#“Ya no creo en el amor ese que nos venden” #noticias #2022

#“Ya no creo en el amor ese que nos venden” #noticias #2022

En el trabajo previo a este reportaje, una lectora se puso en contacto con este periódico para informar de que su abuela, fallecida recientemente, tenía una amiga de 92 años que salía con un hombre, pero no vivía con él porque “estaba esperando a ver qué tal le iba”. Y así llevaban los dos 10 años. El estado de la mujer, deteriorado tras pasar la covid, ha impedido que cuente esa historia de amor y esperanza de vida que tiene un ingrediente esencial que plasma la empresa 40dB. en su encuesta para EL PAÍS y la Cadena Ser: las mujeres, sobre todo cuando son más mayores, están menos dispuestas a la convivencia en pareja y a hacer sacrificios por amor.

Paloma Rey, abogada. MASSIMILIANO MINOCRI

Paloma Rey (69 años, divorciada). Porque has aprendido. A una edad, cuando ya has tenido una experiencia de pareja, y ahora conoces la independencia y la libertad, es difícil volver atrás. Podrás tener tus escarceos, tus rollos, pero ya está. Hay mujeres que no quieren volver a estar al servicio de nadie.

Paloma está separada desde hace 13 años, tiene dos hijos y no se ha planteado volver a convivir con una persona. “Soy vitalista, tengo muchos amigos y amigas, y no necesito compartir mi vida al 100% con nadie. ¿Que puede surgir? No lo creo, ni creo en el amor ese que nos venden. En mi generación, la convivencia ha sido muchas veces la muerte de las relaciones”.

Rocío Saiz (31 años, soltera). Diré más. La ley del divorcio en este país ha salvado muchas vidas.

Rocío y Paloma están acompañadas en la nave de las viejas rotativas de EL PAÍS por Lucas Jiménez, Ana María Ibáñez del Castillo y Óscar Díaz Perales. Diferentes tramos de edad que los incrustan en generaciones que van de la Z de Lucas a la baby boom de Paloma, diferentes circunstancias sentimentales, diferentes orígenes. ¿Condiciona, por cierto, la clase social? ¿Saldrían con alguien mucho más rico, o mucho más pobre?

Óscar Díez Perales (42 años, divorciado). A priori, sí. A priori. ¿Pero podría ser un mantenido, por ejemplo? Porque si fuese al contrario y soy millonario, a mi pareja le diría: si quieres currar, curra, pero…

Ana María Ibáñez (38 años, con pareja). Ese es el conflicto. Si no, es imposible acompañar en la vida a alguien que tenga mucho más dinero. Restaurantes, viajes, vacaciones, tiempo. Si hay mucha diferencia económica, tienes que asumir que o pagas el desequilibrio, o permites que te lo paguen.

Lucas Jiménez (20 años, con pareja). Es interesante. Si tú eres una persona rica y estás enamorada, puedes sospechar que la otra persona esté contigo por interés. Si eres la otra persona, y estás enamorada, tienes que convivir con la idea de que la gente, o tu propia pareja, piense que quizá tu amor no es del todo sincero. Muy delicado. Y constante: en todas partes y a todas horas hay romances así, solo faltaría que nos tuviésemos que enamorar de iguales.

 Rocío Saiz, artista.
Rocío Saiz, artista.MASSIMILIANO MINOCRI

Uno de los resultados de la encuesta es llamativo. Cuanto más joven, más proclive a considerar como infidelidad cualquier cosa.

Lucas. Porque cuando eres joven, tu idea del amor es más superficial, más centrada en cosas físicas. Cuando una persona madura empieza a darse cuenta de lo que realmente es infidelidad, se disipan un poco más los celos y te centras en cosas importantes. De todos modos, no es más importante la edad como el momento en que tienes esa edad. Por eso creo que en mi generación se consideran menos cosas infidelidad que en la anterior [los mileniales].

Ana María. Yo veo en mi entorno relaciones que empiezan jovencísimas y en las que el control es absoluto, desde los móviles hasta la ropa que se tienen que poner ellas.

Lucas. Si miran a mis espaldas el móvil, dejo de ver a esa persona con los mismos ojos.

¿Alguien ha visto el móvil o ve el móvil de su pareja? Ninguno lo aprueba y ninguno lo ha hecho, salvo Rocío.

Rocío. Es una cuestión sociológica: si los padres están cada vez más fuera de casa, el niño cada vez tiene menos nido. Cuando no confías, buscas pareja para rellenar carencias. Y creas vínculos que son tóxicos. Yo he tenido una infancia desestructurada y estas inseguridades mías las atribuyo a factores ambientales.

Óscar. ¿Qué pasó cuando viste el móvil de tu novia?

Rocío. Fue una vez. Lo tuve que mirar porque me estaba mintiendo y me estaba haciendo sentir loca. Pues mira: así justifico habérselo cogido. Me estaba engañando, me estaba mintiendo y yo no estaba loca.

Óscar. Y si no te estuviese engañando, te sentirías una mierda y dirías: “Si no confío, ¿merece la pena la relación?”.

Rocío. Por eso yo creo que ninguna relación sobrevive a mirarle el móvil al otro.

Lucas Jiménez, estudiante de Arquitectura.
Lucas Jiménez, estudiante de Arquitectura. MASSIMILIANO MINOCRI

Hablemos de sexo. Cuando se acaba, concretamente.

Rocío. Hablemos de deseo y sexocentrismo, mejor. En las lesbianas hay una relación más sexoafectiva que sexocentrista. En las lesbianas yo veo como un apego ansioso de crear hogar y familia. Una necesidad de crear comunidad por llevar tanto tiempo invisibilizadas. De repente te visibilizan y te sientes muy sola. Lo que quieres es buscar apoyos. El gay no deja de ser un hombre con privilegios cuando nace; la mujer no nace con esos privilegios, y es lesbiana, y encima invisibilizada.

¿Y si se acaba el sexo, se acaba el amor?

Rocío. ¿Una relación es menos potente porque no se folla? No. Culturalmente nos han enseñado que el centro de la pareja es el sexo. ¿Y si dejamos de poner en el centro el sexo, y ponemos los cuidados? Yo no creo que exista una necesidad sexual. Me corrijo: se puede controlar.

Paloma. Depende de la edad. Si eres joven, y no tienes sexo…

Rocío. También puedes no tener sexo y tener una relación bonita y basada en el amor.

Lucas. Mmmmh. Van de la mano. Si te deja de atraer sexualmente tu pareja, ¿estás enamorado?

Óscar. Eso es así. No tienes por qué perder el deseo sexual, lo que sí puedes perder es el deseo sexual por tu pareja.

Paloma. Entonces ya no te gusta, ¿y qué haces con tu pareja si no te gusta?

Rocío. Pero eso puede ser un proyecto de relación abierta. Mi proyecto es contigo, estoy enamorada de ti y quiero follar fuera, y hay gente que esto lo lleva muy bien.

Ana María. Mira. Si las dos partes están de acuerdo, pueden hacer con su relación lo que les dé la gana.

 Oscar Díez Perales, proyeccionista.
Oscar Díez Perales, proyeccionista.MASSIMILIANO MINOCRI

En la encuesta que publica hoy EL PAÍS, se concluye que tres de cada cuatro españoles consideran que los hijos son el principal motivo para que una pareja permanezca unida. La segunda razón, el amor. La tercera, el compromiso adquirido. ¿Es normal esto?

Óscar. Yo me separé hace siete años, mi hija entonces tenía dos. Lo hicimos simplemente porque no queríamos vivir juntos. Pero su madre y yo estamos pendientes de ella, de sus cuidados y de darle las herramientas necesarias para entender la situación: que tiene dos padres que la quieren, como todo el mundo. Se hace lo mejor por tus hijos, siempre: eso también quiere decir que no quieres criarlos en un hogar sin amor.

Paloma. Los niños lo intuyen todo, lo saben todo.

Óscar. Mi hija, sin que discutiésemos ni nada, nos pedía: daos un beso, daos un abrazo. Porque lo notaba.

Ana María. Cuando yo estaba embarazada tenía miedo. Miedo de qué pasaría cuando naciese. Porque sabía de parejas que, al nacer el niño, todo el amor se iba hacia él y las parejas se descuidaban. Pero estoy muy enamorada, y siento que mi amor es correspondido, y no nos ha afectado nada. Al revés.

Óscar. Es una prueba. La prueba, diría yo.

Ana María. Ha llegado la niña y ha dormido en la cama con nosotros seis meses. ¿Que eso puede afectar? Bueno, pero es que la que tenía que levantarse cada dos horas a darle el pecho era yo. Y no pasa nada, recuperamos la intimidad a los seis meses.

Ocho de cada 10 españoles se declaran monógamos. Hay quien prefiere una relación abierta, estable con relaciones sexuales esporádicas fuera. O una relación poliamorosa.

Lucas. Yo tengo una relación monógama, mi primera relación seria, llevo ocho meses, pero no me cerraría a una relación abierta. Mi novia tuvo antes una relación abierta, así que a lo mejor existe esa posibilidad. Hay muchas dinámicas. Lo importante es saber que tú eres el que la otra persona ha elegido, su pareja, su novio, los que os cuidáis. ¿Que luego pueda tener algún encuentro? Bueno.

Rocío. Todas mis amigas feministas tienen relaciones abiertas. Y ninguna sale bien. Y estoy tirando piedras contra mi tejado, porque soy feminista radical, pero tienen relaciones abiertas y las descuidan todas, porque no se centran en nada concreto. ¿Dónde están los cuidados? Las relaciones abiertas o poliamorosas funcionan si las personas tienen la autoestima hipertrabajada. Para que no salgan los celos, las inseguridades…

Ana Maria Ibáñez, administrativa, en la antigua rotativa de EL PAÍS.
Ana Maria Ibáñez, administrativa, en la antigua rotativa de EL PAÍS.MASSIMILIANO MINOCRI

Una de las cuestiones interesantes que plantea la encuesta se refiere a la diferencia de edad: ¿saldría con una persona 20 años mayor? ¿Y 20 años menor?

Ana María. Mi padre tenía una diferencia de edad mayor de 20 años con mi madre. Siendo hija eso me obsesionaba mucho. Y cuando empecé a tener relaciones, me fijaba mucho en eso, le daba mucha importancia. ¿En qué? En tener un padre tan mayor, en que la gente lo confundiese todo el rato con mi abuelo. Le daba muchas vueltas. Y si mañana tengo un hijo, no quiero que me pase eso, no quiero tenerlo con alguien tan mayor. Que luego te enamoras y ya ves.

Lucas. Cuando creces, las diferencias se atenúan.

Paloma. ¿Y no os choca más una mujer de 70 con un hombre de 45? Eso sí está estigmatizado. Y sí se le dice a la mujer: ¿adónde va esta ridícula? ¿Por qué?

Rocío. A mí con 22 años me gustaban las personas de 40. Porque pensaba: qué gente más lista.

Paloma. Me pasaba igual. Siempre me ha gustado la gente mayor.

Rocío. Es el poder. El poder es sexy o no. No sé cómo se estigmatiza eso cuando se trata de mujeres mayores o poderosas con alguien más joven.

Óscar. Pero cuando se trata de tu jefe, de tu entrenador…

Rocío. ¡Es que el poder gusta! Alguien que te dice “ponte ahí”, buff [risas].

La encuesta dice que la generación Z —a la que pertenece Lucas— ha encontrado mayoritariamente el amor gracias a internet (él no: a su pareja la conoció en la universidad). Quienes sí conocieron a sus parejas por internet fueron Óscar y Ana María, los dos gracias a la aplicación de Tinder. “Qué antiguo soy”, dice el estudiante, “de la vieja escuela”. “Pues es muy interesante Tinder”, bromea Óscar: “A todo el mundo le gusta la música y el cine, y es amiga de sus amigos. Está lleno de gente muy original y rara”.

Paloma, que empezó la charla contando que ya no volverá a convivir con nadie, dice que su vida social —sus citas, sus planes, sus cenas— se remiten exclusivamente a su entorno. “No tengo esa necesidad de conocer a gente nueva, hay amigos, hay amigas, tengo a mucha gente alrededor y desde hace muchos años. Con ellos quedo”. “Mira”, resuelve Rocío: “Entre lesbianas nos decimos que siempre hay un punto en que nos convertimos en hermanas o compañeras de piso. Yo quiero morir en un lesbiátrico con todas mis amigas y jugando a las cartas”. Óscar no quiere que acabe el debate, que se acerca a las dos horas. “Vosotros, si veis a la pareja de un amigo vuestro poniéndole los cuernos, ¿se lo decís?”, pregunta. Se monta un cirio. Todos convienen de repente: “Los amigos son sagrados. Los cuernos con los amigos son cuernos multiplicados por mil”, dice Lucas. “Pierdes a tu pareja, y pierdes al amigo. Es horrible”, sentencia Ana María.

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