#Rune elimina a Tsitsipas en los octavos de Roland Garros #noticias #2022

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Rune celebra un punto durante el partido contra Tsitsipas.DYLAN MARTINEZ (REUTERS)

A Holger Rune le entusiasma la pasta a la boloñesa, le gustaría ser James Bond y la asignatura con la que más disfruta en el instituto es el Español. Sin embargo, sus facciones nórdicas le delatan. “Sí, estamos haciéndolo bien; definitivamente, vamos en la buena dirección. Tenemos a Casper [el noruego Ruud, al que se enfrentará en los cuartos] y también a Mikael Ymer [sueco]. Nunca habíamos tenido un tenista danés ni uno noruego, así que estamos creciendo”, dice. Lo hace después de hacer historia y despachar, nada más y nada menos, que al número cuatro del mundo y finalista el curso pasado, el griego Stefanos Tsitsipas: 7-5, 3-6, 6-3 y 6-4 (en 2h 31m).

“Sí, todo el mundo siente presión ante una situación así”, responde cuando se le recuerdan los nervios del final, a la hora de cerrar el duelo de los octavos. “Pero contra Casper será un nuevo partido, un nuevo ambiente, así que veremos que ocurre”, dice con la serenidad propia de sus raíces, combinada con el apetito de quien sabe que tiene las facultades y puede llegar lejos. Tal vez muy lejos. Hace un año era el 313º del mundo y ahora, independientemente de lo que suceda estos días, figurará a corto plazo entre los 30 más fuertes del circuito. Es la consecuencia de su notable recorrido en París y, sobre todo, el despegue en esta gira de arcilla.

“El partido contra Zverev en Múnich [segunda ronda] me ayudó mucho a creer en mí mismo”, explica ante los periodistas, a los que no esconde su ambición. Así se expresa la última hornada. Mientras a la denominada Next Gen –los Tsitsipas, el propio Zverev, Rublev, Medvedev, Khachanov, Tiafoe…– se le hacía un nudo en la garganta cada vez que se les interrogaba sobre el futuro y sus posibilidades, a la última generación no le tiembla en absoluto el pulso para hablar sobre su proyección. “Mi objetivo final es ser el número uno, no voy a ocultarlo; lo es y lo ha sido siempre”, reconoce.

“Sé que hay un largo camino, pero estoy cada vez más cerca y creo en mí mismo. Creo que puedo ganarles a los grandes jugadores y no solo una vez, sino también en un Grand Slam”, añade Rune, entrenado por su técnico de siempre, Lars Christensen, y que ingresó en la élite hace dos años después de foguearse en los challengers e ir madurando su tenis en los torneos menores. Diestro, buena planta (1,88); sin grandes destellos pero también sin fisuras. Siempre apuntó maneras.

Alcaraz y Rune, en un torneo júnior.
Alcaraz y Rune, en un torneo júnior.

Conquistó Múnich (tierra, bajo techo) hace un mes y ahora es el primer danés que alcanza los cuartos del grande francés. El último que lo consiguió queda lejos, Jan Leschly en el US Open de 1967. Y él se posiciona. Mientras empieza a abrirse definitivamente una nueva época, Carlos Alcaraz encuentra un potencial compañero de viaje. El nombre de ambos figura en el cartel de los cuartos y, por primera vez, habrá dos menores de 20 años en la antepenúltima ronda desde que el ucraniano Andrey Medvedev y el alemán Hendrik Dreekmann progresasen en el Roland Garros de 1994.

“Se merece toda la atención que está recibiendo. Está haciendo cosas increíbles, como ganar a Novak o a Rafa. Prefiero no compararme con él. Quiero construir mi propio camino y voy a mi ritmo. Cada uno tiene su trayecto”, concluye mientras la generación 2003 ya pega furo. Nacieron con apenas cuatro días de diferencia. Deslumbra Carlitos, y por ahí se asoma en el horizonte un vikingo. Se llama Rune.

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