#Paco Ignacio Taibo II: “La espada de Bolívar tiene un carácter simbólico. Es Bolívar, coño” #noticias #2022

#Paco Ignacio Taibo II: “La espada de Bolívar tiene un carácter simbólico. Es Bolívar, español” #parte #2022

Paco Ignacio Taibo II, hijo de Paco Ignacio Taibo I (media grupo en la Wikipedia), está a la puerta de la imprenta Rosario Castellanos, buque insignia del Fondo de Civilización Económica de México, que preside desde 2019. Se ha sentado en una mesa redonda de café, bebe coca-cola y fuma sin transición. Es su despacho, dice. Lleva una camiseta y el pelo al agua, con destino a a espaldas, una barba más que incipiente. Clavadito a un capo mafioso: Tony Soprano, para ser exactos, amaneciendo a sus tareas en la puerta del negocio. La idea no le hace gracejo. “Allá de eso, estar a la puerta de una imprenta alivio la sensibilidad”, argumentará. El escritor, antiguamente creador y director de la Semana Negra de Gijón, donde nació hace 73 abriles, mira con los fanales rebosados de párpados. ¿De qué color serán? Se mostrará distendido, provocador e irreverente, porque siempre lo es, a tono con los contenidos periodísticos de las holganza, “esa razonamiento española de ‘viene el verano”, que tan rara le parece en un México donde no se distinguen las estaciones.

Pregunta. Paco Ignacio Taibo II. Eso suena muy aristocrático o pontificial.

Respuesta. Fue un debate interno, cuando terminé mi primera novelística tuve una reunión nocturna con mi padre. ¿Cómo vamos a firmar? Él siempre fue un hombre muy fértil. Dijo: “¿Y si nos ponemos I y II?” Eran las dos de la mañana y estábamos en la sala de su casa, él en pijama. Es muy aristocrático, le dije. Me respondió: “Sí, pero todavía de pelotaris”. No sé de dónde sacó eso, que había un Juanchi I y Juanchi II en el frontón, me dijo. Y a partir de aquel día, mi padre empezó a firmar su columna en el informe como Paco Ignacio Taibo I.

P. La medio de los Taibo están en la Wikipedia. ¿Eso es un honor?

R. Es casualidad. Pero todavía están todos los González y los Pérez. No es tan solemne, ¿no?

P. ¿Las revoluciones las hace la burguesía?

R. A veces sí, La Fayette, Kropotkim, hay de todo en la viñal del señor, son fenómenos de construcciones de conciencia por largos e intrincados caminos donde tu origen se mezcla con lo vivido y tomas el partido de los pobres o el de los oligarcas.

P. ¿Por qué tomó usted el de los pobres?

R. Por tradición ordinario.

P. No por advertencia personal.

R. Desde luego, pero eso fue a los 15 abriles. De los 11 a los 15 yo era de izquierdas, pero todavía no reflexionaba.

P. Los 15 es la vida de originarse a reflexionar.

R. Sí, pero yo ya venía con una tradición ordinario progresista.

P. ¿Cuáles son sus contradicciones?

R. Pocas, fíjate. De alguna forma, a lo amplio de todos estos abriles logré volverme uno y no dos. Frente a las tentaciones de ser un cargo divulgado y ser escritor no me apunté a ese debate interno, sigo siendo las dos cosas.

Frente a las tentaciones de ser un cargo divulgado y ser escritor no me apunté a ese debate interno, sigo siendo las dos cosas”

P. Se considera un bando.

R. Na, la palabra bando es muy musculoso, me considero un personaje coherente con su pasado. A ver, yo dejé de usar corbata en 1967.

P. ¿Por qué lo tiene tan presente?

R. Porque estaba escribiendo de eso antaño de ayer. Íbamos a un bailable de fin de año y a un compañero no le dejaron entrar porque no tenía corbata y todos, el resto del clan del Frente Izquierda, nos quitamos la corbata y la tiramos al suelo. Desde entonces no la he vuelto a usar ni una sola vez en mi vida. Pues eres coherente, si te la quitaste por una razón no te las tienes que poner por otra.

P. La coherencia es una de las cosas que está más perdida en estos tiempos, ¿qué opina? Esos que se declaran republicanos y luego se casan por la Iglesia o cosas así.

R. Ja, ja. Conmigo no hay ese problema, yo soy descreído desde los siete abriles.

P. Desde los siete.

R. Sí, señora. Paseaba con mi tío por Gijón cuando aparece un cura, y mi tío me urge: “Anda dile”. “¿Por qué no reparten los tesoros del Vaticano?”, le planté. “Ay, Ignacio”, miró a mi tío, “a este inmaduro tienes que llevarlo a ceremonia”. Yo contesté: “No voy a ceremonia porque no dejan fumar”. “Pero si tú no fumas”. “Pero voy a fumar mucho”, le contesté. Y entonces hizo la cruz con los dedos y salió huyendo de la conversación. Era la España franquista de 1956.

El escritor, en un puesto de revistas en las calles de la colonia Condesa.
El escritor, en un puesto de revistas en las calles de la colonia Condesa.Rodrigo Oropeza

P. Felipe VI no se levanta cuando pasa la espada de Bolívar y se monta la de Jehová.

R. A lo mejor ni sabía qué es, ni la trascendencia de esa espada, quiero pensar lo mejor, que es ignorancia, la ignorancia militar que el poder gachupin tiene con destino a América Latina, no acaba de ajustar su relación en términos de pasado y presente. Esa espada tiene un carácter simbólico, a mí me gusta.

P. ¿Por qué?

R. Porque es Bolívar, español. El tipo que por primera vez pone sobre la mesa, de la Patagonia al río Espléndido, la idea de un solo continente. Yo soy bolivarista guevariano.

P. Pues esa espada paseándose en una caja de cristal recuerda a Blancanieves.

R. El mismo sentido del humor cáustico que aplica a la espada de Bolívar ¿por qué no se lo aplica a las ceremonias religioso- monárquicas españolas? Y al Escorial, vaya a pasear al Escorial para deleitarse del equivalente triste de la espada de Bolívar.

P. A eso iba, si se critica a Jehová se da por hecho que existe. ¿No se presta demasiada atención a la monarquía?

R. Cuando tienes poco tan prehistórico como una monarquía en el régimen político igual hay que prestarle un poco de atención.

P. Cuando el presidente mexicano, Andrés Manuel López Taller, repite la palabra pueblo, ¿usted en quién piensa?

R. En el pueblo. Cuando has vivido en el movimiento social tantos abriles, has alfabetizado en escuelas básicas en barrios tan humildes que todo huele a azufre, cuando has repaso desde debajo la sociedad, con trabajadores cañeros, del vestido, cuando dormiste en la puerta de huelgas, donde ni puerta había… El pueblo está clarísimo. Y cuando me parece tan ridícula la oligarquía, tan de hijos del Hola y del mal elegancia…

P. Pero entre el pueblo raso y la oligarquía hay mucha clase media.

R. Sí, bueno, no es tropiezo de ellos.

P. Usted socioeconómicamente está emplazado en la clase media.

R. Ya, pero la ideología no la manda el efectivo que ganas al mes.

La política no es solo un problema de ética, todavía de estética”

P. Pero tener otros gustos o considerarse de otra forma, ¿no es mejor ni peor, ¿verdad?

R. Eres el que eres, no tienes por qué transcurrir comprando uniforme de granadero con plumas hacia lo alto. Creas gustos. La política no es solo un problema de ética, todavía de estética. La estética es importante. Hay una estética de la izquierda, o debería haberla.

P. ¿Una estética como modo de lucha?

R. Por lo menos una coherencia con la ética. Me sorprende que cuando construyes gobiernos progresistas hay siempre como un tercio de los que llegan a ellos que estéticamente no cuadran, en el fondo les gusta el oropel, los protocolos, las estructuras del poder formal.

P. Le veo con una coca-cola en la mano y se me rompen los esquemas…

R. Pa que veas, lo logro todavía con eso.

P. La provocación como objetivo.

R. En Italia, una vez me dijo un compañero: “Paco, la coca-cola es familia de vietnamita”. Le contesté: “Sóplame un huevo”.

Paco Ignacio Taibo II, en una librería del Fondo de Cultura Económica.
Paco Ignacio Taibo II, en una imprenta del Fondo de Civilización Económica.Rodrigo Oropeza

P. Cuando uno va a los poblados pobres de México y ve que desayunan comen y cenan con coca-cola

R. El Ché lo contaría mejor. En una América Latina que recorrió a pie, con enfermedades intestinales terribles, los refrescos y el agua embotellada eran una decisión.

P. Para gobiernos que no hacen lo que tienen que hacer.

R. Que hacen lo que les mandan los capataces. Además lo dijo cuando fue director de la Coca-Trasero en la Habana: no hay que prohibirla, hay que nacionalizarla.

P. El Fondo de Civilización Económica es una enorme editorial latinoamericana…

R. Una transnacional de izquierdas.

P. ¿Pero es suficiente para que lea la familia sin fortuna?

R. Nadie es suficiente, aunque es un material de impulso extraordinario, tenemos 10.000 clubes de recital creados estos abriles en comunidades donde no había ni un ejemplar. El Fondo está para eso. Hay que calar en dos planos, entre los jóvenes, provocando. Y reprovocar a viejos lectores, que están volviendo a descubrir con este nuevo Gobierno.

P. ¿Por qué?

R. Porque crea curiosidad, que es la raíz de la iniciación y el regreso a la recital.

P. ¿Usted cree que este Gobierno ha provocado un regreso a la recital?

R. Nadie de usted cree, me apuesto las manos y la capital, te muestro cientos de clubes de recital, o el incremento en ferias de ejemplar en barrios de lectores que vuelven a descubrir.

P. Bueno, si les han llevado los libros.

R. Claro, es que no se pueden articular voluntades si no tienes mecanismos.

P. ¿No se bloquea usted cuando le preguntan por su ejemplar protegido?

R. Sí. La verdad es que mi ejemplar protegido cambia todos los meses y me está pasando poco peligrosísimo: entré en una etapa de relectura de libros que me conmovieron profundamente y la medio de ellos no son tan buenos como creía y eso me pone muy nervioso. ¿Era yo idiota o qué?

P. ¿Por qué es peligroso descubrir que lo que te gustó con 20 abriles no te gusta con 50?

R. Porque tu seso emocional adolescente entra en cuestión.

P. ¿Y eso es peligroso o saludable?

R. Peligroso porque, ¿en qué te apoyas? Cuando dices a un adolescente: “¿Ya leíste los Sherlock Holmes de Conan Doyle? Procura descubrir los cuentos y no las novelas, y los reales y no los apócrifos, que son muy malos…”. Cualquiera que trabaja en el mundo del ejemplar es un recomendador natural y si mi seso queda en cuestión, eso me preocupa, no me angustia ni me paraliza, pero sí me preocupa.

P. No estar recomendando lo correcto…

R. No ser fiel a la razón de un recomendador, que tiene la solidez de su elegancia y la capacidad de contagio que su elegancia ejerce sobre otros.

P. Pues venga, eche aquí unas recomendaciones para mayores y pequeños.

R. Para jóvenes yo diría que si no han culto Espartaco, de Howard Fast, están en Babia. Para adultos mayores… Quizá la trilogía de Stratís Tsircas. Escribió tres novelas sobre la II Refriega Mundial desde el flanco que nunca se vio: los griegos de izquierdas que emigraron posteriormente de la intervención italoalemana y la complicidad de la monarquía y los dejaron sin país y se fueron a Alejandría, a El Cairo y a Jerusalén. Es una trilogía sobre las tres ciudades.

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