#Una niña superviviente de Uvalde en el Capitolio: “No quiero que vuelva a pasar” #noticias #2022

#Una niña superviviente de Uvalde en el Capitolio: “No quiero que vuelva a pasar” #noticias #2022

Miah Cerrillo, estudiante de cuarto grado y sobreviviente de la masacre en la Escuela Primaria Robb en Uvalde, testifica durante una audiencia en el Capitolio de EE. UU. el 8 de junio de 2022.POOL (REUTERS)

La mañana del 24 de mayo, Miah Cerrillo estaba en clase viendo una película de dibujos animados, cuando su profesora, Eva Mireles, pidió a los niños que se escondieran rápidamente. Algunos corrieron bajo el escritorio de la maestra. Otros se ocultaron tras sus mochilas. Y entonces entró el primer tiro a través de la puerta. Un joven llamado Salvador Ramos, de 18 años, armado con un rifle de asalto tipo AR-15, le dijo “buenas noches” a Mireles y le disparó en la cabeza.

Diecinueve alumnos y dos maestras de la escuela elemental Robb, de Uvalde (Texas), murieron esa mañana. Cerrillo, de 11 años, sobrevivió gracias a que se untó la sangre de una amiga muerta y fingió que también había perdido la vida. Este martes, la niña ha compartido su historia en un vídeo pregrabado con los miembros de la Comisión para la Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes en Washington, en una sesión monográfica sobre la epidemia de la violencia armada en Estados Unidos.

Cerrillo tuvo tiempo de recuperar el teléfono móvil de la profesora y de llamar al servicio de emergencias durante el largo rato que tardaron las autoridades de Uvalde en actuar contra Ramos, al que acabó matando un guardia de la Patrulla Fronteriza. En el video mostrado en el Capitolio, se ve a la niña contestar a la pregunta de si se siente segura. Niega con la cabeza y dice: “No quiero que vuelva a pasar”. ¿Y cree que sucederá de nuevo?, se escucha a una voz en off. Entonces, Cerrillo no duda, y mueve afirmativamente la cabeza.

Su testimonio ha sido uno de los que se han escuchado la mañana de este miércoles en boca de supervivientes y familiares de las víctimas de los recientes tiroteos masivos en Uvalde y de Búfalo, Nueva York, donde otro chico de 18 años también con un AR-15 y guiado por teorías propias del supremacismo blanco mató a 10 afroamericanos en un supermercado.

También ha hablado el padre de Cerrillo, Miguel, que no pudo contener las lágrimas durante su testimonio, en el que dijo que sentía que su hija había cambiado para siempre. Tampoco logró escapar al llanto la madre de una de las víctimas, Lexi Rubio, que, en otro vídeo, relató la trágica espera que acabó con las peores noticias posibles: “Llegaron autobuses y autobuses, pero ella [su hija] no estaba a bordo. Escuchamos que había niños en el hospital local, así que fuimos allí corriendo, pero no la encontramos tampoco. Mi papá condujo una hora y media hasta San Antonio [para buscar en el hospital universitario, que acogió a algunos supervivientes]. En ese momento, una parte de mí se dio cuenta de que [la niña] se había ido”, dijo Kimberly Rubio, sentada junto a su esposo. La confirmación llegó poco después.

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Felix y Kimberly Rubio, padres de una de las víctimas de Uvalde, comparecen por videollamada con una comisión dedicada a la epidemia de la violencia armada.
Felix y Kimberly Rubio, padres de una de las víctimas de Uvalde, comparecen por videollamada con una comisión dedicada a la epidemia de la violencia armada.POOL (REUTERS)

“Buscamos la prohibición de los rifles de asalto y de los cartuchos de alta capacidad”, dijo Rubio. “Parece que por alguna razón, para algunas personas, para las personas con dinero, para las personas que financian campañas políticas, las armas son más importantes que los niños”. “No queremos que piensen en Lexi como en una estadística”, continúa la madre en el vídeo, en el que recuerda los planes que había hecho su hija: “asistir a la universidad en San Antonio”, “especializarse en matemáticas” y “estudiar derecho”. “Todas esas oportunidades le fueron arrebatadas. Y también nos las arrebataron a nosotros”. Rubio añadió: “Puede que una madre, en cualquier lugar, esté escuchando nuestro testimonio y pensando para sí misma: ‘Ni siquiera puedo imaginar su dolor’, sin saber que nuestra realidad algún día acabará siendo las suya, a menos que actuemos de una vez”.

Otro de los testigos de la mañana ha sido Roy Guerrero, único pediatra de Uvalde, que trató a las víctimas. Los cuerpos de dos de ellas, afirmó, “estaban pulverizados por las balas; los decapitaron. La carne estaba tan desgarrada que la única pista sobre sus identidades eran los dibujos de la ropa, salpicada de sangre ”. Guerrero ha añadido: “Elegí ser pediatra. Elegí cuidar niños. Eso puedo hacerlo. Pero asegurarnos de que nuestros niños estén a salvo de las armas, ese es el trabajo de nuestros políticos y líderes. En este caso, ustedes son los médicos y nuestro país es el paciente”.

Mientras se celebraba esta sesión, un reducido miembros de legisladores de ambos partidos continuaban con sus sigilosas reuniones para alcanzar algún tipo de acuerdo sobre el control de armas, que sería el primero en tres décadas. En el reducido marco en el que se mueven, parece que coinciden en el incentivo de las leyes de “bandera roja”, pensadas para contener la violencia armada, en aumentar la seguridad en las escuelas, en imponer algún tipo de control de antecedentes de los compradores y en aprobar una partida de siete mil millones para la prevención de los problemas de la salud mental.

Fuera de discusión parecen estar medidas como subir la edad de 18 a 21 años para poder comprar un AR-15, la prohibición de los rifles de asalto, la verificación universal de antecedentes para poder vender un arma de fuego o la restricción de la capacidad de los cartuchos. Tanto en Uvalde como en Búfalo, los atacantes contaron con esos fusiles altamente letales, capaces de cargar decenas de balas.

Los demócratas confían en que habrá algún tipo de preacuerdo antes de final de esta semana. Los republicanos no están tan convencidos de eso. El sábado, Washington acogerá una gran protesta, bajo el lema “Marchemos por nuestras vidas”. La última vez que se convocó fue en 2018, tras la matanza en una escuela secundaria de Parkland (en Florida) y fue organizada por el movimiento surgido por los supervivientes de esa masacre que dejó 17 muertos. Entonces también pareció que algo podía cambiar. Y todo siguió igual.

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