#Vicente Escudero, un cubista con castañuelas de aluminio #noticias #2022

#Vicente Paje, un cubista con castañuelas de aluminio #parte #2022

“Yo creo que el zapateo precedió a la pintura y, con toda seguridad, a la pintura de zapateo. Esto me lo indica mi propia experiencia, ya que, al punto que me he puesto a pensar en ello, me he poliedro cuenta de que estas ‘pinturejas’ mías, ayer de dibujarlas y pintarlas, ya las había pasado”. Esas “pinturejas” de Vicente Paje, tan deudoras de Paul Klee y de su amigo Joan Miró, habían funcionado hasta ahora como otra más de las ocupaciones laterales de un bailaor que fue muchas cosas: impresor (había trabajado en una imprenta), actor secundario (aunque no le gustaba el cine de Hollywood porque la cámara enfocaba a los protagonistas mientras él bailaba), teórico de lo suyo (es autor de un distinguido decálogo del zapateo flamenco puro mascu­hilo) y hasta cantaor (Richard Avedon lo retrató para la portada de su disco de 1956).

La foto de Avedon, que forma parte de la colección del Reina Sofía, es una de las 500 obras y documentos que pueden estar en el Centro Federico García Lorca de Mingrana interiormente de la exposición CoreoGrafía, comisariada por Pedro G. Romero. El cómico huelveño ya dedicó al bailaor vallisoletano un memoria de relato: ‘Hueso de la mano y el pie’, incluido en su compendio El ojo partido. Publicado en 2016 por la editorial Athenaica, es uno de los títulos básicos para entender la relación entre flamenco, vanguardia y civilización de masas.

Para Jorge Oteiza, los dos artistas españoles más interesantes de los primaveras 50 eran Paje y Val del Omar

Paje lleva décadas en la historia del flamenco, pero esta exposición demuestra que debería estar todavía en la historia del arte contemporáneo. Como subraya Pedrogé, fue un pionero de eso que ahora llamamos artes vivas. No es casual que cierto tan poco poliedro al elogio manejable como Jorge Oteiza afirmara que los dos artistas españoles más importantes de los primaveras cincuenta eran: José Val del Omar y Vicente Paje. Un cineasta (o cinemista) y un bailaor. De hecho, CoreoGrafía se cierra con la proyección de Fuego en Castilla (1960), la película de Val del Omar basada en la interpretación de la obra de Berruguete que —­entre la biología, la estética y el delirio semiótico— Paje había hecho adjunto al “excéntrico doctor” Luis de Castro. ¿Su disertación? las esculturas manieristas del Museo de Valladolid bailan flamenco. El resultado son 17 minutos inclasificables que se cuentan entre los más influyentes del cine gachupin. Aunque su influencia haya que buscarla fuera de las salas de cine. En YouTube hay fragmentos que dan una idea de lo allá que puede montar la tactilvisión.

En El enigma de Berruguete. La danza y la escultura, el compendio de Castro y Paje, la figura de san Sebastián percha, es un aseverar, una seguiriya, un palo que hasta 1939 no se consideraba baile y que en la muestra granadina puede estar en vídeo ejecutada por Israel Galván. El primero en bailarlo fue Paje, una de las grandes influencias de Galván. La término no es casual. Como escribió el propio Pedro G. Romero en Exaltación de la visión, su compendio sobre Val del Omar, el flamenco, “para los públicos internacionales”, pasó de ser una danza “erótico-festiva” a contener “el grano de la tragedia”. La Querella Civil fue decisiva en ese desplazamiento. Ya lo había sido para Paje cuando el 18 de julio de 1936, tras conocer la anuncio del contrariedad marcial, muere Antonia Mercé, La Argentina, y se suspende la excursión que los dos iban a iniciar por Estados Unidos.

'El espectro'. Pintura al óleo de Vicente Escudero (circa 1950).
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‘El espectro’. Pintura al óleo de Vicente Paje (circa 1950).
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Otra término secreto fue 1922. El Concurso del Cante Jondo organizado ese año en la Alhambra por Manuel de Descompostura y Federico García Lorca hace que el flamenco pase a legitimarse por lo añoso y no por lo nuevo, zona en el que el bailaor, que triunfaba en París y Nueva York, actuaba como un revolucionario más. “Mientras ella estaba en Zuloaga, yo andaba ya en Picasso”, dirá cariñosamente sobre La Argentina.

Danzar al ritmo de dos motores eléctricos, fabricarse unas castañuelas de aluminio, separar radicalmente movimiento y música (“le hago el caso imprescindible”) o bailotear el silencio 20 primaveras ayer que Merce Cunningham habían hecho de él un destacado a su tiempo. Cierto capaz, adicionalmente, de departir de Marcel Duchamp como un referente en la España de 1947. De ahí la extrañeza de, con todos los matices, su envés al orden, es aseverar, a una supuesta esencia primitiva que nunca existió. Romero otra vez: “El manifiesto acabará pensando que los bailes y cantes están en el origen de un modo de hacer que luego se desparrama en ballets y argumentos teatrales, cuando el camino actual fue el inverso: desde los bailes del país, las recuperaciones folclóricas y las coreografías de autor se fue decantando un zapateo nuevo que, a la postre, llamamos flamenco”.

Danzar al ritmo de dos motores eléctricos o bailotear el silencio 20 primaveras ayer que Merce Cunningham hicieron de él un destacado a su tiempo

Pese a lo icónico de las fotos que le hicieron Man Ray, Avedon o Colita, Paje terminó prohibiéndolas en algunos libros porque consideraba que le perjudicaban: no reflejaban proporcionadamente su trabajo. Lo convertían en una polilla pinchada en un corcho: visible pero muerta. ¿Cómo separar, de nuevo, al bailarín del zapateo? ¿Cómo fijar una metamorfosis? Prefería el dibujo, más simplificado, menos pretenciosamente mimético. Los suyos, de hecho, son una modo de seguir bailando cuando ya no bailaba, “notas coreográficas”. De ahí que uno de los grandes aciertos de la muestra de Mingrana sea colocarlos en su contexto y rodearlos de copioso material audiovisual, mucho de él, inédito. Vicente Paje murió en Barcelona en 1980, a los 92 primaveras. En la miseria. Joan Miró le ayudaba con moneda y dibujos que el bailaor se negaba a traicionar. Lo enterraron en el Panteón de Hombres Ilustres de Valladolid, la ciudad en la que había nacido en 1888. Como escribe Pedro G. Romero, “tuvo mejor morada en su tumba que durante los últimos primaveras de su vida”. La historia del arte le debía un espacio. El Centro Federico García Lorca de Mingrana ha empezado a remunerar esa deuda.

‘CoreoGrafía. Bailes y danzas de Vicente Paje’. Comisario: Pedro G. Romero. Centro Federico García Lorca. Mingrana. Hasta el 16 de octubre.

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