#Una semana de tope al gas: ni fiasco ni panacea #noticias #2022

#Una semana de tope al gas: ni fiasco ni panacea #telediario #2022

Una torre de red eléctrica de transporte de energía en un barrio de Bilbao.
Una torre de red eléctrica de transporte de energía en un ciudadela de Bilbao.LUIS TEJIDO (EFE)

Ni bálsamo de Fierabrás ni el fracaso terminante que algunos atisbaron en los primeros compases de aplicación de la excepción ibérica. La primera semana de tope sobre el precio del gas natural que se utiliza para gestar electricidad es una historia de luces y sombras: ha conseguido humillar poco los precios, aunque menos de lo prometido por el Ejecutante. En las siete jornadas de aplicación de la medida, parcialmente deslucida por la ola de calor —que ha disparado la demanda y frenado en seco la producción renovable, de extenso la más permuta—, una nueva subida abrupta en el precio del gas y un enorme incremento de las exportaciones a Francia, la disminución para los clientes del mercado regulado roza el 11%. La sigla está por debajo del rango del entre 15% y 20% proyectado por el Empleo para la Transición Ecológica y el Pelea Demográfico para los 12 meses en los que estará activo el tope.

En junio —un mes en el que la medida tendrá un impacto parcial: solo en la segunda quincena— un consumidor medio del mercado regulado (incluso conocido como PVPC) pagará una cargo de en torno a 76 euros, según los cálculos de José Luis Sancha, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas. Son cinco euros menos de lo que abonaría sin tope al gas. “La disminución presenta una esforzado dispersión según los días y es inferior a la prevista por el tarea, pero el mecanismo está funcionando”, aquilata el incluso autor de Presume de entender (a fondo) las facturas de la luz y del gas. “Una vez remitida la ola de calor, es probable que ese precio se modere tenuemente en los días que restan de junio”, confía. En esta primera semana, sus cálculos apuntan a una disminución del 10,9% en el PVPC.

Para emitir un sensatez final sobre la medida aún habrá que esperar —como insignificante— un mes más. Así lo creen, al menos, la mayoría de especialistas consultados, que abogan por evitar investigación apresurados como los emitidos en las primeras horas de puesta en marcha del mecanismo. “El tope ha entrado en vigor en un momento de pesadilla, en plena ola de calor y con el precio del gas disparado: todo lo que podría salir mal en los primeros días, salió mal. El sábado ya empezó a mejorar y a partir del domingo ya salen números más coherentes”, analiza Francisco Valverde, consejero de Menta Energía y una de las voces más autorizadas del sector. “Cuando peor va a funcionar es ahora, en verano: hay poca eólica e hidráulica, y la solar que hay todavía no mueve el mercado por sí sola: es cuando más gas se abrasamiento. Será entre septiembre y noviembre cuando veremos ahorros mayores, porque el derrota volverá a tirar”, proyecta.

Los próximos meses, esencia

El principal beneficio del aparato, a luceros del expresidente de Red Eléctrica de España (REE) Luis Atienza —“es una red de seguridad contra unas condiciones que pueden volverse más adversas; eso es lo más importante del tope”—, no se dejará ver hasta adentro de unos meses. “No se puede dictaminar por lo ocurrido esta semana ni por lo que pase la que viene, sino por lo que va a evitar que suba la cargo a futuro: el diferencial entre los precios del resto de Europa y la Península se va a ampliar en los próximos trimestres. Y ahí es donde se demostrará la efectividad del mecanismo”, esboza por teléfono.

Aelec, la patronal del sector eléctrico —ausencia sospechosa: no ve con buenos luceros ninguna intervención del mercado, y esta lo es—, incluso cree que el peculio irá en aumento en los próximos tiempos. Por varios motivos: por el longevo peso de las renovables y porque el número de consumidores entre los que se divide la compensación a las centrales de gas será cada vez longevo: al agrupación que ahora paga ese ajuste (los hogares y empresas que están en el mercado regulado o que cuentan con una tarifa indexada al mercado al contado) se irán sumando todos los que renueven su pacto, sea del tipo que sea. Según los cálculos de esta asociación, en esta primera semana de tope al gas la disminución fluctúa entre el 4% del pasado jueves y el 21% del domingo, cuando el calor ya remitía y la demanda cayó con fuerza.

La senda alcista del descuento debería continuar hasta finales de año, cuando el orilla sobre el precio del gas empezará a aumentar a razón de cinco euros mensuales: los 40 euros iniciales —y actuales— pasarán progresivamente a ser 75 en mayo del año que viene, el postrero mes de excepción ibérica. Ese aumento del umbralado hará que los ahorros incluso sean menores esos meses que en estos compases iniciales de la medida. De ahí que, para conseguir la disminución media que el Gobierno atisba para todo el periodo, la disminución tenga que ser más adhesión en estos primeros meses. Posteriormente, la cuesta hacia lo alto será más pronunciada.

Exportaciones disparadas

La ola de calor y el suspensión precio del gas —que eleva la compensación a abonar a las centrales térmicas— no son los únicos motivos por los cuales la disminución se está quedando corta: el enorme aumento de las exportaciones de electricidad en torno a Francia incluso juega un papel relevante. Al ofrecer energía más permuta —subvencionada por los consumidores españoles, a raíz del tope al gas—, la interconexión con el país vecino ha pasado de ser bidireccional —con flujos de entrada y salida en función de los tramos horarios— a ser unidireccional: desde el miércoles, la corriente está fluyendo solamente en sentido sur-norte.

El aumento del apetito francés por la electricidad generada en España viene de detrás, en gran medida a raíz del parón por razones técnicas de buena parte del parque nuclear de ese país. La excepción ibérica, sin bloqueo, ha acelerado esa tendencia: Aelec calcula que el aparato multiplicará por cinco el saldo exportador. Ese enorme incremento de la demanda externa está obligando a reactivar los ciclos combinados (centrales en las que se obtiene electricidad mediante la abrasamiento de gas) más antiguos, menos eficientes y, por consiguiente, más caros. El resultado: precios más altos incluso en el mercado interno y mayores emisiones de dióxido de carbono (CO₂). Y menos descuento en la cargo de las familias y las empresas españolas.

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