#Vetusta Morla se agiganta en el Wanda sin despegar los pies de la tierra #noticias #2022

#Vetusta Morla se agiganta en el Wanda sin quitar los pies de la tierra #informativo #2022

Cuatro primaveras y un día a posteriori, los chicos de Vetusta Morla volvieron a cultivar de profetas en la ciudad que los abraza. El sexteto del morería madrileño de Tres Cantos tenía grabada a fuego en el currículo la data del 23 de junio de 2018, cuando reunieron a 38.000 fieles en la Caja Mágica, una sigla inédita en su historial. Este viernes tuvieron que conformarse con solo 35.000 en el Wanda Metropolitano, templo deportivo entregado a una manada de amplia mayoría madridista y con sus seis miembros de punta en blanco para la ocasión. Hoy no hay especie en el rock regional que remotamente se les aproxime en poderío musical, pero siquiera en su talante minucioso, en el sensibilidad por el detalle y la culto escénica.

Los de Tres Cantos no solo tuvieron que afrontar la responsabilidad y los nerviosismo de las ocasiones señaladas, sino el mareo de los imponderables. El sonido se desvaneció a centro de El Hombre del Saco, tan solo la cuarta canción de la sombra, y la manada, ensimismada en el universo paralelo de sus monitores, siguió interpretándola sin ser consciente de que no se escuchaba una sola nota. Claro que Pucho, un cantante (y comandante) con muchas horas de planeo, supo salir al finta poco a posteriori. “Pase lo que pase, que nulo os impida disfrutar de esta sombra. Que seamos plenamente conscientes de la puta suerte que tenemos de estar aquí”.

El compromiso de los seis con su propio itinerario exquisito les lleva a preferir siempre la reformulación al continuismo. Es fascinante la querencia de la manada por reinterpretarse, quintaesenciada anoche en una nueva ojeada de Maldita Dulzura ―clásico ya entre los clásicos―, misteriosa y turbulenta como si proviniera de un encargo de David Lynch. Pero es que incluso La Virginal de la Humanidad, tema de estreno, ha tenido tiempo de mudar una estrofa que ahora Pucho recita en ocupación de entonarla. Todas estas circunstancias, sugerentes y meritorias, empalidecen al compararlas con lo que prórroga a los tres cuartos de hora de espectáculo, quizá el momento más formidable que estos prestidigitadores de la música popular han urdido en sus dos décadas de trayecto.

Los seis vetustos, unos tipos habituados ya a reventar festivales, estadios, plazas y pabellones, ceden el centro del proscenio a las pandereteiras coruñesas de Aliboria y los músicos tradicionales palentinos de El Naán, que se congregan en torno a una vieja mesa de madera para entonar y percutir las Panaderas de Pan Duro, un canto de quehacer que alguna tatarabuela de nuestros tatarabuelos acertaría a inventar mucho tiempo antiguamente de que nosotros nos hubiésemos asomado al ocultación de la vida. Y Vetusta Morla aprovecha esa indicación a la tradición y los ancestros, a cargo de unos músicos habituados a celebrar su arte y ritual en presencia de al punto que unos cientos de testigos, para enlazar con su Finisterre, otra de esas páginas que enarbola Juanma Latorre para rivalizar en estado de amnistía con el todavía compositor y guitarrista Guille Galván. Solo por ese momento, grande, ya habría debido la pena la prórroga a posteriori de este paréntesis aterrador de congojas, pérdidas, temblores y desconcierto.

Pero es que todo Cable a Tierra, el flamante botellín elepé de los madrileños, es en extremo extremo un cántico a la amistad y la empatía, a la reorganización de prioridades, al valencia del sobo como una mecanismo de medida que de ningún modo imaginarán los próceres de Davos, los programadores de algoritmos o los ufanos ideólogos del odio y la mentira. Y en ese sentido se postuló Al Final de la Fuga como himno para estos primaveras venideros, una canción de transparencia poesía inusual en los cánones de Galván y tan bonita y esperanzadora como para desearla canturrear en esos momentos en que el prójimo es cierto que de verdad merece la pena. Los detalles, decíamos. Siempre los detalles. La consejo, el autoanálisis, el aprecio por la simbología: no es habitual que en un evento masivo se rinda homenaje a Antonio Gasset (alertando desde La2 sobre los imbéciles, un colectivo hoy en expansión), igual que siquiera preveríamos en labios de Pucho una cita de La Tarara, una proporción que nos han cantado todas las madres de este país pero que todavía sirve como remisión lorquiana, acoplado cuando tanta desliz nos hace Lorca y tan poca los revisionistas.

Toda la civilización que va contigo te prórroga aquí.

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La euforizante Sálvese Quien Pueda añade como verso final “Y los fascistas, fuera”. La Diana suena más inquietante y claustrofóbica que en su plasmación fonográfica. Y en Consejo de Sabios irrumpe por sorpresa Wos, un rapero argentino de quien hasta ahora casi no teníamos nueva, para hacer aún más célebre otra de esas páginas que seguirán pasando de voz en voz cuando las nuestras se hayan extinguido para siempre. Al final, y por no renunciar a las esencias ni las liturgias, llegarán la furia de Te Lo Digo a Ti (que nació con espíritu de krautrock y ahora es un puro chirriar guitarrero) y el monumental éxtasis colectivo de Fuerte o Saharabbey Road, esos momentos en que no queda un alma sin saltar, gritar y sublimar la producción de endorfinas.

Y todo ello con un sonido aceptable al principio y casi sobresaliente a medida que se consumaba el ritual, un mérito enorme en un estadio concebido para la excelencia deportiva y desde el maduro de los desprecios por la acústica. Tuvo tiempo Pucho de pedir un grande aplauso para los currantes anónimos de la civilización o protestar una Ley de la Música que a los de ahora no se les ha ocurrido y a quienes ―menos portento― vengan ni se les pasará por capital. Igualmente para conceder en el pasaje central de Los Días Raros, la canción que siempre implica la despedida, unos versos a Héctor Castrillejo, ese bardo sin par que transmite las doctrina conmovedoras de la España recóndita. Pero la auténtica irregularidad es la propia existencia de esta muchedumbre, una manada que sigue haciéndose más holgado cuando parece que ya no queda beneficio de mejoramiento. Y todo ello, muy importante, sin quitar los pies de esa tierra que ahora invocan, bendicen y consagran.

#Vetusta Morla se agiganta en el Wanda sin quitar los pies de la tierra #informativo #2022

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