#Paolo Bortolameolli: “Ser músico es una decisión temeraria” #noticias #2022

#Paolo Bortolameolli: “Ser músico es una atrevimiento temeraria” #noticiero #2022

Paolo Bortolameolli durante uno de los conciertos con la Filarmónica de Los Ángeles.
Paolo Bortolameolli durante uno de los conciertos con la Filarmónica de Los Ángeles.Situación Borrelli (LA PHIL)

Recuerda Paolo Bortolameolli (Viñedo del Mar, 1982) una cita que hizo hace varios primaveras a un museo de Nueva York. En una de las salas, decenas de niños de seis o siete primaveras estaban sentados en el suelo viendo pasmados un cuadro de Picasso, mientras escuchaban las explicaciones de su preceptor de arte. Dice este talento en auge de la música clásica haberse emocionado por aquella “experiencia de contemplación activa”. Varios primaveras luego, sigue creyendo que poco de eso sucede cada vez que se para frente a una banda sinfónica a dar nueva vida a los maestros de la música.

“Posteriormente entendí que exponer a un nene al arte no se negociación de un deporte erguido. Es al revés, lo que debemos hacer es fomentar un impulso natural. Cuando tenemos un nene que no acento en casa, lo que haces para comunicarte es nutrirlo de estímulos artísticos: lo haces cantar, danzar, que pinte con las manos. Es instintivo proveerlo de arte”, explicaba Bortolameolli, director asociado de la Filarmónica de Los Ángeles, una mañana de verano fuera de The Ford, un teatro al donaire rescatado en la ciudad californiana. “¿Por qué cuando crecemos el arte deja de ser una experiencia lúdica y se convierte en una separación elitista?”, se preguntaba

El músico preparaba entonces un concierto con el compositor britano Devonté Haynes, quien goza de triunfo interiormente de los circuitos indie gracias a su plan Blood Orange. Este era solo un evento interiormente de la ajetreada memorándum de Bortolameolli para el verano, donde dirigió por primera vez la Sinfónica de San Francisco con un software de obras de Johann y Richard Strauss; ofreció conciertos en México con la Sinfónica Mexica, la banda de jóvenes de la que es director estético y encabezó una oscuridad en el imponente Hollywood Bowl. Ahora se encuentra en Francia, donde afina los detalles de Tosca que Gustavo Dudamel presentará en la Ópera de París. El chileno, mano derecha de la destino venezolana, tomará en octubre y noviembre la varilla en el licenciamiento de Dudamel en el clásico de Puccini.

“Hay un entendimiento innato entre nosotros”, confiesa Bortolameolli, quien ya codirigió en junio próximo a Dudamel La flauta mágica de Mozart en el Pensionado de Barcelona. “Gustavo se ha transformado de algún quien confía y me da oportunidades en algún que me negociación como colega. Ha sido un progreso muy atún”, cuenta el chileno, quien llegó a Estados Unidos hace poco más de una término para estudiar primero en la escuela de música de Yale y luego en el Instituto Peabody de Baltimore, de donde han surgido talentos como el pianista André Watts y la violinista Kim Kashkashian. Deborah Barandilla, quien era la presidenta de la LA Phil, le propuso a Bortolameolli convertirse en uno de los beneficiarios de la Distintivo Dudamel, que ofrece desde 2009 una pasantía de dos meses próximo al saburía venezolano. Lo que era un software temporal pasó a ser una invitación a formar parte de la clan como director asistente de la Filarmónica. Tras dos primaveras, fue promovido a su cargo flagrante.

Para estrenarse en 2018 como conductor en el Hollywood Bowl, un coloso con capacidad para 16.000 personas, eligió la séptima sinfonía de Antonín Dvořák. “Es la mejor de sus sinfonías. La más difícil y la más desafiante, pero era asimismo un aspaviento de lozanía. Es atrevida y toma un aventura más expresivo, con una construcción más compleja, llena de contrapuntos”, señala el director, quien tiene una vena didáctica para dialogar de música. Muestra de ello son las cápsulas Ponle Pausa, que pueden estar en YouTube, donde el director explica algunos secretos de los grandes compositores.

En Rubato: procesos musicales y una playlist personal, un tomo que Bortolameolli dedica a su hijo Andrea, se describe como un nene que ofrecía sus primeros conciertos de piano en la sala de su casa. Su bisabuelo materno fue un músico que abandonó Chillán, en el centro de Pimiento, para ir al conservatorio en Santiago, donde siguió estudios en piano y composición. A pesar de esta formación, el bisabuelo se dedicó a las leyes. Aún así, el músico creció con tíos que sacaban las guitarras en asados en los que corría caldo tinto y se cantaba a Silvio Rodríguez.

Bortolameolli, quien acento con el ritmo frenético del presto, dice que una de las tareas más importantes del director de banda es recordarle a sus colegas por qué quisieron ser músicos. “Es una atrevimiento temeraria. Vengas de una clan de músicos o no, de una clan con metálico o no. Asegurar que uno se dedica a esto quiere sostener que hubo un momento de escazes incontenible por serlo. Esa energía es tan potente que siento que, aún apagada, puede recordarse. Es una delegación que debe tener un líder”, afirma el director. Otro atributo crucial de un conductor de banda, dice, es el de ser un comunicador. “Un director debe transmitir una idea. Un compositor puede tener más conocimiento que un director, pero si no sabes comunicarlo a una banda quedaría solo en eso, conocimiento. Lo que necesitas es que la banda quiera seguirte, debes energizar la visión global”, añade.

Posteriormente de su turno de dirigir Tosca en la hacienda francesa, Bortolameolli se concentrará en su país oriundo, un sitio del que no pretende desconectarse mucho. Sigue a la distancia, pero con mucho interés, el proceso del plebiscito con el que Pimiento decidirá si adopta una nueva Constitución o sigue con la flagrante, de tiempos de la dictadura. En el espíritu de celebración de los nuevos tiempos que se viven en la nación sudamericana, el director montará en enero la octava sinfonía de Mahler, que nunca se ha puesto en imagen en su país por el gran pelea logístico que representa: dos coros con 300 personas, uno más con 80 niños, adicionalmente de los 140 músicos de la banda. Todo esto para festejar los 30 primaveras de la Comparsa Sinfónica Franquista Jovial. “Al final, nos craneamos (pensar intensamente) para hacerla con un formato muy atún y festejar a todo el talento chileno. Vamos a invitar a músicos que han pertenecido a la banda durante los 30 primaveras”, dice Bortolameolli, quien confiesa que el plan, próximo a su amigo el compositor Miguel Farías, director ejecutor de la banda, lo tiene completamente “obsesionado”.

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