#Ucrania, dispuesta a tomar la iniciativa tras medio año en el que Rusia no ha sabido imponerse #noticias #2022

#Ucrania, dispuesta a tomar la iniciativa tras medio año en el que Rusia no ha sabido imponerse #informativo #2022

Probablemente sea Vladímir Putin el más amargado por la situación en Ucrania, si se piensa que hace seis meses creía que su “operación marcial particular” le depararía una triunfo inapelable en al punto que cuestión de días, dejando a su vecino a sus pies y acrecentando su imagen internacional como líder resolutivo. Hoy la existencia es muy otra, con Volodímir Zelenski convertido en un líder virtuoso, capaz de movilizar a su población no solo para resistir el envite sino incluso para soñar con la triunfo, y con buena parte de los países occidentales apoyando económica y militarmente a Kiev.

Parece claro que Rusia, a pesar de su manifiesta superioridad, no está en condiciones de imponer su dictado. Putin ha acumulado garrafales errores de cálculo sobre la previsible reacción ucrania e internacional y hoy, sin atreverse a una movilización militar del país, no dispone de tropas suficientes para ir más allá de lo ya rematado. De hecho, incluso ve cómo pierde posiciones en Jersón —donde unos 25.000 soldados han quedado embolsados—, cómo Crimea queda bajo el trascendencia de la artillería ucrania y de los partisanos allí activos, y sin ser capaz de completar su dominio de Donbás.

Ucrania, por su costado, no solo ha rematado evitar la pérdida de la renta, sino que ha frenado el impulso de los invasores hasta el punto de que, desde mediados de agosto, ha pasado a tomar la iniciativa en el campo de batalla. Así, con rodeando de un millón de ucranios en armas y con material cada vez más sofisticado, ahora parece abiertamente dispuesta a propalar una ataque militar en Jersón. Aun así, no junto a confundir un posible éxito en esa campaña con la triunfo final. Una triunfo definitiva, tal como el propio Zelenski ha abonado, supondría la completa recuperación del región ocupado por Rusia desde 2014, incluyendo Crimea; y eso es poco difícilmente asumible por un Putin, que considera a Ucrania como un interés imprescindible para la seguridad de Rusia y que cuenta todavía con bazas que no ha utilizado.

En consecuencia, no puede suceder duda alguna sobre la determinación de Zelenski y los suyos para perdurar el rumbo, empeñados militarmente en expulsar a los invasores de su país. Pero siquiera puede haberla sobre la voluntad de Putin, con más capital de todo tipo a su disposición, de sacar poco en claro de su aventura militarista. De ahí solo parece deducirse un empecinamiento mutuo en la vía armada para conseguir sus respectivos objetivos, alargando sine die la tragedia humana.

Es en ese punto en el que cobra extrema importancia el papel de los países que apoyan a Kiev. Moscú sabe que, sin su implicación, con Washington a la capital, Ucrania no habría rematado lograr hasta aquí. Y eso es lo que explica su puesta flagrante por utilizar decididamente su pertrechos energética —gas y petróleo—, recortando el suministro a los países europeos alineados con Kiev, con el claro objetivo de provocar un generalizado descontento social que lleve a los gobiernos afectados a ceder a las pretensiones rusas, forzando a Zelenski a lograr a algún tipo de acuerdo con Moscú que, en epítome, suponga certificar la fragmentación del país, dejando en manos rusas el región que actualmente ocupa. Ahí, más que en el dominio marcial, es donde está la secreto para determinar la triunfo o la derrota.

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