#Nadal contra Djokovic y sus dinámicas invertidas en la gran noche de París #noticias #2022

#Nadal contra Djokovic y sus dinámicas invertidas en la gran noche de París #noticias #2022

Tras la polvareda generada por la decisión de la organización –turno de noche, no antes de las 20.45; Eurosport– y la retahíla de análisis técnicos, opiniones y especulaciones –bote alto y bote bajo, pelota viva o muerta, frío o calor, humedad o arena seca…– llega la hora del tenis. Del gran cruce. Esta noche, Rafael Nadal y Novak Djokovic se reencontrarán en un duelo tan esperado como repetido. Con el de hoy, serán 59 los capítulos protagonizados por los dos, el 28º sobre tierra batida, el 10º en la arcilla de París, donde se entrelazan dos dinámicas claramente invertidas: lo que para uno todo era negro es hoy azul, y a la inversa. De enero aquí, dos películas completamente distintas.

Después de más de medio año en la enfermería, llegando a sopesar el ponerle fin a su carrera porque el pie izquierdo no le concede tregua, Nadal se rebeló como solo él sabe hacerlo. A mayor adversidad, mejor respuesta. Triunfó en Australia, adornó la resurrección con otros dos trofeos (Melbourne y Acapulco) y encadenó 21 triunfos consecutivos, hasta que el cuerpo le dijo basta –fisura en la costilla primero, el martirio del pie después– y volvieron los fantasmas. “Este podría ser mi último partido en Roland Garros”, dijo enigmático tras sortear un duro cruce con Felix Auger Aliassime en los octavos de París.

Llegó Nadal a su Dorado entre dudas, con la preparación justa y, por primera vez, sin lograr ningún premio sobre tierra. “Voy a cumplir 36 años [el 3 de junio] y no sé cuántos Roland Garros me quedan por jugar”, expuso en la antesala del torneo. “Pero si no creyera que no puedo ganar, no estaría aquí”, agregó el de Manacor, que con el paso de los días –Thompson, Moutet, Van de Zandschulp y Aliassime en el trazado– ha ido recuperando ritmo y sensaciones, pero no ha conseguido despejar definitivamente los interrogantes. El último duelo se le resistió (4h 20m) y dejó ver que, ahora mismo, está lejos de su mejor nivel. Mejorado, pero lejos del gran Nadal.

Mientras, Djokovic ha hecho en este 2022 un recorrido en sentido opuesto. Comenzó con el esperpéntico episodio australiano –detención y deportación por negarse a vacunarse contra el covid– y continuó con más y más nubarrones, demasiado tiempo sin competir –80 días entre su último partido de 2021 y la reaparición en Dubái– y un proceso convertido en un purgatorio; derrotas dolorosas e impropias –contra el 123º del mundo en el emirato y caída en la primera ronda de Montecarlo, frente a Alejandro Davidovich– y también dudas, muchas dudas. “Pero voy en la dirección correcta”, advertía.

Nadal celebra el triunfo del domingo contra Aliassime.JULIEN DE ROSA (AFP)

Y empezó a enderezar el rumbo en Belgrado y Madrid, y se redimió definitivamente en Roma, donde ganó el título y volvió a lanzar otro aviso: “Confié en el proceso, todo lo que buscaba lo he conseguido”. Bajo esa advertencia se plantó en el Bois de Boulogne, firme y autoritario en el recorrido hacia el reencuentro con Nadal; no ha cedido ningún set, ha despachado a los rivales sin despiste alguno (Nishioka, Molcan, Bedene y Schwartzman) y ha invertido en las cuatro rondas previas dos horas y media menos en la pista que el español: 8h 13m, frente a las 10h 43m del mallorquín.

“No he tengo ninguna referencia cercana contra él; creo que la última vez que jugamos fue el año pasado aquí. No he jugado este tipo de partidos en los tres últimos meses, así que es un gran desafío para mí. Él [Djokovic] ha ganado los nueve últimos partidos seguidos y probablemente tendrá confianza. Yo sé cuál es mi situación y la acepto”, expone Nadal. “Me gusta cómo me siento, la forma en la que estoy golpeando la bola. Creo que estoy preparado”, anticipa Nole, de 35 años, mientras resume su presente el histórico Mats Wilander, comentarista ahora de Eurosport: “Es increíble cómo ha recuperado la forma tan rápido. Se le ve muy fuerte y está decidido”.

La final de 2020: frío, techo, luz artificial

De partida, el número uno parece partir con uno o dos palmos de ventaja sobre Nadal, al trantrán toda la primavera. No pudo jugar en Montecarlo ni Barcelona, y llegó bajo mínimos a Madrid. En todo caso, no pierde la esperanza y apura hasta el último de sus cartuchos para mantener el liderazgo –21 grandes, por los 20 del serbio y Roger Federer– y lograr su 14º título en el Bois de Boulogne. “Estoy listo para correr y para creer”, adelanta. De momento, y no es poco, su pie izquierdo aguanta y también se agarra el embrujo de París y la Chatrier: son 109 triunfos y el grandioso relato que hay a sus espaldas.

El curso pasado, Djokovic terminó zarandeándolo en las semifinales y además, el balcánico domina en el cara a cara particular (30-28); sin embargo, el balear puede buscar inspiración en otros guarismos, como aquellos que dicen que manda en tierra batida (19-8), también en el grande francés (7-2) e igualmente en el territorio de los grandes (9-7). Hay por ahí, también, un detalle nada menor. En 2020, ambos se midieron en la final del torneo bajo las circunstancias, teóricamente, más adversas para él; era octubre, hacía frío, apareció la lluvia y se cerró el techo; tarde de otoño, luz artificial, formato indoor. Y, contra toda la lógica, o no, se coronó de nuevo Nadal.

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