conservadores de que la encanto de Johnson para movilizar a los votantes había comenzado a sufrir una dura rozamiento. En principio, las reglas internas del partido prohíben la celebración de una nueva moción de censura interna hasta que pase un año de la preliminar. A principios de Junio, el primer ministro anglosajón logró redimir por la mínima su puesto. El consenso común entre los tories ha sido el de darse un tregua hasta el otoño antaño de replantearse si sueltan la mano de su líder. La derrota en las urnas de este viernes, y el verano de huelgas y malestar social que se avecina en el Reino Unido, vuelven a poner en la cuerda floja al primer ministro anglosajón.

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