#Una mañana de luz blanca: relato de un médico tras su primera eutanasia #noticias #2022

#Una mañana de luz blanca: relato de un médico tras su primera eutanasia #noticiero #2022

Jesús Medina, un médico que trabaja en Leganés, realizó su primera eutanasia el 15 de noviembre de 2021. Es una de las 172 que se han realizado hasta la término en España tras un año desde la entrada en vigor de la ley que lo permite. “No me falles”, le dijo la paciente, una señora de 86 abriles con un cáncer de colon terminal, cuando pidió expirar dignamente. Pero en un principio no podía hacer carencia: la Comunidad de Madrid todavía no había formado su comité de garantías. Cuando se formó, la petición fue rechazada, pero fue aceptada tras apelar la valentía, casi tres meses posteriormente de que la paciente decidiera que no quería sostener más. Esa confusión, al datar a casa, Jesús escribió este texto:

Debo prepararme por interiormente y por fuera esta mañana de jueves. He pasado una confusión inquieta y me desperté temprano. En la ducha noté que mi cuerpo estaba temblando.

Rezo y comparto mis sentimientos con mis seres queridos.

Vuelvo a rezar un rato grande cuando ya no hay nadie en casa.

Salgo a la calle y sigo temblando. Estoy a punto de no coger el coche porque temo no poder conducir. Pero hago un brinco de confianza: sé que puedo conducir.

Llegamos al portal. El bóveda celeste es de un azur tan claro que me parece un papel de regalo que envuelve la ciudad.

Ya estamos los tres: los dos enfermeros y yo. Dedicamos unos instantes para contarnos lo nerviosos que estamos, pero lo convencidos de estar realizando un acto médico, movidos por el acto sexual y el respeto a la excarcelación individual.

En la casa hay un esfera casi festivo (como cuando esperas a que salga la novia de la habitación el día de su boda).

Están los hijos y muchos nietos. El marido es el miembro más frágil de la grupo.

Ella está espléndida. Vestida con un pijama blanco y una quimono de flores.

Maquillada, perfumada, con un ramo de flores que le acaban de dar sus nietas.

Saludamos a todos de forma discreta pero emocionados.

Ella consuela a los que se acercan. Está preparada, válido, serena y contradictoriamente parece llena de vida.

Explicamos en voz inscripción los pasos que vamos a realizar: preparamos la terapéutica en la habitación, posteriormente pasa la paciente para colocarle dos accesos venosos y posteriormente pueden producirse los familiares que lo deseen.

En la habitación se organiza todo, escrupulosamente regular. Se deja todo preparado en un esfera solemne pero afectuoso. Queremos que todo esté previsto y el procedimiento sea fluido.

En el salón ya se oyen besos, deseos entrecortados, agradecimientos, algún sollozo y unos últimos abrazos muy apretados.

Ella pasa a la habitación y se tumba en la cama con completa naturaleza. Acento con nosotros en un tono chancero de detalles concretos y de temas trascendentes.

Me agradece todo mi compañía en estos meses, me dice cosas muy bonitas que no puedo retener. Yo le digo que lo nuestro fue un flechazo de acto sexual a primera panorámica, que nunca me voy a olvidar de ella.

Entra parte de la grupo cuando están canalizadas las dos vías venosas.

La habitación es blanca, su pijama blanco, el propofol asimismo es blanco y por el ventanal entra la luz de la mañana tamizada por toldos blancos.

Comienza la sedación y ella no pierde la sonrisa. Sus nietas le dicen todo lo que la quieren y ella se despide deseando placer para todos nosotros.

Son las merienda y media y queda en el clima un espíritu de paz, de dignidad, de respeto a la vida y al proceso de expirar que nunca había experimentado.

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