#Ni patentes, ni firmar estudios: las científicas reciben mucho menos reconocimiento por su trabajo #noticias #2022

#Ni patentes, ni firmar estudios: las científicas reciben mucho menos examen por su trabajo #telediario #2022

La ciudad italiana de Milán ha inaugurado estos días una estatua dedicada a la astrofísica Margherita Hack. Se tráfico de la primera vez que se reconoce de este modo en Italia a una científica. Un ejemplo de hoy mismo del escaso examen que reciben las científicas, ignoradas históricamente en los galardones más importantes. Pero más allá de premios y monumentos, hay una distinción más relevante que se les está hurtando: el de figurar como autoras de su propio trabajo. Las mujeres científicas reciben mucho menos crédito que sus compañeros, en todas las categorías, tanto si son investigadoras principales como si son una currante más del laboratorio. Algunos estudios lo apuntaban y, ahora, un nuevo trabajo aporta sólidas pruebas.

La revista Nature publica hoy un macroestudio que ha desmenuzado la composición de casi 10.000 grupos de investigación, formados por 129.000 personas, y lo ha cotejado minuciosamente con las publicaciones científicas realizadas durante un periodo de cuatro abriles. Analizaron cuántas personas del equipo se convierten en firmantes de esos estudios y descubrieron que las mujeres suponen solo el 35% de las autorías de sus grupos, a pesar de que representaban prácticamente la parte de la fuerza gremial, el 48%.

“La brecha es ínclito y persiste en todos los campos de investigación y en todas las etapas de las carreras científicas”

Julia Lane, Universidad de Nueva York

“Descubrimos que la brecha es ínclito y persiste en todos los campos de investigación y en todas las etapas de las carreras científicas. Es aún longevo cuando se tráfico de publicaciones de detención impacto”, asegura la investigadora Julia Lane, de la Universidad de Nueva York. En la carrera científica, el número y la calidad de las publicaciones que se firman como autor es fundamental: son los renglones con los que se construye el currículum y el crédito con el que se aspira a proyectos y financiación.

En el estudio contaban con el rol que cada investigador e investigadora desempeñaba y el plan en el que trabajaba, por lo que las diferencias no pueden imaginar por el puesto concreto, ya que el problema se repetía en todos los rangos: las mujeres tenían menos probabilidades que los hombres de firmar, ya fueran personal de la prerrogativa, estudiantes de posgrado, investigadoras posdoctorales, personal de investigación o estudiantes universitarias. La brecha era particularmente pronunciada en las primeras etapas de sus carreras: exclusivamente 15 de cada 100 mujeres estudiantes de posgrado constan como autoras de un estudio, en comparación con 21 de cada 100 entre los estudiantes de posgrado masculinos.

Longevo brecha en las patentes

Al analizar las probabilidades de figurar como firmante de un trabajo comprobado, las mujeres tenían un 13% menos de posibilidades que sus compañeros. Pero el problema es mucho longevo cuando se centraron en el mundo de las patentes, que dan camino a otro tipo de beneficios: las mujeres tienen un 59% menos de posibilidades de figurar como coautora de una registro.

Otros dos estudios se han fijado en los últimos abriles en la discriminación de las mujeres en la concesión de patentes. En 2018, un estudio de la Universidad de Yale concluyó que las solicitudes presentadas por investigadoras tienen un 21% menos de probabilidades de ser concedidas. En 2021, un estudio publicado en Science mostró que el porcentaje de patentes biomédicas concedidas a mujeres está anclado en un escaso 16% del total.

Lane explica por email que, si correctamente hay numerosas evidencias episódicas, pretendían realizar el primer estudio a gran escalera que analizara el aberración. La chascarrillo más conocida es que Francis Crick y James Watson obviaron la contribución decisiva de Rosalind Franklin al descubrimiento de la estructura del ADN: ellos ganaron el Nobel de Medicina y ella quedó fuera. Es lo que se candela el sensación Matilda, que fue denunciado en una exitosa campaña por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

Rosalind Franklin en el siglo XXI

“Las pruebas generadas a partir del prospección descrito en este documento sugieren que Rosalind Franklin está allá de ser la única en no acoger crédito por su trabajo”, señala el estudio. Y concluye: “Los datos presentados aquí son consistentes con la rudimentos de que las diferencias de productos en la ciencia pueden reforzarse a sí mismas: que el destino experimentado por Rosalind Franklin y otras como ella desanimó a numerosas investigadoras potencialmente de detención impacto a ingresar en la ciencia”.

La idea de que esta discriminación desanima a las mujeres al alastrar sus carreras está presente en los resultados de este estudio que publica Nature. Este trabajo incluso contó con una indagación a 2.400 científicos y entrevistas en profundidad para entender mejor los mecanismos que provocan esta discriminación. “Las reglas para asignar examen con frecuencia no eran claras y, a menudo, las determinaban investigadores de detención nivel”, concluyen.

“El investigador principal puede premiar a un miembro del equipo con la coautoría del estudio e ignorar al otro”

Raviv Murciano-Goroff, Universidad de Boston

Lo explica Raviv Murciano-Goroff, de la Universidad de Boston, quien incluso participa en este estudio: “Incluso si dos personas contribuyen con la misma cantidad de trabajo a un plan, el investigador principal puede premiar a un miembro del equipo con la coautoría del estudio e ignorar al otro. Según los resultados de nuestra indagación, las científicas tienen 10 puntos porcentuales más de probabilidades de percatar que sus contribuciones se han ignorado en comparación con sus colegas masculinos”.

En concreto, el 43% de las mujeres y el 38% de los hombres señalaron que habían sido excluidos de la autoría de algún trabajo, y el 49% de las mujeres aseguran que su contribución se minusvalora, frente al 39% de los hombres. La semana pasada, Science Advances publicó una indagación realizada entre 25.000 investigadores y científicas de EE UU, cuyas conclusiones coinciden con la coetáneo: los hombres blancos heterosexuales disfrutan de privilegios en sus carreras científicas que se convierten en obstáculos en el caso de las mujeres LGBT, de minorías raciales y con discapacidades, en el otro extremo del espectro.

En las entrevistas, las investigadoras plantearon problemas reales como quedarse fuera de artículos científicos que hubiera podido firmar: “Mi carrera hubiera sido harto diferente con esos dos artículos de Nature”. Del mismo modo, otra científica asegura: “Haberme quedado fuera de trabajos en los que yo era uno de los dos líderes principales ha perjudicado enormemente mi carrera como investigadora y mi oportunidad de obtener ascensos, trabajos y subvenciones”.

Los datos usados en el Nature pertenecen a grupos y científicos de instituciones estadounidenses. La investigadora Julia Lane reconoce que no sabe hasta qué punto se pueden inferir a todo el mundo. “Todo lo que está acondicionado en la mayoría de los países son anécdotas”, lamenta, “será necesario que otros países inviertan en datos similares”. Pero añade: “Hicimos un trabajo preliminar en España que demostró que era posible crear una infraestructura de este tipo con harto facilidad, igual que en Francia”.

En España, se publicaron en 2019 los datos de una indagación sobre la discriminación en el ámbito comprobado: el 46% de las encuestadas afirmó que ser mujer las perjudicaba en su carrera, mientras solo el 10% de los hombres opinó igual. El 79% de los hombres pensaba que hay igualdad de trato entre sexos en sus departamentos, frente al 55% de las mujeres.

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