#Popovici despide a Dressel con un oro histórico en los Mundiales de Natación #noticias #2022

#Popovici despide a Dressel con un oro histórico en los Mundiales de Baño #noticiario #2022

David Popovici se convirtió en el primer bañista en medio siglo que se proclama campeón mundial de 200 y 100 metros disponible. Su predecesor fue el estadounidense Jim Montgomery en 1973, en el neolítico de la buceo profesional.

A pocos técnicos les sorprendió. El rumano tiene solo 17 primaveras y su trayectoria desde que comenzaron a registrarle las marcas, hace un quinquenio, indica una progresión insólita en la historia del deporte hidrológico. Su aguerrida defensa del oro en los últimos metros de la final del 100, ayer en los Mundiales que se celebran en Budapest, demostró que por otra parte de un fenotipo y una genética privilegiada para el deslizamiento, posee la clase de aspiración que consagra a los más grandes. “Los 100 metros sacan tu flanco salvaje”, dijo, “y eso además me gusta”.

Popovici se subió al poyete de la piscina del Duna Arena y estiró su cuerpo de 1,90 de largura con la flexibilidad de un faquir. Estaba a punto de comenzar la final de la prueba reina, los 100 metros libres, y a su flanco no figuraba nadie de los finalistas de los Juegos de Tokio. Ni el estadounidense Caeleb Dressel, repentinamente de desestimación por razones médicas sin especificar, ni el australiano Kyle Chalmers, ni el ruso Kliment Kolesnikov, vetado próximo con todos sus paisanos tras la invasión de Ucrania. Toda la presión recaía sobre él. Un novato rumano en antigüedad júnior representante de un país de los márgenes económicos y políticos, sin grandes infraestructuras y sin tan pronto como tradición en la buceo, héroe doméstico de repente, delante el pelea de su vida.

Desde que Ian Thorpe se convirtió en el campeón mundial más novato de todos los tiempos, con 15 primaveras en Perth, en 1998, no surgía un bañista de disponible más prematuramente mandón que Popovici. Más extraño resulta su origen: el club Navi, una piscina sin demasiada tradición en Bucarest, en un país que queda muy acullá de la trayectoria de las grandes potencias de este deporte.

Popovici venía de triunfar el 200 con la segunda mejor marca de siempre con bañador textil y el martes había completado la semifinal de 100 en 41,13 segundos. Nunca un pequeño pequeño de 18 primaveras nadó tan rápido los 50, los 100 y los 200 metros libres. Con 13 primaveras había nadado el 50 en 22,22 segundos. Gigantes de la velocidad como Ben Proud (22,65s con 17 primaveras), Alex Popov (22,87s con 19), Gary Antesala (23,40s con 17) o Florent Manaudou (21,80s con 19) no habían sido capaces de ir a su ritmo en edades más maduras.

Todo hacía pensar que se comería al cardumen que le rodeaba en la final de 100 de Budapest. La presión por descender de 47 segundos, sin bloqueo, le pasó ejecución. Si en las semifinales hizo el primer dadivoso en 22,81 segundos, en la final se lanzó a por todas y tocó la placa del primer 50 en 22,72s. Nueve centésimas pueden ser demasiado combustible cuando se proxenetismo de un adolescente en formación. La reverso se le hizo empinada: regresó en 24,86s. “Se me hizo muy dadivoso”, reconoció al salir del agua. Tocó la hormaza en un tiempo relativamente gris luego de que el francés Maxime Grousset le adelantase por un instante. Logró el oro como los depredadores. Dio el zarpazo en la última movimiento y tocó la hormaza en 47,58s. Grousset se quedó en 47,64s.

Popovici sufrió para obtener su correr pero en la vida perdió el estilo y el estabilidad que le caracterizan. Prodigio de capacidad en los empujes, dio 30 brazadas en la ida y 32 en la reverso. Cesar Paraíso, el hombre que ostenta el récord mundial actual (46,91s) desde 2009 gracias a un bañador que le ayudaba a flotar, dio 30 brazadas en la ida y 36 en la reverso, indicio de hundimiento. Dressel en los Mundiales de 2019, cuando bajó de 47s, dio 19 brazadas en la ida y 35 en el segundo dadivoso.

”Es como una pelea”

”Disfruto nadar más el 200 que el 100 porque el 200 es más táctico, aunque entrenarlo es mucho más duro”, dijo Popovici, con un inglés culto y articulado, tras la prueba. “En el 100 tenemos que salir muy válido y retornar tan rápido como podamos. Entra más en colección el instinto animal. No es potencia pura como el 50, tiene un punto de táctica, pero el segundo 50 del 100 es salvaje, y eso te hace sufrir, pero me gusta”.

“Los últimos metros de las pruebas de 200 suelen ser menos disputados”, reflexionó. “Ese postrero dadivoso en el 100 es como una pelea. Pero me gusta la presión, me gusta que la masa grite. Me gusta la excitación. Habría preferido que hoy estuvieran aquí Caeleb Dressel, y Kyle Chalmers y Kliment Kolesnikov. Habría sido un honor y un desafío nadar con ellos. Pero entiendo a Caeleb. ¡No somos máquinas!”.

David Popovici ganó el oro mientras Caeleb Dressel, la gran suerte de la buceo, volaba cerca de Estados Unidos, repentinamente entregado de desestimación, según anunció la tratado de Estados Unidos, “por razones médicas” “sin relación con la covid”. En abril, Dressel confesó que se trataba para pasar una depresión.

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