#Sin armas contra el ‘bueno’ de Juanma #noticias #2022

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, durante su visita a la ermita del Rocío, en Almonte (Huelva).Alejandro Ruesga (EL PAÍS)

No hace mucho, a los estudiantes de tercero de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada les pidieron en un seminario que escribieran en un folio cinco cosas positivas y cinco negativas del Gobierno andaluz de coalición presidido por el popular Juan Manuel Moreno. “Nadie escribió nada. Es una estrategia perfecta, no tiene altibajos”, cuenta el profesor Ángel Cazorla. Andan ahora todos los partidos buscando la manera de erosionar al candidato del PP —cuyo lema pivota entre Juanma, presidente y Andalucía avanza― y se han dado cuenta, cuando quedan 13 días de campaña, de que llegan tarde. Muy tarde.

Antes, en el todopoderoso PSOE andaluz los responsables de las campañas se traspasaban papeles y un consejo, que seguían a rajatabla: las elecciones se empiezan a preparar al día siguiente de las últimas. Pero en este momento, en el que todas las encuestas pronostican que el cambio político producido la noche del 2 de diciembre de 2018 —cuando las derechas sumaron más que las izquierdas―, se consolidará el próximo 19 de junio, en el PSOE se han dado de bruces con una realidad: no saben cómo combatir “el fantasma del buenismo” de Moreno, en palabras de un dirigente.

Moreno, según los datos del CIS y del Centro de Estudios Andaluces, saca un 6,1 de nota media, lo cual quiere decir que los votantes del PSOE, Vox, Ciudadanos y en menor medida de las coaliciones de izquierdas lo puntúan alto. En el PSOE y en Vox lo saben; también en el PP. “Atacar a Moreno se les vuelve en contra”, afirman desde equipo de campaña del presidente andaluz. “Es difícil de combatir, cae bien, no tiene flancos”, reconocen desde el PSOE, donde cree que “revertir esa situación es ahora imposible” y que lo mejor a estas alturas es dedicarse a movilizar a los suyos.

En Por Andalucía, la coalición de Izquierda Unida, Podemos, Más País y otras tres formaciones, también tienen dificultades para dar en la tecla. “¡Se disfraza con su chaquetita, su gorrita, de trabajador social, de bombero para engañar a la gente!”, clamó este sábado el coordinador de IU, Toni Valero, en un acto con la candidata Inma Nieto en San Pedro de Alcántara (Málaga) al que acudieron unas 50 personas. Teresa Rodríguez, de Adelante Andalucía, acuñó el término “suavón” para calificar a Moreno, una expresión andaluza que le han copiado socialistas como el aspirante a la Junta, Juan Espadas, o el navarro Santos Cerdán y que más o menos define a una persona buena gente e inofensiva, pero que después te la puede jugar. Moreno, como también el vicepresidente de la Junta y candidato de Ciudadanos, Juan Marín, y Juan Espadas, se trasladaron este sábado a El Rocío, donde los expertos aseguran que hay un millón de romeros. Dijeron que no estaban en campaña, sino visitando a la Blanca Paloma.

Si Moreno ha llegado a ese grado de aceptación no ha sido solo por sus propios méritos, pese a gobernar con el apoyo externo de Vox, sino porque en los tres años y medio de legislatura, dominados por la pandemia, el PSOE “no le ha quitado ni una sola pluma, está inmaculado”, admiten muchos dirigentes socialistas. Por el contrario, el PP, ya fuera con Mariano Rajoy, Pablo Casado o ahora con Alberto Núñez Feijóo —que agita la campaña a favor de Moreno, pero sin cambiar las cosas de sitio― desde el mismo minuto de la llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno hace cuatro años no han parado en intentar demonizarlo. Moreno también está en esas: “Una severa derrota del PSOE pondrá en difícil situación al Gobierno de Sánchez”.

Giselle García Hípola, politóloga de la Universidad de Granada, sostiene: “El PP no ha cambiado nada y al final lo que se genera es una sensación de conformidad”. Su colega Fernando Fernández-Llebrez destaca sobre Moreno: “El PP ha conseguido romper barreras como la de que se le identificara con el señorito andaluz, como le pasó a Javier Arenas, pero Moreno tiene una percepción más llana, más popular y la institucionalización de la Junta, y la debilidad del PSOE le ha permitido situarse en el centro político”. Apunta otro dato para explicar el ascenso del voto de la derecha en Andalucía y el del estancamiento del PSOE: “La identificación de Pedro Sánchez con el independentismo. Eso hace un daño tremendo. En Andalucía oriental hay una vinculación con el mundo charnego muy importante y el tema catalán influye”.

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Vox no lo ignora y su líder Santiago Abascal repite eso de que “el partido sanchista está sometido a los golpistas”, como afirmó en la noche del viernes en mitad de la calle Asunción de Sevilla, donde en 2015 reunió apenas a 10 personas y ahora sumó a más de un millar. Su candidata, Macarena Olona, elude hablar de Moreno, evita las preguntas de los periodistas y reivindica “las grandes gestas de España y no las de Blas Infante”. Vox informó este sábado de que Olona no ha dejado su escaño en el Congreso, como se comprometió la aspirante, para “mantener su actual condición” de abogada del Estado en servicios especiales. En el escrito registrado notifica a la Cámara su baja, “que causará efecto en cuanto adquiera la condición de diputada autonómica”, algo a lo que está obligada por ley porque son puestos incompatibles.

¿Significa eso que teme un discreto resultado? Abascal ha puesto en circulación la teoría de que PP y PSOE ensayarán en Andalucía la “gran coalición” y que la izquierda se puede abstener para dejar gobernar a Moreno y cerrar la puerta a Vox, como apuntó la candidata de Por Andalucía a EL PAÍS. En el PSOE andaluz ese debate sobrevuela; y en los sindicatos, también. Ahora no toca, pero se abrirá en función de los resultados la noche del 19 de junio. “Habrá que ver si el PSOE se lo toma como una cuestión de Estado porque la entrada de Vox en la Junta es un problema democrático, o como un asunto electoral porque cree que eso le va a retroalimentar”, afirma el profesor Fernández-Llebrez. En ese supuesto, los alumnos de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada no devolverían los folios en blanco cuando les pidan que anoten hechos positivos y negativos del Gobierno del PP. Y en el PSOE lo saben.

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