#Nadie quiere saber nada de Vox en la campaña andaluza #noticias #2022

#Nadie quiere saber nada de Vox en la campaña andaluza #noticias #2022

El presidente de la Junta de Andalucía y candidato del PP, Juan Manuel Moreno, el pasado jueves en una visita al puerto de Fuengirola (Málaga).. (PP/EFE)

Hay dos batallas diferentes en la campaña andaluza. De un lado se sitúan casi todos, del PP a las izquierdas alternativas, discutiendo sobre su comunidad. Enfrente, un púgil solitario combate para salvar España: Macarena Olona. Mientras todos los demás —el PP el primero— se empeñan en el prosaico mensaje de que esto solo va de Andalucía, la candidata de Vox se encarama a las alturas de la épica: “El partido que se juega el 19 de junio es España. Y, según sean los resultados, si se le da la puntilla a España o se crea un auténtico foco de esperanza”. Olona se lo avisa a los andaluces en el digital El Liberal: de ellos depende que España no sucumba.

Ya se había visto en el debate televisado del pasado lunes, en el que cinco candidatos hablaban de hospitales y colegios mientras Olona repartía diatribas contra el feminismo y la cultura islámica, asuntos que ninguna encuesta ha descubierto entre las principales preocupaciones de los andaluces. Macarena de Salobreña, como ella misma se titula, no hace nada por desmentir a sus rivales cuando acusan a Vox de usar Andalucía como trampolín hacia el Gobierno de España. En el PP susurran el mensaje —sin sustento en los sondeos conocidos hasta ahora— de que la falta de un discurso andaluz está pasando factura a Olona.

Vox ha protagonizado hasta ahora una campaña menos triunfal de lo previsto. Olona ha jugado mucho a no exponerse. Ha rehuido las entrevistas a los medios públicos autonómicos y ha protagonizado actos más bien pequeños. Santiago Abascal se está volcando en reforzar la campaña. Al margen de cuál sea su desempeño final, la extrema derecha aparece como el nudo gordiano de estas elecciones. La prueba es la insistencia de todos los demás en erigirse en garantía de que Vox no gobernará. El popular Juan Manuel Moreno reclama una “mayoría suficiente” para poder prescindir de tal compañía. Juan Marín, de Ciudadanos, pide que le voten a él para que Moreno conserve un socio fiable. Y las distintas izquierdas aseguran que solo hay dos alternativas: o ellas mismas forman su cóctel de gobierno o lo harán las derechas, incluidas sus dosis más indigestas. “El PP apuesta por el pasado y la ultraderecha, nosotros por el futuro”, declaró este viernes el ministro Félix Bolaños, de campaña con el PSOE en Málaga, donde asistió a un acto en recuerdo de La Desbandá, la masacre de miles de civiles andaluces por la aviación franquista en la Guerra Civil.

Moreno, en su imagen de hombre apacible, afable y sonriente, ha optado mayormente por ignorar a Vox. Pero este viernes aprovechó una entrevista en la SER con Àngels Barceló para marcar distancias frente a la extrema derecha. Se preguntó cuál puede ser el “interés” de Vox en participar en un “Gobierno en el que no cree”, ya que aboga por suprimir las autonomías. Y explicó que su aspiración es captar el apoyo de una “mayoría tranquila y serena”, a la que ofrece preservar “el clima político de Andalucía, donde se discute con serenidad en el Parlamento”.

Tampoco es que Moreno prometa que jamás gobernará con Vox, aunque siga jugando con el aviso de que, llegado el caso, no le temblaría el pulso para forzar nuevas elecciones. Lo que asegura es que hay cosas a las que no renunciará en ningún caso: el Estatuto de Autonomía y las políticas contra la “violencia de género” —en la SER recalcó el término— y contra el cambio climático, esas cuestiones que Vox reduce a “mantras del consenso progre”.

La izquierda se encontró este viernes con una mala y una buena noticia. La mala, el parte meteorológico: varios días con el termómetro rondando o superando los 40 grados no son la mejor ayuda para sacar al electorado progresista de su sopor. El candidato del PSOE, Juan Espadas, lo comentó con estoicismo en un acto con gentes de la cultura de Sevilla, antes de compensarlo con la buena noticia: “El voto por correo ha duplicado al de 2018″. Movilizar, movilizar y movilizar es la divisa incesante de la izquierda. Espadas no se cansa de repetirlo, en apelar incluso a los que sientan “cabreo o decepción”. “No podemos pensar que esto no va conmigo, que da igual, que el resultado ya está previsto…”, insistió. “Está en juego el modelo de sociedad”. Mientras, en Málaga, Bolaños, entre evocaciones a la carnicería de La Desbandá, agitaba el peligro de la “ultraderecha” para apelar “al 40% de indecisos”.

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Para ayudar a la movilización de la izquierda llegan Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, en un fin de semana en que no quedará líder nacional sin pasar por Andalucía: también desfilarán Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal e Inés Arrimadas. Díaz acude a su primer mitin con la candidata de Por Andalucía, Inmaculada Nieto, junto a Íñigo Errejón, una estampa muy simbólica de los intentos por recomponer las piezas del jarrón roto a la izquierda de la izquierda. La vicepresidenta segunda ha acabado implicándose más de lo previsto en la campaña, con otros dos actos programados para la última semana.

Adelante Andalucía va por libre, prescindiendo de líderes nacionales. Su candidata, Teresa Rodríguez, sigue cultivando un combativo mensaje social, pero su primera enseña no es ya el anticapitalismo, sino el andalucismo. Rodríguez ha olvidado su enojo tras el intento de Por Andalucía de excluirle de los debates televisivos, ha cesado en los ataques y se ha sumado a esa especie de pacto de no agresión entre los grupos de izquierda.

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