#¿Por qué la política va tan deprisa? Internet como posible explicación #noticias #2022

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Desde 2014 en España la competición política ha sido un carrusel de siglas y de líderes. La política de hacer cosas no parece ir más rápido, pero se ha acelerado la carrera de caballos por el poder. En diez años hemos visto emerger una decena de formaciones, desde UPyD a Podemos, Ciudadanos, Vox, Más País, Junts o España Vaciada, a veces para desinflarse. Ciudadanos llegó a ser primera fuerza en los sondeos de 2018 y ahora ronda el 3% en votos. Los liderazgos se sienten fugaces, como cuando piensas que de los cuatro grandes candidatos de 2019 (Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias) solo repetirá uno, que además es el presidente.

Pero, ¿qué motivos hay tras esta volatilidad? No habrá una única respuesta, porque nunca la hay; el sistema de partidos se rompió tras la crisis económica de 2008 y en su reconfiguración pueden influir montones de elementos, incluidos los factores diminutos que llamamos azar. Pero una hipótesis me interesa especialmente: el papel de internet en la política acelerada.

Internet hizo más fácil darse a conocer. Hoy un candidato puede volverse viral en redes sociales, de manera orgánica, y desde allí captar la atención de los medios masivos. No necesita grandes planes ni organizaciones que lo apoyen. Este domingo, por poner un ejemplo, uno de los candidatos para presidir Colombia es Rodolfo Hernández, un enigma efervescente al que llaman ‘el viejito de TikTok’. Hace 30 años alcanzar al gran público exigía mediadores, empezando por tu partido, que tenía el poder de llevarte a los medios o dejarte dar un gran discurso. Ahora los aparatos importan menos, como sugieren las trayectorias de líderes muy diferentes, como Pedro Sánchez, Emmanuel Macron o Donald Trump.

Internet a menudo es solo un primer escalón. Cuando alguien exagera la importancia de las redes, se suele recordar el antiejemplo de Podemos: Pablo Iglesias asaltó la política española no tanto por internet como por televisión. Es más, el partido digital de aquellas elecciones europeas fue otro, el Partido X, que seguramente ni recuerdas porque fracasó. Es posible que el auge de Vox en 2018 sí le deba más a Youtube, WhatsApp e Instagram, al menos para prender la mecha, aunque luego su éxito exigiera las audiencias masivas de radio, prensa y televisión.

Internet puede haber alimentado el populismo. Es lo que me sugería Eduardo Suárez, jefe editorial del Reuters Institute de Oxford: “Diría que internet ha propiciado un tipo de candidato y de campaña que políticos de todo el mundo están emulando. En la receta del éxito de ese tipo de candidato insurgente (a menudo populista) tienen un papel las plataformas digitales, que ayudan a difundir mensajes simples, a menudo engañosos y a introducir asuntos marginales en el debate público”. Sobre esto hay evidencias contradictorias (I, II, III), pero yo tiendo a pensar como Suárez.

Internet también puede haber hecho que los medios políticos sean (más) para los motivados políticamente. Es la tesis de Ezra Klein sobre Estados Unidos, pero me parece exportable: “En una era de elección, el periodismo político es un negocio que sirve a gente interesada en las noticias políticas, y que intenta crear más gente interesada en las noticias políticas. Y estar interesado en política es, para la mayoría de la gente, elegir un bando”.

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Diferentes estudios han mostrado que la mayoría no vivimos en cámaras de eco mediáticas. Por ejemplo, Sílvia Majó-Vázquez y sus colaboradores han mostrado que los medios ‘mainstream’ de Estados Unidos “ofrecen un terreno común donde convergen audiencias ideológicamente diversas”. Pero con un matiz de duda: mucha gente no mira noticias y quizás solo convergen para leer sobre deportes, datos o recetas.

Internet produce nichos, también para la política. El interés por la política sigue siendo minoritario, según el CIS: el 60% de la gente dice que le interesa «poco» o «nada». No obstante, en los últimos años ha crecido el grupo de los motivados: el porcentaje de gente «muy» interesada ha subido del 3% del año 2000 al 9% actual. Este grupo no decide las elecciones —al revés—, pero dominan la conversación en Twitter y en tus grupos de WhatsApp; y serán quienes más consumen información puramente política (es decir, sobre partidos). Son una minoría polarizada e hiperactiva, y creo que debemos pensar en su papel: ¿no acelerarán la política?

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