#“Roe contra Wade’ estuvo atrozmente errada desde el principio”: las claves de la sentencia que ha tumbado el aborto en EE UU #noticias #2022

#“Roe contra Wade’ estuvo atrozmente errada desde el principio”: las claves de la sentencia que ha tumbado el pérdida en EE UU #parte #2022

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha anulado este viernes el derecho federal al pérdida al pronunciarse sobre un caso particular, del mismo modo que hace medio siglo lo consagró en su desacierto sobre otro pleito: Roe contra Wade, de 1973, que sentó el precedente reglamentario que desde este viernes ya es papel mojado. El caso que acaba de entrar con cultura mayúsculas en la historia procesal y social de Estados Unidos lleva el nombre Dobbs contra Jackson Women’s Health Organization. Enfrentaba a las autoridades de Misisipi con una clínica de lozanía reproductiva de su renta a cuenta de una ley estatal de 2018, que prohíbe la decano parte de interrupciones luego de las primeras 15 semanas de turbación.

Seis jueces conservadores (contra tres liberales) han sentenciado que el pérdida no está amparado por la Constitución y han devuelto a los 50 Estados la potestad para decretar sobre el tema. Se calcula que 26 correrán a prohibir en decano o pequeño medida la interrupción reglamentario y segura del turbación. En otros lugares, de signo demócrata, promulgarán normas que la garanticen más allá de las sentencias del Supremo.

La sentencia ha desatado un auténtico terremoto político y social en Estados Unidos, por más que el fondo se conociera ya desde el pasado mes de mayo, cuando se filtró un dechado, escrito por Samuel Alito, autor de la opinión mayoritaria. En lo esencial se ha mantenido inmaculado, pese a que fue escrito en febrero y pese a la presión social. En sus 213 páginas, a esa opinión mayoritaria (secundada por Clarence Thomas, Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett y el presidente, John Roberts) siguen las opiniones particulares concurrentes de Thomas, Kavanaugh y Roberts, y, por fin, el voto particular en contra de los tres jueces liberales: Elena Kagan, Stephen Breyer y Sonia Sotomayor.

Los nueve miembros del Tribunal Supremo, en una foto de abril de 2021. De pie, desde la izquierda, Brett Kavanaugh, Elena Kagan, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett. Sentados, Samuel Alito, Clarence Thomas, Roberts, Stephen Breyer y Sonia Sotomayor.
Los nueve miembros del Tribunal Supremo, en una foto de abril de 2021. De pie, desde la izquierda, Brett Kavanaugh, Elena Kagan, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett. Sentados, Samuel Alito, Clarence Thomas, Roberts, Stephen Breyer y Sonia Sotomayor.AFP

1. La opinión mayoritaria, firmada por Samuel Alito

“La Constitución no hace ninguna remisión al pérdida”. El árbitro Samuel Alito, autor de la opinión mayoritaria del tribunal, arranca su escrito de 79 páginas con la misma idea con la que lo termina: el pérdida es un “asunto casto profundo” que suscita “visiones opuestas”. “Algunos creen fervientemente que la persona humana existe desde el momento de la concepción y que el pérdida acaba con una vida inocente”, señala. “Otros creen con la misma fuerza que cualquier regulación del pérdida invade el derecho de una mujer a controlar su propio cuerpo e impide que las mujeres alcancen la igualdad absoluta. Otros, en un tercer reunión, piensan que el pérdida debería ser reglamentario en algunas circunstancias, pero no en todas”. “Durante los 185 primeros abriles desde la adecuación de la Constitución, se permitía que cada Estado gestionase este asunto en concordancia con la visión de sus ciudadanos”. Alito considera que ahí reside el pecado innovador de Roe contra Wade: “Aunque la Constitución no hace ninguna remisión al pérdida, el Tribunal sostuvo que sí confiere un derecho amplio a obtenerlo”.

“Roe contra Wade estuvo atrozmente errada desde el principio”. Alito arremete contra la sentencia de 1973 en un tono que recibió críticas por su dureza cuando un dechado de la sentencia conocida este viernes se filtró el pasado mes de mayo. “Su razonamiento fue excepcionalmente débil y la audacia ha tenido consecuencias perjudiciales. Y allá de conseguir un acuerdo doméstico sobre el asunto del pérdida, Roe y Casey [Planned Parenthood contra Casey, un caso que en 1992 estuvo a punto de llevarse por delante Roe, pero la acabó ratificando] han inflamado el debate y profundizado las divisiones”, escribe el árbitro conservador. “Es momento de acatar la Constitución y devolver el asunto del pérdida a los representantes del pueblo”, remacha. Es asegurar, a las Cámaras legislativas de cada Estado.

El pérdida no es un derecho “implícito en el concepto de osadía”. El árbitro recuerda que tanto el precedente de Roe (1973) como su ratificación en el caso de Casey (1992) se basan en la 14ª Resarcimiento de la Constitución. Esta sirve para asegurar algunos derechos que no están explícitamente mencionados en la Carta Magna de Estados Unidos pero se hallan “profundamente arraigados en la historia y tradición” o son “implícitos en el concepto de osadía exigida”, como estableció el desacierto Washington contra Glucksberg, de 1997. ”El derecho al pérdida no entra interiormente de esta categoría”, afirma Samuel Alito.

“Los estadounidenses continúan teniendo puntos de sagacidad apasionados y ampliamente divergentes sobre el pérdida, y las legislaturas estatales han actuado en consecuencia”. Aquí, Alito olvida la estadística: según un flamante estudio del Pew Research Center, el 61% de los estadounidenses cree que el pérdida debería ser reglamentario en todas o en casi todas las circunstancias, aunque muchos se abren a restricciones, mientras que el 37% cree que debería ser ilegal.

2. La opinión concurrente del árbitro Clarence Thomas

“Tenemos el deber de corregir otros precedentes”. El árbitro Clarence Thomas, tal vez el más conservador del tribunal más conservador en décadas, se suma “a la opinión [mayoritaria] del tribunal porque correctamente sostiene que no existe el derecho constitucional al pérdida”. Pero no le parece suficiente. Roe contra Wade está basada en la Decimocuarta Resarcimiento, la que garantiza el derecho a la intimidad. En esa misma reparación están basada otras sentencias que, según los expertos, están en el cornisa, como la que garantiza el enlace maricón (Obergefell contra Hodges, 2015), las relaciones entre personas del mismo sexo (Lawrence contra Texas, 2003) y la contracepción (Griswold contra Connecticut, 1965). Thomas pide al tribunal que considere tumbar asimismo esos precedentes.

3. La opinión concurrente de Brett Kavanaugh

“Mínimo en esta opinión debe implicar que se ponen en duda los precedentes que no se refieren al pérdida”. Brett Kavanaugh, uno de los tres jueces designados por Donald Trump, escribe en un texto añadido a la opinión mayoritaria que esto no significa que otros derechos, como el enlace maricón o las relaciones entre personas del mismo sexo, estén en cuestión. “Hago realce en lo que el tribunal declara hoy: anular Roe no significa anular esos precedentes, y no amenaza ni pone en duda esos precedentes”.

4. La opinión concurrente del presidente del tribunal, John Roberts

“Yo habría tomado un camino más mesurado”. Una de las grandes incógnitas sobre esta audacia era qué postura adoptaría el presidente del tribunal. En el dechado filtrado no figuraba como firmante de la opinión mayoritaria. Finalmente ha votado en ese sentido, aunque con salvedades. Él se habría quedado en darle un respaldo a la ley de Misisipi que estaba en cuestión, pero no creía necesario ir tan allá como tumbar Roe. “Permítanme comenzar con mi acuerdo con el tribunal, sobre la única cuestión que debemos animarse aquí: si debemos sostener la regla de Roe y Casey de que el derecho de una mujer a interrumpir su turbación se extiende hasta el punto en que el feto se considera como ‘viable’ fuera del seno. Estoy de acuerdo en que esta regla debe descartarse”. Ese es el contorno que él habría tocado, sin derogar el derecho federal al pérdida.

5. El voto particular de los tres jueces liberales

“Una mujer tendrá que dar a luz al hijo de su violador o a una pupila de su padre, sin importar que hacerlo destruya su vida”. Una sentencia “catastrófica” que “quita la osadía” a las mujeres. Así la define el voto particular que firman los jueces Breyer, Sotomayor y Kagan, quienes subrayan que la sentencia va más allá de tolerar la ley de Misisipi que prohíbe los abortos luego de la decimoquinta semana de turbación. “Según la sentencia de la mayoría, la ley de otro Estado podría hacerlo luego de 10 semanas, o de cinco, o de tres, o de una, o, de nuevo, desde el momento de la fecundación”, escriben. Los jueces disidentes recuerdan que los Estados ya han admitido leyes de este tipo, anticipándose a la sentencia. “Seguirán otros. Algunos Estados han promulgado leyes que se extienden a todas las formas de procedimiento de pérdida, incluida la toma de medicamentos en el propio hogar. Han admitido leyes sin ninguna excepción para cuando la mujer es víctima de una violación o un incesto. En virtud de esas leyes, una mujer tendrá que dar a luz al hijo de su violador o a una pupila de su padre, sin importar que hacerlo destruya su vida”.

“Tal vez, a raíz de la audacia de hoy, una ley estatal criminalice asimismo la conducta de la mujer, encarcelándola o multándola”. En su voto particular, asimismo señalan que tras la sentencia, algunos Estados pueden mover a las mujeres a padecer a término un feto con graves anomalías físicas, aunque vaya a fallecer al poco de germinar. “Los Estados pueden incluso argumentar que una prohibición del pérdida no tiene por qué proteger a la mujer del peligro de crimen o daño físico”, afirman. “La aplicación de todas estas restricciones draconianas asimismo se dejará en gran medida en manos de los Estados”, dicen en relación con las consecuencias de un pérdida que pase a ser ilegal. Señalan que, con esta sentencia, los Estados pueden imponer largas penas de prisión a quienes practiquen abortos. “Pero algunos Estados no se detendrán en ello. Tal vez, a raíz de la audacia de hoy, una ley estatal criminalice asimismo la conducta de la mujer, encarcelándola o multándola por atreverse a apañarse o practicar un pérdida”.

“Son las mujeres que no pueden permitírselo las que más sufrirán”. Por dos veces insisten los jueces progresistas en que la ley resulta especialmente dañina para las mujeres más pobres. “En los Estados que prohíben el pérdida, las mujeres con medios podrán seguir viajando para obtener los servicios que necesitan. Son las mujeres que no pueden permitírselo las que más sufrirán”, dice el voto particular en un pasaje. Y en otro: “Algunas mujeres, especialmente las que tienen medios, encontrarán formas de evitar la afirmación del poder del Estado. Otras (las que no tienen parné, ni jardín de infantes, ni la posibilidad de ausentarse del trabajo) no serán tan afortunadas. Tal vez prueben un método de pérdida no seguro, y sufran daños físicos, o incluso mueran. Tal vez mantengan el turbación y tengan un hijo, pero con un importante coste personal o allegado. Como reducido, tendrán el coste de perder el control de sus vidas”.

“Obliga [a la mujer] a cumplir la voluntad del Estado”, advierten los tres jueces liberales, “sean cuales sean las circunstancias y el daño que le cause a ella y a su clan. En los términos de la Decimocuarta Resarcimiento, le quita la osadía”.

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